Capítulo 24

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Las haches.

Haiol Holbein✖

Hace unos cuantos años...

Los veranos en el bosque, eran de mis momentos más efímeros en el pueblo, me parecía majestuosa la forma en la que los colores rosas y naranjas se mezclaban en el cielo, logrando cautivar a cualquier miserable humano, yo amaba ser parte de eso, una gran víctima de aquella bella tranquilidad y profundidad que transmitía el infinito cielo.

Pocas veces salía el sol, pocas veces sonreí al verla. Sonaba tonto, una completa ridiculez, pero ella era la puesta más enigmática y roja que me hizo desear no ver nunca más un atardecer en Piotet.

—Oye Haiol, ¿Crees que tengo fetiches extraños?

Oh vamos Heng, somos extraños y eso nos encanta, hermanito.

—Creo que el tamaño de tus bolas define esa sensual rareza natural con la que haces feliz al mundo.

Heng carcajeó, lo odié, me daba un poco de envidia que él pudiera reírse con facilidad. Además, detestaba el sonido irritante de esa loca combinación de risas que el chico hacía, tan extremo, que llegaba al grado de sacar unas cuantas lágrimas.

—Mmm bolas justificando fetiches — sacó su lengua, una risa maliciosa lo acompañó por lo bajo—.¡Es tan testicular!

—Eres un horror Heng — fingí una sonrisa, tomé la fotografía que estaba sobre su cama y la vi con mis manías extrañas de misterio.

Heng estaba tan concentrado arreglando el cuello de su camisa, aunque esa noche no haríamos algo tan especial, a papá le gustaba que sus haches siempre impresionaran al resto. Esa diminuta sociedad que se reunía de vez en cuando para hablar de negocios.

—¿De dónde sacaste esto?— vi atento la imagen, se trataba del retrato de una chica que aparentemente tenía la edad de Heng.

—¿Es una rubia muy linda, no? — volteó a verme, esta vez, sus labios formaron una sonrisa que encendió aún más mi lado juzgador.

No Heng.

No te rías de esa forma.

Tu sonrisa revela algo más que mis oscuras manías.

Y no quiero descubrirlo, no quiero odiarte.

No puedo ser egoísta contigo, porque no soportaría perderte.

Y aunque la verdad sea cruel, sigo pensando en que de todos los colores... tú eres el que más intensidad merece.

—Es muy guapa— le dije, un vago recuerdo acarició mis pensamientos al ver el rostro de esa chica.

Esa sonrisa.

—Uh, una modelo.

Si Heng, y también es la chica que desapareció hace dos días.

—¿Vendrá esta noche a la reunión? — le pregunté curioso, con los nervios carcomiendo mi interior.

Disimulé, al menos.

—Dónde sea que esté, le deseo el mejor de todos los presentes — Heng me respondió muy seguro.

—¿Qué le sucedió Heng? ¿Por qué tienes una fotografía suya?

—No te condenes Haiol, no sientas temor al cuestionarme con tú falsa arrogancia y la carencia de inteligencia que me muestras justo ahora. No somos tontos, tú no lo eres.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora