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Pen Your Pride

Narra Lexie.

Frente al espejo del cuarto de baño, miré como la sangre salía de mi labio. Mis mejillas estaban cubiertas por lágrimas teñidas de negro. Mi nariz roja de tanto llorar. Y mis ojos rodeados de dos grandes manchas negras, acompañando a las ojeras que desde hacía tanto tiempo adornaban mis ojos.

Abrí el grifo y me lavé la cara, quitando la pintura negra y la sangre roja que salía de mi roto labio. Pensé en escusas y encontré una creíble: tropecé con la pata de una silla y me golpeé el labio contra el pico de la mesa, por eso tenía la herida.

Era creíble, ¿verdad?

Sí.

Salí del baño con el temblor que acompañaba a mis piernas las veinticuatro horas del día.

—¡Lexie, baja a cenar! ¡No te pienso subir la comida a tu maldita habitación como la perra de tu madre hacía!

No quería bajar, no quería estar a solas con él y menos tanto rato. Me daba miedo salir de mi habitación, me daba miedo él y me daban miedo las personas. Pensaba que todo el mundo era como él, me costaba confiar en la gente.

—¡Lexie Dellinger, no querrás que te lo diga dos veces!

Y sin pensarlo una vez más, abrí la puerta del baño y bajé las escaleras, rezando para que no se sentase muy cerca de mí. Rezando para que todo eso algún día acabase.

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Narra Justin.

Se podría decir que espiar a las hermanas de mis amigos era mi hobbie secreto. Me encantaba espiarlas a todas horas. A través de la ventana de su habitación, entre los coches, o a lo largo del pasillo de la universidad.

Me encontraba en el pasillo de los laboratorios de química, donde se encontraba la hermana de Jackson, la increíble Nadia. Eran mellizos, por lo cual, teníamos la misma edad. Veintidós dulces años.

También adoraba hacerles miles de fotografías y mirarlas horas y horas, fijándome en cada detalle, en cada punto de su cuerpo.

Pero me lo mantenía en secreto, era mi pequeño secreto que solo sabíamos mi sombra y yo, nadie más. Tenía la suerte de que casi todos mis amigos tenían hermanas un poco menores que ellos, pero como he dicho, casi todos. Había algunos que sus hermanas eran un par de años mayores que ellos. Esas eran con las que más me divertía espiando.

No podía comparar un cuerpo de una chica de dieciocho con el de una de veinticuatro.

Era una chica provocativa, le gustaba tener a los tíos babeando detrás de ella. Quería sentirse poderosa. Por eso me odiaba: conmigo no lo podía ser.

Blackmailer ➳ j.b¡Lee esta historia GRATIS!