Siempre unidas

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La fría brisa otoñal dio de lleno contra las mejillas descubiertas de Fiorella y la hizo temblar al instante. Aunque traía puesto un abrigo térmico, una bufanda larga, un grueso par de guantes, un gorrito de lana y unas botas de cuero, no terminaba de acostumbrarse a las bajas temperaturas de New York. Cualquier parte de su piel que estuviese expuesta al aire helado, sin importar cuán pequeña pudiera parecer, era suficiente para producirle escalofríos en el cuerpo entero. De no haber sido porque saldría a comer nachos de carne asada en compañía de Tatiana, habría permanecido aovillada en cualquier edificio con calefacción.

Había quedado de verse con su amiga en la Taquería Diana, la cual estaba ubicada en Downtown Manhattan, a solo un kilómetro del famoso SoHo. Si bien se trataba de un local pequeño de pocos asientos y sin lujos en la decoración, todo estaba limpio y se respiraba un ambiente agradable. Ambas disfrutaban del rico sabor y del gran tamaño de las porciones que ofrecían allí, todas a precios asequibles. Les parecía un buen sitio para conversar tranquilas y comer bien sin verse obligadas a gastar mucho dinero.

Cuando llegó al local, Tatiana se encontraba sentada adentro, esperándola. Agitó la mano derecha para llamar la atención de la morena, aunque sabía que no era necesario en un lugar como ese. Se saludaron con un efusivo abrazo para luego ordenar los platillos que deseaban. No llevaban ni dos minutos de estar sentadas una frente a otra cuando la chica mexicana ametralló a su interlocutora con preguntas acerca del joven Escalante. Tras ponerla al corriente de las novedades sin mencionarle nada de lo sucedido con Maia, Fiorella le aseguró a su compañera que los asuntos ya marchaban mucho mejor para ambos.

—¡Ay Fiore, no sé cómo reaccionar! O sea, sí estoy bien contenta de que hayas podido arreglarte con el güerito, se nota que lo quieres un chingo —Le dedicó una sonrisa sincera, pero en su mirada se percibía ansiedad—. La cosa es que sigo sintiéndome nerviosa. No he podido sacarme de la cabeza lo que te hizo el otro día en la entrada de tu edificio, a vista y paciencia del guardia.

—Ya te dije que James no intervino porque nos conoce. Además, esa fue la única vez que Mauricio se alteró de esa forma. Matías les hizo mucho daño a él, a sus hermanos y a Rocío, la madre —Un suspiro apesadumbrado cruzó sus labios—. Matías mismo me confirmó que las cosas que su hijo me había contado antes eran ciertas. Teniendo todo eso en cuenta, no puedo culpar a Mau por haberse alterado tanto. No sé si yo hubiera podido mantener la calma de haber estado en su lugar. A veces es imposible controlar nuestras emociones.

—Bueno, supongamos que sí, que todo fue por el trauma con su papá y así. Pero ¿qué pasaría si eso que hizo se repitiera en otro contexto? Ya sé que parezco disco rayado, pero es que no puedes tomarte conductas así a la ligera. ¿Qué va a pasar si de pronto empieza a agredirte solo porque sí? Desde que supe lo de esa pelea, no he dejado de preocuparme por ti. Tú mejor que nadie sabes que algunos hombres no dan la pinta de ser agresores al principio, pero poco a poco se va viendo lo mierda que son...

El dolor reflejado en el rostro de Fiorella a raíz de las implicaciones de aquel comentario provocó que la voz de Tatiana se apagara de repente. Puso la comida de vuelta en el plato y tomó las manos de su amiga entre las suyas. Con un amistoso apretón, le pidió disculpas por la imprudencia de recordarle a Elías. Sus ojos pronto se tiñeron de rabia mezclada con tristeza, un comportamiento sumamente raro en alguien tan jovial como lo era ella. La chica respiró profundo un par de veces antes de retomar la palabra.

—¿Te acuerdas de mi prima Maricarmen, la que me envió varios vídeos de su fiesta de cumpleaños hace unos días?

—Sí, claro que me acuerdo. ¡Me encantó su vestido! Se nota que es una piba re simpática con solo oírla hablar.

—Hace poco más de un mes, ella tenía un novio. Luis parecía muy buena onda, pero prontito se le salió el cabrón celoso y posesivo que es. Le gritaba horrible a mi prima por pendejadas como no responderle rápido los mensajes —Apretó la mandíbula y los párpados a la vez—. Una vez Mari llegó tarde a una cita por culpa del tráfico pesado de la hora pico. ¿Sabes cómo la recibió él? Ni siquiera la dejó explicarle nada, solo le dio un chingadazo en la cara, acusándola de que había estado viéndose con otro vato y que por eso se lo merecía.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora