Entre chocolates y revelaciones (Parte IV)

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A pesar de las tranquilizadoras palabras de Mauricio, Fiorella no pudo evitar que se le formara un gran nudo en el estómago. Al momento de abrir la puerta del apartamento del muchacho, su boca se convirtió en un árido desierto. No sabía cuál sería la actitud de Rocío hacia ella después de conocer su vínculo con Matías. ¿En realidad seguía creyendo que era una buena persona? ¿Le atribuiría malas intenciones? Si de pronto la dama se mostraba esquiva o cortante, la chica no podría culparla. Ser amiga de quienes más habían lastimado a la señora Peñaranda y a sus hijos probablemente la convertía en una especie de villana.

Los recién llegados no tardaron en darse cuenta de que Rocío se encontraba fuera de la vivienda, reclinada sobre la barandilla del balcón. A pesar del ruido que hicieron al entrar, ella no se movió ni un centímetro del sitio elegido para reposar. El fresco viento de la noche jugueteaba con su larga cabellera castaña mientras mantenía la vista enfocada en las luminosas calles citadinas. La posición relajada de su cuerpo transmitía la sensación de profunda calma, pero las apariencias solían ser engañosas. Tal vez aquella postura no fuese más que una simple fachada para ocultar la tempestad de sus pensamientos tortuosos.

—¿Le digo algo o mejor espero hasta que ella me pregunte? ¡No sé qué hacer! Ayudame con esto, Mau —rogó Fiorella en voz baja.

Las arrugas se habían apoderado de su frente y la inquietud destellaba en sus ojos aun vidriosos tras haber derramado lágrimas. El varón les dio un cariñoso apretón a las delicadas manos de la jovencita para infundirle ánimo.

—Solo sé vos misma, eso será más que suficiente —afirmó él, esbozando una pequeña sonrisa.

La morena se mordió el labio inferior y lo miró a los ojos durante varios segundos con incredulidad. "¿Que sea yo misma? ¡Pero si soy un puto desastre! ¡Cuando nacieron los salames, tacleé a la mitad de ellos para convertirme en su reina! ¿¡Cómo podés pedirme semejante cosa!?" Aunque estaba deseosa de transformar aquellos pensamientos en palabras, ni siquiera se atrevió a mover los labios. Más bien, intentó hallar la dosis de confianza que le faltaba en las pupilas del chico, quien la observaba atentamente.

—Deseame suerte, por favor —susurró ella con el corazón acelerado.

—Suerte, mi amor, aunque no la necesitás —El anfitrión le dedicó un guiño discreto acompañado de una caricia sutil en la mejilla derecha—. Todo se va a arreglar, ya vas a ver.

Acto seguido, el muchacho se dirigió hacia el dormitorio y cerró la puerta tras de sí. El sonido metálico de la cerradura provocó que la expresión serena de su rostro cambiara de inmediato a una de incertidumbre. "¿Mamá en serio estará bien? Tal vez fingió que lo estaba solo para que yo no me preocupara". Las palabras que había pronunciado para tranquilizar a Fiorella unos instantes atrás ahora iban dirigidas también hacia sí mismo. Necesitaba convencerse de que las cosas se arreglarían pronto para no enloquecer. Tras colocarse unos auriculares, se recostó sobre la cama, cerró los ojos e intentó concentrarse en la música.

♪ ♫ ♩ ♬

Después de tomar una lenta bocanada de aire para mitigar un poco el nerviosismo, la joven Portela se encaminó hacia el balcón. Cuidó cada uno de sus pasos como si su vida dependiese de lo silenciosa que pudiera ser en ese instante. Al cruzar el umbral de la puerta corredera, el aire frío dio de lleno contra la piel descubierta de su rostro y le erizó los vellos de la nuca.

—¿Podrías cerrar la puerta, por favor? —solicitó la señora en tono amable.

—Claro —contestó la aludida, temblorosa.

La escasez de saliva provocada por la ansiedad le dificultaba la tarea de tragar, pero se las arregló para lograrlo sin asfixiarse en el intento. De seguro le esperaba una larga ronda de preguntas por responder y no quería sufrir un ataque de tos por la sequedad de la garganta. Cuando la baranda estuvo a su alcance, puso los codos sobre el metal y aguardó en silencio por algún tipo de señal de su interlocutora.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora