Entre chocolates y revelaciones (Parte II)

171 26 107
                                          

Fiorella estaba fascinada por lo sencillo que resultaba conversar con doña Rocío. Después de haber vencido el temor inicial, la muchacha se sentía cada vez más a gusto en compañía de la señora. Por momentos le daba la impresión de que estaba junto a una entrañable amiga en vez de alguien a quien recién conocía. Pasaba de analizar temas serios como la política y la economía a hablar acerca de la preparación de sus postres favoritos con soltura, sin poses o pretensiones. La vivacidad en el semblante de la dama se reflejaba también en el tono de su voz. Cada gesto suyo destilaba una invitadora calidez que la hacía adorable.

Al verla tan radiante, la dolorosa realidad que se ocultaba detrás de aquella mujer casi parecía una broma de mal gusto. Una punzada de tristeza se anidó en el pecho de la jovencita cuando recordó lo mucho que la señora había sufrido por largo tiempo. Sin embargo, la abundante alegría que brotaba desde el alma de Rocío pronto deshizo la pena que Fiorella sintió por ella. Al igual que lo había hecho su hijo mayor, la madre había logrado renacer después de romper el círculo de una relación tóxica. Con cada minuto que pasaban juntas, la chica admiraba más y más a la dama por su impresionante resiliencia.

—¡Que les vaya genial! ¡Pásenla bien! —declaró Tatiana, poco antes de bajarse del metro para hacer un cambio de ruta.

—¡Nos vemos, Tati! —dijo la morena, al tiempo que la besaba en la mejilla.

—¡Fue un gusto conocerte! —afirmó Rocío, agitando la mano para despedirse.

Tras darle el adiós a la joven Morales, Fiorella le envió un mensaje a Mauricio para saber si se hallaba en casa. En caso de que no fuera así, la chica ya había pensado en ofrecer su propio apartamento para que Rocío y ella lo esperasen juntas allí. Mientras aguardaba por una respuesta, la hiperactiva mente de la muchacha ya estaba creando escenarios dramáticos sin que pudiera impedirlo.

"¿Y si mi suegra odia los gatos? O tal vez sea alérgica a los animales... ¡Cruzo los dedos para que no! ¿Qué hago si Salem se pone pesado y le daña el vestido? ¡Qué horror!" A fin de no dejarse dominar por la ansiedad, la chica tomó una barra de chocolate negro y empezó a devorarla. Sus mejillas repletas de comida se asemejaban a las de un inquieto hámster que masticaba sin disimulo alguno. Ante tal imagen, la señora no pudo hacer otra cosa más que sonreír.

Un par de minutos más tarde, el timbre del mensaje entrante que Fiorella tanto deseaba oír por fin se activó. La muchacha deslizó el dedo sobre la pantalla con premura. Después de bajar un poco el volumen del aparato, colocó el móvil muy cerca de su oído izquierdo para así escuchar la nota de voz del varón. Entretanto, Rocío decidió concentrarse en mirar a otros pasajeros cercanos para darle algo de privacidad a la chica.

—La clase de hoy la tuvimos en el aula virtual, así que estoy acá desde hace un buen rato. Podés venir a visitarme cuando querás. ¡Siempre estoy ansioso por verte, mi amor! Además, hay una sorpresa muy especial para vos. Por favor, mandame otro mensaje cuando ya estés frente a mi puerta. Estaré esperándote —declaró el joven Escalante, emocionado.

Fiorella esbozó una amplia sonrisa tras enterarse de aquel agradable detalle. "Yo también tengo una gran sorpresa para vos", pensaba ella, jubilosa. ¿Cómo reaccionaría Mauricio en cuanto abriera la puerta y la viera llegar junto a Rocío? ¿Se alegraría o se pondría nervioso? Quizás experimentaría una mezcla de ambas emociones, tal como le había sucedido a ella cuando se encontró con la dama. En cualquier caso, la joven Portela estaba segura de que las restantes horas de ese día iban a ser memorables para los tres.

♪ ♫ ♩ ♬

Cuando las puertas del elevador se abrieron en el piso once, las dos mujeres de inmediato se encaminaron hacia el apartamento cincuenta y dos. Tal como Mauricio se lo había solicitado, la chica le envió un mensaje para avisarle que ya había llegado. Mientras aguardaba de pie frente a la entrada, un rectángulo de cartón blanco apareció de repente por debajo de la plancha de madera. Llena de curiosidad, Fiorella se agachó para recoger la pieza de papel. Al voltearla, se encontró con unas extrañas instrucciones escritas a mano.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora