De corazones elásticos y almas sincronizadas (Parte I)

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—La junta de hoy se extendió mucho más de lo que esperaba por el atraso de uno de los clientes. ¡La espera se me hizo eterna, fue una mierda! —Los pasos apurados de Mauricio iban a juego con las arrugas de angustia en su frente—. Decime que no llegué tarde.

—Nomás tantito, pero te salvaste porque nosotros también estamos un pelín atrasados —Tatiana esbozó una sonrisa cordial—. Fiore me pidió que por favor viniera a buscarte. Ella misma habría venido por ti si no fuera porque su presentación es la primera y debía calentar. Arrancamos en quince minutos.

—¡Uff, menos mal! —El chico liberó un suspiro de alivio—. La profesora seguro me echaría a patadas si llegara a interrumpir la clase.

—Eso no lo niego. La señora Kent no volvería a darte permiso de venir a vernos nunca más, ¡odia la impuntualidad! —La muchacha levantó el brazo izquierdo para señalar el camino—. Ven, es por aquí.

Después de atravesar unos pocos pasillos, el acceso a la sala apareció frente a ellos. En voz baja, la joven Morales le indicó a Mauricio cuál era el lugar en donde le correspondía sentarse. No podía quedarse a hacerle compañía porque ella también debía ir a prepararse para cuando llegara su turno. Tras una escueta despedida, Tatiana se marchó tras bastidores.

El espectáculo de esa noche se titulaba This Is Acting, al igual que uno de los álbumes musicales de Sia, la famosa cantante de pop australiana. Como el nombre mismo lo indicaba, todas las presentaciones se basarían en las letras, las coreografías y los simbolismos de los videoclips de la peculiar artista. Ya fuera en parejas o en grupos pequeños, los estudiantes harían gala de sus destrezas dancísticas y actorales.

Mauricio no tenía idea de cuál sería la canción en la que se inspiraría Fiorella hasta que le dio un vistazo al escenario. La jovencita se encontraba en el interior de una amplia jaula circular abovedada junto a Oliver, un pelirrojo alto y fornido. "Así que van a presentar Elastic Heart. Tenía que ser justamente ese vídeo... ¡Mirá qué bien! Me encanta", pensó él en tono irónico. La mandíbula del varón se tensó al instante y apretó los puños hasta que sus nudillos palidecieron.

"Calmate ya, che, no empecés con las mismas estupideces de siempre". Aunque sabía que todo lo sucedido en escena siempre era ficticio, no lograba evitar la punzada de mortificación que sentía al ver a la jovencita simulando caricias, abrazos o besos con otros hombres. Si bien la coreografía en cuestión no sería romántica, la idea de que otro chico tocara a la morena con tan poca ropa de por medio no le hacía gracia. Respiró profundo y se concentró en mirar la bonita figura de su novia para así olvidarse de los molestos celos que lo inquietaban.

Fiorella se hallaba de pie a unos seis metros de distancia de Oliver. Ella vestía un leotardo blanco sin mangas y él llevaba un mono de ballet en color negro. Se habían acomodado la una en frente del otro para poder verse bien el rostro. El silencioso duelo de miradas entre ellos cargaba la atmósfera de tensión. La desafiante fiereza que brillaba en sus ojos transmitía la sensación de que estaban a punto de atacarse allí mismo, a vista y paciencia de los espectadores.

Las luces de los reflectores aumentaron y el técnico de sonido empezó a reproducir la canción elegida por la pareja. En cuanto escucharon los primeros acordes, los estudiantes empezaron a caminar en torno a la jaula. Los pasos iniciales parecían vacilantes pero, de un pronto a otro, ambos rompieron la aparente lentitud de la secuencia para desplazarse hacia el centro con gran rapidez. Sus movimientos toscos eran similares a los de un par de primates enfurecidos que destilaban locura a través de las pupilas.

Fiorella dejó salir un agudo grito que hizo retroceder al muchacho, quien ahora la contemplaba con temor mientras se sostenía el pecho con la mano diestra. Entonces, la chica elevó una pierna por encima de su cabeza, la sostuvo en alto por unos cuantos segundos y luego la dejó caer al suelo. Empezó a agitar la melena de manera frenética, para luego ejecutar una serie de piruetas similares a patadas de artes marciales con las que parecía atacar al chico. El varón fingió que le disparaba balas imaginarias desde los dedos, ante lo que ella respondió con fuertes carcajadas y movimientos enérgicos de la cabeza.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora