Entre chocolates y revelaciones (Parte III)

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La curvatura ascendente en la boca de Rocío no dejaba de ensancharse a cada paso que daba. El sendero de coloridos pétalos que halló desperdigados por el suelo del apartamento del muchacho la dejó boquiabierta. "¡Oh, por Dios! ¡Mi hijo de verdad está completamente enamorado!" La mujer estuvo a punto de pellizcarse para comprobar que las bellas imágenes frente a sus ojos no eran imaginarias. El chico insolente que destilaba ira hasta cuando parpadeaba poco a poco había sido reemplazado por un hombre amable y cariñoso. El drástico cambio en la personalidad del joven Escalante aún no dejaba de maravillarla.

Sin previo aviso, la señora Peñaranda se quitó los zapatos y comenzó a caminar despacio sobre el camino floral. El anfitrión y la artista la observaban con mucha curiosidad, pero ninguno de ellos se atrevió a interrumpir aquel inusual momento de relajación. Mientras los pies de la dama percibían la suavidad de los pétalos, una reminiscencia agridulce se apoderó de sus pensamientos.

"¿Te gusta, ma? Yo creo que se parece a vos. ¡Mirala, es muy bonita!" Ese día, como lo había hecho en tantas otras ocasiones, la sonrisa infantil de Mauricio intentaba disipar la pesada sombra de pena que cubría el semblante de su mamá. El niño sostenía una enorme rosa roja recién cortada del jardín de la mansión entre sus manitas llenas de micro cortes. La mujer, quien yacía recostada sobre la amplia cama, ni siquiera era capaz de responderle. Miraba la exuberante flor sin mediar palabra, sumida en un extraño trance que parecía interminable.

Las constantes riñas con Matías le destrozaban los nervios e iban extinguiendo poco a poco sus deseos de seguir viviendo. De no haber sido por los esfuerzos de su hijito, quien siempre se colaba en el dormitorio aunque ella le echase llave a la puerta, tal vez la depresión se la habría llevado a la tumba. "Hace un tiempo dijiste que volaríamos a Holanda para ver los tulipanes. Te gustan más que las rosas, ¿verdad? Podríamos sembrar algunos acá cuando te pongás bien".

Las caricias del niño sobre las mejillas de la dama finalmente la trajeron de vuelta a la realidad. La infinita ternura contenida en los dedos del pequeño era lo único que la hacía reaccionar cuando atravesaba aquellas fuertes crisis de evasión. Pese a que tenía la garganta lastimada después de haber llorado durante horas, logró reunir fuerzas para hablarle al chiquillo. "Esta rosa es mucho mejor que mil tulipanes porque me la diste vos, mi niño. ¡Te amo!"

Aunque estuviese teñido de sufrimiento, aquel recuerdo que de repente había llegado a ella le confirmaba una importante verdad. A pesar del entorno dañino que lo rodeaba cuando vivían en Argentina, Mauricio albergaba abundante bondad en su corazón. El cambio en él no había sido el de una mala persona que de pronto se volvía buena sin razón aparente, sino el de alguien bueno que había perdido el rumbo a causa del dolor y por fin estaba hallándolo de nuevo.

Rocío se puso en cuclillas para recoger algunos pétalos del piso. Sosteniéndolos con cuidado sobre las palmas extendidas, los acercó a su nariz y tomó una profunda bocanada de aire. La frescura natural de las flores le inundó las fosas nasales como no podría hacerlo ningún perfume artificial. Aquel agradable olor de la naturaleza la ayudó a aferrarse a la luz entre las turbias memorias que su mente acababa de revivir sin permiso. Pese a que jamás podría borrar del todo las tristezas del pasado, había aprendido a manejarlas con éxito. Se puso de pie otra vez con una gran sonrisa colgando de sus labios.

—Si me hubieras avisado que venías a visitarme hoy, te habría conseguido el mejor ramo de tulipanes de toda New York —El varón abrazó a la señora por la cintura desde atrás—. ¿Tenés algún antojo en particular? Si querés, salimos a comer o también podríamos pedir que nos traigan lo que vos escojás.

—¿Y perderme la comida tan rica que prepara mi hijo? ¡Ni loca! —La sonriente mujer se volteó para mirar al chico a los ojos—. Se me acaba de ocurrir algo mejor... ¿Qué te parece si preparamos algo juntos?

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora