¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El corazón de Jungkook golpeaba en su pecho mientras sigilosamente acompañaba a Jin a la parte de atrás del restaurante, donde su padre les estaba esperando con su camioneta. Se apuró en meter a Jin en el asiento trasero y lo cubrió con una manta.
—Jungkook, ¿estás seguro de que era el Profesor?. —Preguntó Junghwan mientras caminaba alrededor del vehículo para el lado del copiloto.
—Yo no lo vi. Jin lo hizo. Si él dice que era el Profesor, entonces lo era. Yo le creo. Él no mentiría sobre algo así. Está aterrorizado, papá. —Gruñó Jungkook golpeando el volante con las manos.
—Está bien, te creo. Pero ¿qué vamos a hacer al respecto?. Si lo que dice Jin es cierto y el Profesor tiene las manos dentro del tarro de galletas del gobierno, podría crear un montón de problemas en contra de Jin. Puede intentar forzar sus contactos, Jungkook.
—Ya lo sé. Creo que es hora de llamar a las otras manadas. Jin necesita protección adicional, y vamos a necesitar ayuda adicional. —Jungwhan asintió con la cabeza.
—Vamos a llevar a Jin a casa y puedo llamar desde allí. Creo que puedes necesitarme allí hasta que pueda conseguir algunos guardaespaldas. Nuestra preocupación principal ahora es proteger a Jin del Profesor.
—Estoy de acuerdo. —Dijo Jungkook. —Papá, no voy a dejar ir a Jin, aunque el consejo me lo diga. Necesitas saber eso. Me doy cuenta de que esta situación es una amenaza para toda la manada, pero Jin es mi compañero y voy a protegerlo con mi vida. Si el consejo toma esa decisión, me quedo con Jin y nos iremos.
—Esperemos no tener que llegar a eso, hijo.
Jungkook asintió con la cabeza. Sabía que la manada protegería a Jin como su compañero. Pero si la situación se volvía demasiado peligrosa, podrían decidir que Jin no valía la pena y tratar de romper su vínculo. No podía permitir que eso pasara. Jin le pertenecía a él y no iba a renunciar a él, ni siquiera por su manada.
Sus ojos observaron cuidadosamente todo lo que le rodeaba, llegó a casa. Su corazón no dejó de golpear hasta que Jin estaba en casa y todas las puertas y ventanas cerradas.
Llevó a su compañero a la cocina para tomar un poco de té caliente cuando su padre se fue a la oficina para hacer las llamadas telefónicas.
—Aquí cariño, bebe esto. —Dijo entregándole una gran taza de té con azúcar a Jin.
—Lo siento. —Susurró Jin. —Creo que arruiné nuestra gran noche.
—No, cariño, no arruinaste nada. —Dijo Jungkook arrodillándose a los pies de Jin. Aún estando de rodillas, todavía estaba a la misma altura cara a cara con Jin. Llevó las manos al rostro pálido de su compañero. —Has hecho que todo en mi vida fuera perfecto.
—¿Qué vamos a hacer, Kook?. Él no va a parar hasta tenerme.
—Se nos ocurrirá algo Jin. No voy a dejarte. Me perteneces ¿Recuerdas?.