Capitulo 2

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Al acabar el seminario, Hadrian Potter guardó apresuradamente el trozo de papel dentro del diccionario de italiano, junto a la entrada de la palabra asino, asno.

—Siento lo que ha pasado. Soy Ron Weasley —lo saludó su amable compañero, tendiéndole una enorme mano.

El joven se la estrechó y Ron se maravilló de lo pequeña que era la de el comparada con la suya. Podría rompérsela con sólo doblar la muñeca.

—Hola, Ron. Yo soy Harry .Hadrian Potter.

—Encantado de tenerte por aquí, Harry. Siento que Riddle se haya comportado como un gilipollas. Ahora entenderás por qué su apodo es El Profesor, con mayúscula —dijo él, con no poco sarcasmo.

El se ruborizó levemente y volvió a centrarse en sus libros.

—Eres nuevo, ¿no? —continuó Ron, ladeando la cabeza para mirarlo.

—Acabo de llegar de la Universidad de Saint Joseph.

Él asintió como si la conociera.

—¿Has venido a hacer un curso de doctorado?

—Sí. —Señalando hacia las primeras filas, añadió—: Ya sé que no lo parece, pero teóricamente estoy estudiando para especializarme en Dante.

El chico soltó un silbido de admiración.

—Entonces, ¿estás aquí por Riddle?

El asintió y, al fijarse en su cuello, Ron se dio cuenta de que el pulso se le aceleraba. Como no encontraba una explicación para ello, se olvidó del tema, aunque más tarde volvería a acordarse.

—Tiene un carácter difícil, por lo que no tiene demasiados alumnos, pero es mi director de tesis. Y también el de Bellatrix Black, ya la conoces.

—¿Bellatrix?

—La coqueta de la primera fila. Es su otra alumna de doctorado, aunque su auténtico objetivo es convertirse en la futura señora Riddle. Acaba de llegar y ya le hace galletas, se deja caer por su despacho, le envía mensajes telefónicos. Es increíble.

Harry asintió, pero no dijo nada.

—Bellatrix no parece consciente de la estricta política de no

confraternización de la Universidad de Toronto —explicó Ron, que fue recompensado con una sonrisa preciosa.

Se dijo que iba a tener que hacer sonreír a Harry Potter más a menudo. Pero eso tendría que esperar, de momento.

—Será mejor que vayas. Quería verte después de clase y te estará esperando.

Harry guardó sus cosas a toda prisa en la vieja mochila L. L. Bean que la había acompañado desde su primer año en la universidad.

—Ejem, no sé dónde está su despacho.

—Cuando salgas, gira a la izquierda y luego gira otra vez a la izquierda. El suyo es el último, al final del pasillo. Buena suerte y, si no nos vemos antes, hasta la próxima clase.

El le dedicó una sonrisa agradecida y salió del aula.

Al doblar la esquina, vio que El Profesor había dejado la puerta del despacho abierta. Se quedó delante, nerviosa, dudando sobre si llamar primero o asomar la cabeza directamente. Tras unos segundos de duda, se decidió por la primera opción. Armándose de valor, respiró hondo, contuvo el aliento y levantó el puño. Justo entonces, oyó:

El Infierno de TomasWhere stories live. Discover now