Capítulo 23

939 75 23
                                              

John Collins fue desconectado dos noches antes de nochebuena. Su abuelo luego de despedirse dio el permiso para proceder. Yo diría que era algo apresurado para tomar esa decisión, pero según uno de los cientos de informes de los rayos X que se les había hecho, su corazón solo latía porque las ondas que enviaba la máquina a la que estuvo conectado así lo quiso. Realmente se había ido. Ni siquiera fui capaz de hacer acto de presencia durante ese momento. En su lugar, me encerré en mi habitación y lloré hasta quedarme dormida.

Al día siguiente no hubo rastros de Elena por la galería, tampoco el día que le siguió a ese. Para cuando fue nochebuena estuve segura de que no tenía intenciones de salir de su habitación, por lo menos no para celebrar navidad. Aunque de igual forma dudaba mucho que se festejara algo, ni siquiera se sentía realmente como navidad. El ambiente estaba tenso, no había ni una sola decoración, ni siquiera algún tipo de árbol o algo por el estilo, era como estar en cualquier época del año. Las recientes muertes tampoco ayudaban con el ánimo dentro de la galería. Nadie mostraba más de dos sonrisas al día y el silencio a la hora de comer cada vez se hacía más sólido. Para cuando faltaban solo un par de horas para que fueran la medianoche en la mesa solo nos encontrábamos presentes Karina, Colton, Peter y yo, ni siquiera el personal parecía tener intenciones de celebrar nada y Amos tampoco daba signos de vida. Yo tampoco era que quisiera, pero no podía estar encerrada en mi habitación todo el tiempo, lo único que lograba con eso era torturarme con los recuerdos. Estar afuera al menos me distraía de pensar. Estaba segura de que ellos pensaban igual que yo.

—No soy una cocinera profesional, así que no se quejen si encuentran partes un tanto quemadas —dijo Karina, procediendo a dividir el dulce de frutas que había preparado.

—¿Un tanto? —opinó Colton al ver el pedazo de dulce que le pasaba.

—¡Colton!

—Está bueno —murmuró Peter un poco ajeno a todo. Últimamente le veía hacer todo con monotonía. A veces pensaba que estaba así por la ausencia de su hermano gemelo, pero algo me decía que su comportamiento se debía a otros factores. Cuales fueran estaban fuera de mi conocimiento.

—¿Lo ves? El sí tiene buen gusto.

—Jonás te rostizaba el desayuno, ¿verdad?

Peter no respondió.

—¿Pet? —llamó Colton.

El Centinela parpadeó con desconcierto.

—¿Eh?

—¿Estás bien?

—Sí —dijo antes de volver a enfocar su atención en las migajas que cubrían su plato.

Fruncí el ceño y tomé mi pedazo de dulce. Karina me echó una miradita. Me encogí de hombros.

—¿Alguna noticia de Jonás? —indagué.

Peter me miró.

—¿Tengo cara de que sé algo sobre él?

Abrí la boca.

—No...

—Está desaparecido. ¿Qué noticias puedo obtener de eso?

—No me refería...

—¿Solo olvídalo, sí?

Junté mis labios.

—Disculpa.

—Da igual. Solo intentas levantarle el ánimos a otros, pero ¿te digo una cosa? Eso solo lo hacen las personas con voluntades débiles.

—Peter... —dijo Karina con advertencia.

Caelum ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora