Capítulo 13 - CUADERNO DE BITÁCORA ESTELAR V

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Odio Misógino

Tras la edad oscura de la humanidad, justo después de la prematura desaparición de la civilización micénica, los maricones del espacio, cuya apariencia como os comentaba anteriormente es en principio muy similar a la nuestra, comenzaron a introducirse sin problemas en la tradición humana heterosexual. A su llegada descubrieron con fascinación todo cuanto había dado de sí la evolución de las especies en nuestro amado planeta, ya que en Mariconia tan sólo habitaban ellos y sus animales de trabajo: las mujeres. Dícese de esta subespecie intergaláctica que proviene originariamente del planeta Venus y que se extendió por todos los confines de la galaxia gracias a su portentoso intelecto y su saber estar. Cabe lamentar el que esta facultad presentase una fisura de la cual los maricones del espacio supieron aprovecharse, para someterlas así a sus prácticas despóticas utilizándolas como esclavas en su propio beneficio.

Desde su llegada, la prole venusiana logró sobrevivir con cierta dignidad en nuestro planeta pues, teniendo en cuenta que en Mariconia hacían las veces de mulas de carga, en la Tierra fueron comúnmente destinadas a ser un mero recipiente para la gestación sin que por ello se las vilipendiase con un trato vejatorio o discriminativo. Así pues, la principal diferencia entre nuestro mundo y el de los maricones del espacio, aparte de que aquí tenemos comadrejas y ornitorrincos, radica en que el ser humano podía reproducirse a un ritmo vertiginoso gracias a la afortunada aparición de las féminas llegadas de Venus.

Mientras vivieron en Mariconia, los maricones del espacio empleaban su particular encanto, inteligencia y poder de sugestión por tal de tiranizar a las hembras utilizándolas para coser, arar el campo, recoger los cereales, fregar los platos y trabajar la forja. Por desgracia para ellos en la Tierra no lo iban a tener tan fácil, ya que el sistema de cautiverio femenino –la fisura de la que os hablaba en el primer párrafo– que implicaba poner de manifiesto el romanticismo, los abdominales pronunciados, la depilación corporal, los polvos pasionales y las películas de Hugh Grant o Julia Roberts se les volvió en su contra. Dado que su aspecto era tan similar al nuestro, las hembras venusianas confundían a los aletargados varones humanos con los suntuosos maricones del espacio y estos terminaban copulando con ellas sin saber ni cómo lo habían llegado a conseguir.

Sugestión, amigos, es el segundo nombre de la mentira. Los maricones del espacio lo sabían y lo empleaban a conciencia, persuadiendo a las mujeres para que se ocupasen de los trabajos que ellos no querían hacer. En contra de sus expectativas esto no sucedió así en nuestro planeta, pues jamás consiguieron domar a la raza femenina con la misma eficacia con que lo hicieron en Mariconia. Las mujeres terminarían desfogándose, a veces contra su voluntad, con los machos gañanes pobladores del planeta azul, evitando de esta forma el método de persuasión hipnótica que las llevaba a someterse por completo a las órdenes de los pérfidos maricones de primer nivel.

Debido a su condición de seductores, a este tipo de maricones se les acabó conociendo como 'Galanes', de manera que pudiesen distinguirse de los 'Gañanes', que era como se nos conocía entonces a los verdaderos varones heterosexuales.

Cabe recalcar que en la antigüedad aún se desconocían conceptos que están hoy tan arraigados a nuestra sociedad como los besos, el romanticismo o las películas en las que los copulantes terminaban casándose y negándose mutuamente la posibilidad de tener relaciones sexuales con otras parejas; toda esa farsa no es más que otro de los magníficos y bien elucubrados inventos fruto de la perversa clarividencia de los maricones del espacio, que como os decía empleaban sus más sutiles técnicas de chantaje emocional con la finalidad de oprimir a la mujer y ponerla a hacer canastas de mimbre o sillas de esparto. Entonces uno puede preguntarse: ¿Cómo era el mundo antes de que existiesen los besos, el romanticismo y el amor? Pues la respuesta es bien sencilla: antes de que se propagasen todas esas absurdas ideas los humanos follaban –y permitidme la expresión– de la misma manera que lo hacen aún los animales: por mera supervivencia de la especie; con lo cual, mujeres y hombres podían emplearse en lo que les parecía más estimulante y saludable sin necesidad de preocuparse por pasar toda la vida tratando de encontrar a su media naranja –que mira que eran cutres con las metáforas– ni perdiendo el tiempo con estúpidos celos que les llevaban a vivir todo el día pendientes del móvil de sus parejas, o pasándose tardes enteras agobiados delante del televisor viendo películas chorras que ninguno de los dos querrían ver, o enzarzándose en absurdas disputas al verse atosigados por los demás miembros humanos que les asaltan en estado de máxima secreción hormonal cuando salen juntos a bailar.

Capitán Tarsicio W. Petaclio

MARICONES DEL ESPACIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora