Capítulo 24

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Con la huida de Kian y la desaparición de Helana, el caos se desató en la galería. Las ventanas fueron selladas con pedazos de madera, la puerta de entrada fue bloqueada y de igual forma el sótano que llevaba al exterior. Solo un resquicio quedó abierto en espera del regreso de Drake. Los Centinelas hacían guardia por toda la galería y un par de ellos ni siquiera se movían de la entrada. La seguridad para bajar al piso inferior se triplicó, y los pases se redujeron a Amos y Sharick. Ya ni siquiera Cindy tenía permitido bajar para llevar los alimentos. Estaba segura de que las medidas implementadas no tenían nada que ver con los niños castigadores. Aunque no lo admitiera en voz alta, era Damian de quien Amos estaba preocupado, estaba evitando que se escapara o algo por el estilo.

El testimonio de Sharick se esparció por toda la galería. Kian había bajado a la Habitación de Refuerzo en una especie de trance y cuando ella se le había acercado para saber qué le pasaba, él la había impuesto la mano sobre su cabeza, dejándola entonces inconsciente. Despertó tiempo después para darse cuenta que el tesoro de la Sección Norte había sido secuestrado. Por un momento antes de que Sharick hablara sobre lo sucedido había sospechado de Dotch en cuanto a la desaparición de Kian, luego me había sentido mal por haberlo siquiera pensado. No era momento para imputar sospechas sobre las personas, sino para buscar la verdad que estaba oculta dentro de estas cuatro paredes. Pero ahora con el confinamiento extremo en el que nos encontrábamos, estaba segura de que hacer eso resultaría un Infierno. Además, Kian ya no estaba. A lo mejor esa verdad también se había ido con él.

 A lo mejor esa verdad también se había ido con él

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Drake llegó la mañana siguiente de navidad. Apenas Karina me informó sobre su llegada, salí disparada de la sala de entrenamiento en donde había estado calentando un poco con ella, y corrí por los pasillos como una bala hasta el despacho de Amos. Estaba doblando velozmente un recodo cuando impacté contra alguien. Casi caí, pero esa persona me tomó entre sus brazos y me ayudó a recobrar el equilibrio.

—¡Drake!

—Hola, tú.

—¿Lograste convencer al Consejo? —solté de inmediato, tomando una inhalación por la carrera.

Sus labios hicieron una mueca.

—¿Sabes que Helana fue secuestrada por Kian?

Arrugué el entrecejo por su pregunta.

—Sí, pero...

Negó con la cabeza.

—Lo siento, Brooke, pero ahora mismo el destino de Damian es el menor de mis problemas. —Empezó a rodearme, pero yo lo tomé por el brazo.

—Debes estar bromeando —dije, mirándolo con desconcierto.

—No, Brooke. No bromeo.

—Lo único que quiero saber es si convenciste a el Consejo de no imponer la Sentencia Suprema. Nunca dije que no me preocupara por el paradero de Helana.

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