El violín del amor

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En medio de circunstancias normales, a Fiorella jamás se le habría ocurrido levantarse antes del amanecer por voluntad propia. Cuando se trataba del único día libre de obligaciones tanto académicas como laborales, las posibilidades de que madrugase quedaban anuladas. Odiaba sacrificar las preciadas horas de sueño con cada fibra de su ser, casi tanto como detestaba verse obligada a salir cuando nevaba. Sin embargo, aquel domingo no era uno cualquiera.

Después de hallar las últimas piezas del complejo rompecabezas del pasado de Mauricio, nada volvería a ser igual entre ellos. Tras haber derribado la pesada barrera de los secretos, ya no había límite alguno en cuanto al nivel de confianza que podrían desarrollar. Eso era precisamente lo que la artista tenía en mente cuando abandonó la cama en donde reposaba junto al muchacho poco antes de las seis. Acompañada por la oscuridad de la madrugada, caminó de puntillas hasta el cuarto de baño y cerró la puerta con sumo cuidado.

Una vez que estuvo a solas en el recinto, se dio una ducha rápida para luego empezar a engalanarse con unas prendas muy especiales. En pocos minutos, la chica se colocó un sujetador rojo lleno de hileras colgantes de pedrería dorada, una larga falda transparente del mismo tono con aberturas amplias a ambos lados y, sobre esta, un cinturón cuyos adornos iban a juego con los del sujetador. Dejó suelta la cascada de rizos y procedió a aplicar una ligera capa de maquillaje que resaltaba el gran tamaño de sus ojos oscuros y lo carnoso de sus labios.

Desde hacía tiempo que deseaba dedicarle una coreografía de danza del vientre al joven Escalante, pero siempre les surgía algún imprevisto y aquella iniciativa quedaba en el olvido. Tal vez fuese imprudente llevar a cabo su plan en ese momento, pues las heridas frescas de ambos apenas empezaban a sanar. No obstante, había decidido correr el riesgo de equivocarse. Enfrentarse a tantos días de angustia sin tregua estaba marchitándoles el alma a los dos. Ella se negaba a permitir que el sufrimiento siguiera erosionando la relación. Si había algo que pudiera hacer para mejorar la situación, las dudas no la disuadirían.

Una vez que terminó de colocarse el vestuario, Fiorella caminó de vuelta a la habitación, abrió la puerta despacio y aguzó el oído. La respiración pausada del muchacho fue el indicador de que continuaba durmiendo plácidamente, tal como Salem lo hacía acurrucado en una esquina del sofá. Con una sonrisa de satisfacción, se acercó despacio hasta llegar a la mesita de noche al lado del chico. La escasa iluminación que entraba por la rendija le bastó para encontrar el camino sin tropezar. En la mano izquierda llevaba una vela con aroma a jazmín. Tras colocarla allí, tomó un mechero con la otra mano para encender el pabilo.

Luego de un breve lapso, el ligero brillo de la llama y el perfume floral empezaron a sacar a Mauricio del mundo de los sueños. Abrió los ojos muy despacio e inhaló una larga bocanada de aire para luego bostezar. Su mirada de inmediato se enfocó en la pequeña fuente de luz. La perplejidad se adueñó de su semblante, dado que él no tenía la costumbre de usar velas aromáticas en su casa. Cuando la estimulación de los sentidos le hizo efecto en la memoria, recordó que no había dormido en su propia cama, sino en la de Fiorella. Entonces, se giró con rapidez hacia el lado opuesto del lecho, pero pronto descubrió que estaba vacío.

—Fiore, ¿estás por acá? —preguntó el chico en voz alta.

Al no recibir respuesta, una sofocante sensación se le clavó en el pecho. "¿Y si al final se arrepintió de todo lo de ayer? Quizás está deseando que me largue", pensó él, con el corazón latiendo desbocado. Apartó la sábana de sus piernas a toda prisa para abandonar la comodidad del colchón. No obstante, antes de que el varón terminara de ponerse de pie, una agradable melodía de estilo árabe inundó la estancia con su exótica mezcla de laúdes, tambores y panderetas. Un sonoro golpeteo de palmas al ritmo de la música se escuchó poco después.

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora