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No sé de donde soy. No lo recuerdo. Viví en todas las partes del país en un momento o en otro.
—¿En serio? ¿Sin raíces?. Eso es horrible. ¿No tienes un lugar al qué llamar hogar? ¿Qué pasa con tus padres? ¿Cuántos años tienes Jin?
Jungkook sonrió cuando Jin tomó la parte posterior del bloc de notas y empezó a escribir. Cuando terminó volvió a entregárselo de nuevo a Sunhee.
No fue tan horrible, de verdad. Sólo… así era mi vida. Mis padres murieron cuando yo era muy joven. Mi tutor me crió hasta hace poco. Cuando cumplí los 21, me decidí a salir por mi cuenta. Eso fue hace dos años. Estoy por mi cuenta desde entonces.
—¿Tu tutor? ¿Deberíamos ponernos en contacto con él?¿Hacerle saber que estás bien?. —Preguntó Sunhee.
Jungkook sintió temblar el cuerpo de Jin por el miedo. Jin sacudió la cabeza frenéticamente, la sangre había abandonando su rostro.
—Jin, cálmate. No nos pondremos en contacto con nadie si tú no quieres. Eres legalmente adulto, por lo que no es necesario avisar a nadie si tú no quieres que lo hagamos. —Jungkook le aseguró a Jin al ver que seguía agitado.
Jungkook se acercó y apretó la mano de Jin. Este pareció tranquilizarse como si fuera su tabla de salvación, no lo dejó ir. Su ansiedad se calmó casi de inmediato. El color volvió a su rostro. Su cuerpo dejó de temblar.
—Jin— Sunhe dijo inclinándose hacia él. —Cariño, estás a salvo aquí. Jungkook no va a dejar que nadie te haga daño.
Sunhee se inclinó más cerca y extendió su mano para acariciar su pierna, Jin se empujó a si mismo más cerca de Jungkook, casi arrastrándose a su regazo.
Jungkook parpadeó sorprendido cuando de repente encontró a Jin apretándose con fuerza contra su costado. Rápidamente envolvió sus brazos alrededor de Jin y tiró de él más cerca mientras miraba a su madre completamente confundido.
—Jin, está bien, nadie te hará daño aquí. Voy a mantenerte a salvo. —Susurró mientras lo apretaba aún más contra él. —Dime qué está pasando. ¿De quién tienes miedo?.
Jin sacudió la cabeza otra vez. Jungkook miró a su madre, con la esperanza de que ella supiera qué hacer, cuando de repente escuchó abrirse la puerta principal y a su padre llamando a su madre.
—¡Sunhee, estoy en casa!. Querida, ¿Dónde estás?.
—Estoy aquí. Deja de gritar. Se te puede escuchar hasta el condado vecino.
Jungkook se rió entre dientes ya que su padre entró en la habitación, tratando de parecer amenazador, pero fracasando miserablemente cuando vio a Sunhee, el amor de su vida. Su rostro se dulcificó lleno de felicidad, como el amante esposo que era.
Vio como su madre inclinaba la cabeza hacia un lado para recibir la caricia habitual en el cuello que su marido siempre le hacía al llegar a casa.