39.- Abuelo Galletas

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Valentina Narra

Caminé hacia la sala a hacer tiempo, esos dos necesitaban amistarse y yo ya me sentía toda una doctora corazón. Sentía que Emma era la indicada, la chica perfecta para mí hermano y estaba segura de que ambos por más tercos y orgullosos que fueran se querían.

Me tiré sobre el sofá personal ya que el grande estaba ocupado por Derek y en estos momentos no tenía ganas de charlar con él, aparte este lucía muy entretenido viendo como el señor gato hablaba con los demás extraterrestres. ¿Que tenían los hombres de esta casa con ver dibujos animados?

—Y yo no entiendo porque hablas sola, ¿Podrías quejarte más bajo? — ¿Lo dije en voz alta?

—Es la verdad, ustedes son demasiado infantiles.

—Yo creo que tú serás una vieja renegona, al menos nos complementaremos ¿no? Yo seré el abuelo que hornea galletas y tú la de los sermones.

— ¿Qué? ¡No!, yo siempre quise ser la abuela de las galletas —hice un puchero y me crucé de brazos. —A parte es la abuela de las galletas, el abuelo de las galletas no existe —me crucé de brazos e hice mi pose de “yo tengo la razón”.

— ¡Eso es discriminación a los abuelos!

— ¡Ni sabes hacer galletas!

— ¿Y quién dijo que no?, te informo que este chico no solo es sexy, también es un experto en la cocina—me guiño un ojo

—Como digas, yo seré la abuela de las galletas y tú el abuelo que se la pasa durmiendo.

— ¿Me estas pidiendo matrimonio?

— ¿Sabes qué? —Levantó una ceja indicando que continúe —Quédate viendo tus dibujos.

—Ya vi ese capítulo… —hizo un puchero. —Volvamos a la parte en la que me pedías matrimonio.

—Eres insoportable.

—Lo sé, yo también creo que es muy pronto, vaya que me lo tomé por sorpresa, aún espero mi anillo, nada es oficial sin el anillo. —Dios, ilumínalo.

— ¿Cuándo eras niño tus padres no te dejaron caer por el balcón? Tu problema en serio es grave.

—Creo que te queda mejor el nombre de abuela cómica, no me sorprendería que te tires gases con tal de hacer reír a nuestros nietos.

—Y a ti te queda el de viejo solterón.

—Mis arrugas serán demasiado sexys, ninguna abuelita se resistirá a ellas, por lo que deberías aprovecharme ahora. —Se puso de pie y susurró —Ahorita vengo, no me extrañes. —lo último que vi fue su silueta entrar a la cocina.

Esperé unos minutos y el futuro “abuelito sexy” se tardaba demasiado. Genial, me habían dejado plantada en mi sala. Decidí esperar unos minutos más hasta que vi a Emma salir por el pasillo, sus labios estaban realmente hinchados.

—No me lo agradezcas, solo espero que no hayan hecho cosas sucias en mi habitación.

—Algún día las cobraré —dijo despidiéndose con la mano —de todas maneras, gracias. —nos dedicamos una sonrisa en forma de despedida.

Era hora de molestar a mi querido hermanito. Corrí hacía mi habitación para encontrarme a un chico tirado en mi cama con una sonrisa estúpida, ese sin duda no era mi hermano.

—Tenemos un 3312, ¡Daniel esta poseído! —me lancé encima de él.

—Estás loca.

— ¡Estás enamorado! —grite señalando su sonrisa de idiota con sus también hinchados labios. —Dime que no seré tía tan pronto.

Nueva casa, nuevas reglas¡Lee esta historia GRATIS!