Capítulo 13: Ataraxia.

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Capítulo 13.

Ataraxia

"Imperturbabilidad, serenidad".

Adler.

Desde que esa mañana se despertó, supo que su día no iría bien. En primer lugar, por primera vez en su vida, se le hizo tarde para llegar a la universidad. Tenía un mal presentimiento que se asentaba en su pecho y se preguntó si Lanesse estaría bien; además, no encontró estacionamiento en el área de la facultad de psicología y tuvo que estacionar en el parking de los estudiantes de derecho.

Ese día tenía cuatro clases, cada una de dos horas y se le iban hacer eternas sin tener a Hailey para hablar y molestarla.

La tercera clase del día estaba finalizando cuando el maestro dejó el trabajo del parcial. Tendré que pasar a dejarle la tarea y apuntes a Hailey ya que salga de trabajar, pensó.

Suspiró.

—Tendrán hasta el cinco del siguiente mes para entregarme el trabajo —puso toda su atención en el maestro—, que va a consistir en realizar un árbol genealógico de su familia y un ensayo sobre ellos. Investiguen lo más posible sobre las personalidades que tenían algunos antepasados suyos y si sufrían de alguna trastorno mental.

Adler sé sintió incómodo, él nunca podría hacer ese trabajo.

Se puso de pie cuando todos comenzaron a salir, se acercó a el maestro.

—Profesor Mitchell, ¿puedo hablar un momento con usted?

El maestro lo miró y asintió. —Dígame, Ressler. ¿En qué le puedo ayudarle?

—Quería pedirle de favor si puedo hacer otro trabajo para que me pueda calificar el parcial —no dio más explicaciones y la forma tan seca en que lo dijo dejó sorprendido y malhumorado al maestro.

—Eso no es posible. Se me hace una falta de respeto a tus demás compañeros, Adler. No sé cuál sea tu problema con el trabajo, pero si no lo haces, considérate reprobado.

El maestro comenzó a tomar sus cosas.

—Es que no puedo hacerlo.

Adler comenzó a sentirse ansioso. Odiaba sentirse en  encrucijada porque por más que quisiese hacer el trabajo, no podría hacerlo.

—Esa no es una buena justificación.

—Es que no puedo —pasó sus manos por su cabello sintiéndose desesperado.

—Puedes y lo harás. Y si no lo haces, ese no es mi problema.

—¡Es que no entiende! —Vio al maestro avanzar hacia la puerta.

—Ya te lo dije, Adler.

—¡No tengo ni la más maldita idea quiénes son mis padres!

El maestro se detuvo pero Adler no lo dejó hablar.

—Me dejaron en una casa hogar cuando tenía un mes de haber nacido, envuelto en una jodida cobija como si fuera un perro. Crecí siendo parte del maldito sistema de niños que no logran ser adoptados, yendo a casas de padres de acogida donde te trataban medianamente bien si tenías suerte, o terriblemente mal. No tengo familia y quiere que haga un ensayo sobre algo que prácticamente se me escapa de las manos. ¿Es esa una razón suficiente para usted?

El profesor se quedó pasmado, con su mirada fija en él. Adler no dijo nada más y salió del salón, sintiéndose asfixiado.

No volteó atrás, caminó y caminó perdido en sus pensamientos hasta llegar a su camioneta. Ni siquiera recordó que le faltaba una clase para terminar el periodo. Subió y se colocó el cinturón de seguridad, encendió el auto y salió a la carretera sin saber a dónde ir. Su mochila quedó tirada en el suelo de su camioneta.

Hailey, ¿Podrás salvarme?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora