Capítulo 18 - CÓMO CONOCÍ A VUESTRA GORDA V

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LUZ EN EL CUARTO OSCURO

Me recobré de mi ensoñación en cuanto vi aparecer a dos marineros bigotudos que salieron morreándose amorosos de aquella puerta escondida tras la penumbra. Pese a la embriaguez no me cabía ninguna duda al respecto, aquello que tenía frente a mis narices era uno de esos cuartos oscuros de los que tanto me hablaron el rubio y el moreno. De repente me sentí audaz e intrépido, la curiosidad me imantó hacia la misma puerta del infierno como a un gato al que le enseñan una sardina. Coloqué mi mano sobre el pomo, que estaba congelado y además tenía un extraño tacto como viscoso, y lo giré despacio; lentamente. Ojalá se me hubiese ocurrido llamar a los Cazafantasmas antes de bajar hasta allí.

– ¡Que sea lo que Dios quiera! –Me dije a mí mismo, entre los devaneos vertiginosos y los reflujos ascendentes que me invitaban a potar. Empujé la puerta para adentrarme en la oscuridad tenebrosa, de pronto todo resultaba muy confuso.

Poco a poco fui avanzado entre las sombras, aquello que los maricas llamaban cuarto oscuro era lo más siniestro que había visto en toda mi vida desde los dibujos de la princesa caballero. Me sumergí en la lóbrega habitación tanteando a ciegas, tratando de encontrar un camino seguro, palpando pectorales duros como rocas, nalgas flácidas, bultos blandos y algunos que no parecían estar tan blandos. Tal como si estuviese moribundo vi la luz al final del túnel, un pequeño vestigio luminoso y resplandeciente que me indujo a adentrarme con temeridad hasta el final. Ya no podría volver marcha atrás. Con el siguiente paso que di mi apéndice nasal impactó enérgicamente contra una pared que tenía justo delante. La hostia fue tan patética y lamentable que si hubiese sucedido en mi pueblo y a plena luz del día ya me estarían llamando 'El tonto la tocha' de por vida. A punto estuve de soltar un desgarrador alarido pero por suerte supe contenerme y me bastó con pronunciar a sotto voce un 'Me cago en Dios y en toda su puta madre' para poder paliar el relámpago de dolor que me azotó en la cara. Sentía la nariz abrasándome desde dentro entre palpitaciones; en cuanto llevé mis manos hacia ella para hacer presión y mitigar las punzadas dos lagrimones que escocían como dos gotas de limón ácido con cebolla y vinagre afloraron de entre mis fruncidos párpados, cegándome por unos instantes la poca visión de la que apenas disponía.

Contrariamente a lo que cabía esperar, el sonido de la música se escuchaba amortiguado dentro de aquella estancia e incluso caí en la cuenta que llevaba ya un buen rato sin oír a un solo maricón gimiendo o resollando por allí cerca. Después de que la quemazón ocular se moderase, el punto reluciente volvió a aparecer frente a mis ojos enrojecidos. Ahora estaba muy cerca de mí.

Fue entonces cuando pude comprender que la luz no provenía de un pasillo iluminado que se encontrase a lo lejos sino que se trataba de un pequeño agujero a la altura de mis pupilas; aquello parecía algo así como la mirilla de una puerta. Busqué a tientas en lo oscuro tratando de asir algún pomo con el que pudiese abrirme paso hacia la siguiente sala aunque por error manoseé varias cosas que no parecía que fuesen precisamente tiradores. Luego coloqué el rostro contra la puerta por tal de echar un vistazo a través de la mirilla y pude comprobar que la puerta bloqueaba el acceso a una habitación irradiada por una potente luz pálida y blanquecina que recordaba vagamente un escenario de La fuga de Logan.

Cuando por fin encontré el pomo para abrir lo giré despacio, tratando de hacer el menor ruido posible, y asomé la nariz dispuesto a husmear en aquel cuartucho albino. Dentro descubrí algo que no me hubiese llegado a creer si me lo hubieran contado mis amigos: los cuartos oscuros no son sino centros de operaciones encubiertos desde donde se transferían ininterrumpidamente datos acerca de la población heterosexual de cada una de las ciudades del mundo ¿Que cómo lo sé? Pues porque tenían colgado un monitor en la pared que mostraba un mapa terráqueo completo y a su lado dos medidores, uno con un fotograma de Bruce Willis en Jungla de Cristal –que supuse que servía para contar el índice de población heterosexual– y otro con la cara de George Michael sosteniendo un ramo de rosas –que dejaba muy claro que se trataba de un medidor de las cifras mundiales de invertidos registrados–.

MARICONES DEL ESPACIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora