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«Si hoy me volviera un monstruo y decidiese matarlas, una por una, ellas sólo se darían cuenta cuando casi todo el rebaño hubiese sido exterminado —pensó el muchacho—. Porque confían en mí y se olvidaron de confiar en su propio instinto. Sólo porque las llevo hasta el agua y la comida.»

El muchacho comenzó a extrañarse de sus propios pensamientos. Quizá la iglesia, con aquel sicómoro creciendo dentro, estuviese embrujada. Había hecho que soñase el mismo sueño por segunda vez, y le estaba provocando una sensación de rabia contra sus compañeras, siempre tan fieles.






Y de pronto un suspiro salió de sus labios con evidente frustración. ¿Cuánto tiempo yacía de pie frente a aquel estante? No podía negarlo, pero se sentía completamente ridículo.

Era un lindo lugar de todas maneras. Las personas a su alrededor eran contables con los dedos de las manos y silenciosas, agradablemente silenciosas. Jungkook se encontraba totalmente sumergido en aquel ambiente que lo llenaba de una paz y confort inigualable, hundiéndose entre montañas y montañas de libros que habían sido ordenados tan rigurosamente por nombre y autor por aquel atractivo joven de ojos sombríos al que no dejaba de dedicarle miradas tímidas cada que tenía oportunidad.

El gratificante aroma a libro nuevo lo inundaba y bajo su punto de vista, había un ruido ensordecedor de cientos y cientos de libros gritando desesperados para ser tomados por sus tan ansiosas manos. "¡Léeme, tómame!", juraba escuchar que le decían. Pero no importaba el paraíso en el que había ingresado por segunda vez aquella semana, no cuando en su mente no había nada más que la idea de llamar la atención de aquel muchacho que parecía yacer indiferente ante cualquier otra existencia que no fuera la de esas páginas que devoraba.

Aquello se estaba volviendo un total martirio, ni siquiera era capaz de otorgarle la debida concentración a las páginas que sostenía con la delicadeza que merecían. Y qué va, aquel libro ya lo había leído antes, pero... ¿no era esa la forma adecuada de disimular? Era tan sólo otro joven común y corriente, asistiendo a la librería que lo había cautivado para ojear un par de ejemplares por los rincones. ¿Acaso estaba actuando bien? ¿O será que las personas a su alrededor o el dueño de sus actuales pensamientos podían leer en sus ojos las segundas intenciones que tenía?

De pronto la campanilla de la puerta distrajo su atención, alguien se había marchado de la librería y sin comprar nada, al parecer. Quizá debía elegir algún libro para fingir correctamente y mientras más lo consideraba, más parecía acercarse a un plan brillante.

Paso número uno: Solicitar la ayuda de aquel atractivo empleado que vivía en las nubes, o mejor dicho, que vivía sumido en su mar de letras.

Paso número dos: Comprar un libro.

Paso número tres: Entablar una charla casual.

¿Cuántas veces debía llevar a cabo el mismo patrón con tal de conseguir su teléfono o alguna cita? Sin embargo, había un pequeño y molesto detalle con su plan magnífico, y es que Jungkook no era más que un simple estudiante de primer año de danza. El dinero no era algo que le sobrara y a decir verdad, ni siquiera estaba seguro de tener dinero suficiente en sus bolsillos para pasar por algo de cenar y tomar el autobús a casa.

Excusas, excusas... ¿cuál otra podía adoptar? "Usa la cabeza, vamos", murmuraba a un volumen sólo perceptible para él mismo mientras volvía a dejar el libro en su lugar y simplemente se quedó allí, totalmente estático a la par en que examinaba con bastante devoción de aquel título con letras anaranjadas en el que se leía "El Alquimista" en grande.

La misma sensación de fracaso que había tenido el día anterior, regresaba a él.










Quinto día consecutivo, la librería se encontraba cerrada. ¿Es que acaso el horario era diferente el día sábado? Ese detalle no lo había considerado dentro de su planificación, pero allí se encontraba, bastante relajado —o eso quería aparentar— y sentado en una de las bancas del parque frente a la tienda. ¿Cuántas veces había mirado de reojo hacia la puerta? Debía admitir que había perdido la cuenta, pero cual acosador o un fiel admirador, sólo permanecía allí, esperando a ese empleado al que había estado observando como si fuera la criatura más bella en La Tierra.

between letters › jikook.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora