ᴅᴏs

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Jin volvió en sí en un abrir y cerrar de ojos

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Jin volvió en sí en un abrir y cerrar de ojos. En un momento estaba envuelto en una densa niebla y al momento siguiente, intensas luces blancas brillaban delante de sus ojos.

Intentó levantar las manos para cubrir sus
ojos descubriendo que no podía. Estaba atado.
Por un momento pensó que estaba de vuelta en el horrible infierno en el que había vivido desde que podía recordar. Pero recuerdos de los acontecimientos del día empezaron a inundar su mente, recordándole que había escapado de ese infierno, tal vez.

Él apretó los ojos cerrándolos con fuerza, agradeciendo a quien había disminuido las luces al momento siguiente. Pestañeó varias veces mientras habría los ojos, un rostro apareció lentamente en su línea de visión.

Infiernos, era el Sheriff. Lo que probablemente significaba que estaba detenido.

Jungkook se levantó y se inclinó sobre Jin.

—¿Te gustaría un poco de agua?.

Jin asintió sintiendo su garganta áspera y reseca. Vio a Jungkook saliendo rápidamente del cuarto. Tirando de sus brazos probó la fuerza de las ataduras que sujetaban sus brazos. ¡Mierda!¡Esposas! Había muchas ataduras de las que podía escaparse, pero las esposas no eran una de ellas.

Rápidamente dejó caer las manos de vuelta en la cama en cuanto la puerta se abrió y una enfermera entró seguida del Sheriff, quien traía un vaso lleno de hielo picado.

—Hola jovencito, es bueno verte despierto. —Dijo la enfermera acercándose a él. Cuando ella sujetó su brazo, Jin intentó apartarse, pero no consiguió ir demasiado lejos.

Apretó los dientes y cerró los ojos manteniendo su cuerpo completamente quieto. La enfermera comprobó sus signos vitales.

—¿Estás sintiendo algún dolor?. —Le preguntó ella.

Jin se apuró en negar con la cabeza, con sus ojos aún cerrados con fuerza. Jungkook se estiró hacia él y puso la mano sobre su brazo, apretándolo suavemente.

—Todo va a estar bien. Ella terminará enseguida.

Jin de repente abrió sus ojos y se giró para mirar a Jungkook lleno de confusión. En el momento en que le había tocado, todo el dolor del toque de la enfermera se había ido. Nunca le había pasado algo así, no desde que su madre muriera cuando él tenía cinco años.

No conseguía entender lo que estaba pasando. Toda su vida había sido sensible al toque de otras personas, a sus emociones. El simple roce de la piel de otra persona podía causarle dolor.

Había aprendido a bloquearlo en su mayor parte pero no podía mantenerlo todo fuera. Pero nunca había encontrado a nadie, aparte de su madre, que le trajera la paz y la tranquilidad que estaba sintiendo en aquel momento.

El toque de la mano de Jungkook en su brazo alejó el dolor. Aún podía sentir las emociones de la enfermera, pero las sentía atenuadas, casi superficiales. Apenas podía sentir las emociones del Sheriff también, lo que lo dejó realmente confundido. Todo estaba silencioso.

Fue entonces que el Sheriff apartó su mano. Jin cerró los ojos firmemente, apretándolos con fuerza otra vez, en cuanto el dolor y las emociones de la enfermera lo inundaron nuevamente, un pequeño gemido se escapó de su boca.

La enfermera mientras trataba de hacer su trabajo diario, parecía estar llena de tristeza, anhelos y necesidades. Era abrumador.

Vagamente escuchó al Sheriff diciéndole a la enfermera que se diera prisa, que a él no le gustaba que le tocaran. La enfermera terminó enseguida y salió del cuarto.

Jin abrió los ojos dirigiendo al Sheriff una
mirada agradecida.

El Sheriff asintió al mirarle. —¿Crees que estás bien como para responder algunas preguntas?.

Jin encogió los hombros, pero asintió con la cabeza de todos modos.

—Buen chico. Ahora, ¿viste quién le disparó al Sr. Choi.

Jin asintió y levantó dos dedos.

—¿Dos? ¿Había dos hombres?.

Nuevamente, Jin asintió. Hizo una señal con la mano indicándole que necesitaba algo con qué escribir.

El Sheriff se apuró en soltar su bloc de notas y ofrecérselo, en ese momento se dio cuenta de las esposas. Empezó a soltarlas.

—Te las voy a quitar, pero tienes que prometer que no intentarás largarte. ¿De acuerdo?.

Jin asintió a regañadientes, tragando saliva cuando sintió los largos dedos del Sheriff tocando su piel. Cada pequeño roce enviaba descargas eléctricas a través de él. Era desconcertante, y quería más.

Agarrando el bloc de notas y el bolígrafo que el Sheriff el entregaba, Jin empezó a escribir.

Había un coche saliendo cuando yo estaba aparcando. Azul, dos puertas… Modelo más antiguo. Matrícula PDX 342. Parecía haber dos personas dentro. El conductor era un hombre blanco, de 20 a 25 años, estatura media, pelo oscuro. El copiloto tenía aproximadamente la misma edad, de constitución más esbelta, pelo castaño claro. Ah, y tenía la nariz rota.

—¿Nariz rota?. ¿Tú podías ver que tenía la nariz rota?. ¿Qué tan cerca estabas de ese coche? —Preguntó Jungkook sorprendido mientras leía lo que Jin escribía.

No estaba muy cerca, pero vi sangre en su cara y a él sujetándose la nariz. Había un charco de sangre en el mostrador y más en el bate de béisbol en el suelo. Diría que el Sr. Choi le golpeó con fuerza con él. Con tanta sangre como había tenía que estar rota. Quizá quieras tomar pruebas y sacar alguna muestra de ADN, antes de que alguien contamine la escena.

—¿Cómo sabes el numero de la matrícula?.

Memoria fotográfica.

—¿No me jodas? —Jungkook exclamó arqueando las cejas sorprendido. Jin se limitó a encogerse de hombros como si no fuera gran cosa.

—Entonces, ¿quieres decirme tu nombre?. —Jungkook vio como Jin negaba con la cabeza.

—Realmente necesito saber cómo te llamas. Simplemente no puedo seguir llamándote hombre o amigo. Entonces, ¿te parece bien?.

Jin lo miró fijamente por varios minutos, antes de finalmente escribir algo en el bloc de notas y devolvérselo.

Kim Seokjin.

El Sheriff leyó asintiendo con la cabeza. —Está bien, te llamas Seokjkn. — Se inclinó y extendió la mano hacia Jin quien la tomó con cuidado.

—Bienvenido a Wolf Creek.
































ᴀᴄᴏᴘʟᴀᴍɪᴇɴᴛᴏ  | ᴊ.ᴊᴋ - ᴋ.sᴊ ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora