La señora de Luque.

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Los ojitos de Mangel se llenaron de brillo al ver a aquella hermosa mujer caminar por el pueblo. Ella no era de aquí, no la había visto en su vida, nunca olvidaría esos rizos rubios bailar con el viento, o sus bellos ojos azules, coquetearle de lejos.
Suspiró.

—Ni te hagas ilusiones, Mangel; ella es mi esposa.-Amenazó Samuel, señalando al pequeño cuatro ojos.
—Bueno, futura esposa.

—Ya, ya, hombre... Que pesado eres.

El ojipurpura siguió con su camino, y Mangel volvió a ver a aquella mujer, caminar detrás de los patitos y de los gatos.
Sin embargo, su vista cambió a otra dirección al ver a Lolito llegar de lejos, con su hacha de hierro y una mochila cargando, se levantó de su lugar y corrió hasta él para envolverlo en un abrazo.

—¡Mi niña!-Murmuró, Lolito soltó su hacha y se dejó llevar por las caricias y besitos de bienvenida, lo habitual.
—Que bueno que llegas, me aburría sin ti...

—Lo sé, lo sé mi niña, pero he tenido problemas con... Con Auron, y he tenido que hacer algunas cosas.

"Algunas cosas"
Los ojos grises de Mangel volaron, pensando millones de cosas y posibilidades... Podía ser dinamita, pólvora, lava, o solo escondió a Frederick... Ojalá no haya sido nada grave.
Aquella mujer, la señora De Luque, miraba con una sonrisa pequeña al par, eso hacia que Mangel se emocionara un poco.

—Ah, mi niña... Debes estar cansado, ve a descansar. Yo haré la comida, ¿si?

Lolito asintió.
—Eres el mejor.

Y así entró al hogar.

Risas en el pueblo. Todos vieron aquella amistad, la comprometida riendo con Mangel en un bar en la noche, una salida de amigos.

—A Lolito no le va a agradar esto... Oh, mira; ahí viene.

Un golpe seco, una mano sobre la mesa de ambos, cerveza derramada.
No quería mirar, sabia que ahí iba a estar esa expresión...
Sus ojos verdes abiertos a más no poder, una sonrisa perfecta y además, ese cabello suelto...

—mi-mi... Mi niña...

—Ya es muy noche. ¿No, mi niña?
Ahora... Vas a venir conmigo, si no quieres que haga una escena.

La chica se levantó aterrorizada.
—Estás loco.

Y lolito explotó.
Mangel sostuvo su brazo fuerte, junto con otros tres tipos. Sus gritos fuertes y terriblemente escandalosos.
Sueltenme, voy a matar a esa zorra.

—¡Lolito, no seas pesao'!-Suplicó Mangel, los jaloneos y el tratar de retener a Lolito fueron cancelados, se veía tranquilo.
Soltó un bufido y salió de ahí, los tres hombres se sentaron cansados, con la respiración agitada y preocupados.

—Dios, tío... Lolito si que está too'loco. ¿por qué sigues con él?

Mangel se quedó en blanco.
Lo amaba, claro que si. Pero, ¿estaba ahí por amor?
—Lo amo mucho, además; no es ningún loco, él se está medicando y toma ayuda psicológica. ¡Pasó muchas cosas malas!, y él nunca me ha hecho daño.

Hubo un silencio terrible.
Hasta que uno de los hombres habló; —Vale, vale, mangel. Es mejor que vuelvas a casa, tenemos que cerrar ya...

El ojigris asintió y se levantó de la silla, tomó su abrigo y salió del bar.
Miró las pequeñas calles de tierra del pueblo, y su hogar.
Estaba vacío. Podía ser peligroso, era mejor volver lo más rápido, así que comenzó a correr.
Las luces se au hogar estaban apagadas, apenas una pequeña antorcha iluminaba una parte de adentro, con la espada en mano y apresurado, limpió su cara y la mostró al escáner facial—Todos tenían uno, así que ellos también, era por seguridad.—

i love you. -Mangelito- -Karmaland4-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora