Capítulo 22

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Adiós Ninja.

Piotet, Alemania.
Dos semanas después.

Dagna Zweig

— Eres demasiado linda Kerstin — la miraba con admiración sentada desde mi cama.

— Si Deig, pero mira estos golpes — levantó su vestido, mostrándome los moretones que tenía en su pierna — Espero sanar algún día.

Me preocupé por ella, seguro que ese tipo con el que ella salía... de nuevo la había golpeado.

— Tienes que dejarlo, es una porquería de persona.

— Nunca me abandonará— una sonrisa sádica se formó en su rostro —, Nuestras almas fueron unidas por los ancestros. Green es para mí y yo nací para él.

— ¡Rojo!

— ¡¿Qué?! — miré a Elodie aterrorizada.

— Estoy contándote las opciones que tengo para la fiesta, ¿Qué tienes Dagna? Pareces una moribunda.

—Lo lamento.

Dos semanas atrás estábamos en Eberhad, habían sucedido cosas extrañas como era de esperarse al estar en compañía de esos chicos raros. Para mí, toda esa historia de las reliquias y los ancestros fue algo viejo e histórico que me tomaba tiempo para procesar y entender. Y más aún, cuando me metieron en toda esa locura.

No tenía con quién compartir mi temor y menos mis dudas, Gala me odiaba por desaparecer sin avisar, fui tan egoísta que no quise contarle sobre aquella posibilidad de que mi padre estuviera en Piotet, iba a cuestionarme tanto que me obligaría a no ocultarle nada, entonces los secretos saldrían a la luz.

La verdad sería revelada y tal vez moriríamos todos.

Resultó que Eberhad estaba desolado, por algún motivo siniestro, permitieron que el acceso a Kraft fuera sencillo, lo tenían todo planeado y nosotros sólo fuimos esas almas disfrutando el cruel engaño. La parte más extraña y buena a su vez, fue que cuando volvimos a Piotet, Elodie estaba en casa sana y salva, no recordaba nada sobre hombres malos capturándola o llevándola a algún lugar extraño. Lo que ignoré, porque de por sí las cosas ya eran bastante raras como para estresarse alucinando demás.

Y en cuanto a Haiol, Darel, Glon, Aileen, Bress...Yo no sabía nada de ellos, y eso me ponía feliz, era tan dichosa de no ver sus caras. Dónde sea que estuvieran, ellos sabrían como manejar con sus líos.

— ¿Gala sigue insistiendo con lo de ir al psicólogo? ¿Dagna?

Si, yo parecía una loca, perdida, moribunda, drogadicta, depresiva, mi aspecto en general deletaba mis ganas de vivir.

Y no eran muchas a juzgar por la vista.

— ¿Estás?

— Perdón Elo — hice un esfuerzo por sonreírle —, no sé como manejar mi vida últimamente.

— ¿Es por Admes? ¿Hay algo que no sepa Dagna? En verdad que me duele ver como se ignoran en las clases, en los pasillos, en todo. Cada vez entiendo menos, ¿Qué tiene de malo que sientan atracción? Pueden intentarlo.

Si supieras la historia del reemplazo y las reliquias, pensé.

— Admes me atraía, las cosas están demasiado distintas entre nosotros y es verdad que todo eso aún me duele.

Jugué con algunas papas fritas mientras Elodie me miraba tan confundida, preocupada. Quise sonreír como la mayoría lo hacía en la cafetería del instituto, en cada mesa existía de todo, desde buenos amigos charlando, hasta chismes, y demostraciones tóxicas sobre temas amorosos.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora