Capítulo 10 - CÓMO CONOCÍ A VUESTRA GORDA I

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AMOR DE VEGANO

Como no era demasiado resultón, durante la mayor parte de mi adolescencia me comí los mocos hasta decir basta. Un buen día todo eso cambió sin previo aviso y de pronto me vi relacionándome con las tías como si siempre hubiese sido así, y sucede que es precisamente así como funciona. La historia de mi empecinamiento en pos de revelar los maléficos planes de dominación mundial por parte de los maricones del espacio comenzó a la par que mis primeros escarceos con las mujeres durante los tediosos años en el instituto de formación profesional. Las salidas nocturnas de mi etapa adolescente pronto me emparejaron con una gorda repulsiva que fue quien me introdujo en el rollo filogay –así lo llaman–. Como de aquellas tenía diecinueve años y era la primera vez que salía con una tía no me importó en absoluto que estuviese un poco nutra, aunque eso sí, me llevé una buena decepción después de enrollármela pues cuando quedamos para ir al cine el día siguiente no fui capaz de reconocerla. Cierto es que la escasez de luz en las discotecas juega siempre a su favor. La verdad, parecía como si desde el momento en que la besé hubiese estado una semana entera haciendo retención de líquidos.

Mi ex era una de esas tías a las que los maricones del espacio conocen como 'mariliendres' o 'mariladillas' –un ejemplo conciso de su tan lamentable sentido del humor– y que, al igual que el resto de las mujeres, se sienten atraídas por ellos debido al parecido físico que guardan con las estrellas de cine, los modelos masculinos de pasarela o con sus ídolos de la televisión. Por lo general las mariliendres responden a ese arquetipo de chicas cebadas y con la autoestima por los suelos, que comen helados de litro mientras viven inmersas en la ficción televisiva de 'Sexo en Nueva York' o series similares por las que guardan compulsiva devoción. En cuanto pasan de los veinte comienzan a sentirse solas y fracasadas, es entonces cuando las chicas-foca tienden a acoplarse a los grupos constituidos íntegramente por maricones con la finalidad de restregar sus gordos culos contra ellos durante las noches en las que salen a bailar; también para compartir chismes sobre otras mujeres más agraciadas que ellas detestan, hablar de cremas faciales o comparar precios de los locales donde practican la depilación definitiva.

Como mujeres que son, ellos las odian, claro está... aunque los maricones suelen mostrarse condescendientes en estos casos puesto que las mariliendres/chicas-foca no constituyen ninguna amenaza para sus conquistas, ya que carecen de cualquier atisbo de atractivo físico. Todo el mundo sabe que las amigas gordas traen consigo a otras amigas que sí están jamelgas, y estas amigas jamelgas atraen a su vez a los machos vigorosos que son el pasto principal del que se alimentan los maricones. Así pues, las mariliendres les son de utilidad a modo de cebo o señuelo contribuyendo en las cacerías de culos que llevan a cabo los fines de semana para cubrir sus necesidades, por lo que ambas especies conviven en perfecta armonía y simbiosis siempre que las gordas no se pongan demasiado imbéciles.

Como regla implícita de la selección natural, los varones heterosexuales acostumbramos a sudar descaradamente de las chicas-foca hasta que no nos dan las cinco o las seis de la mañana por lo menos, que es el espectro de tiempo en el que desaparece todo indicio de dignidad y nos volvemos más receptivos y abnegados con tal de meterla en caliente. En conjunto las mariliendres acostumbran a ser mujeres poco agraciadas, impertinentes y asociales, que se las puede encontrar de fiesta en los temidos ambientes gay, en mugrientos garitos de jevis o incluso tienden a frecuentar el ámbito de los perroflauteros piojosos de las cavernas... en definitiva, sitios sórdidos y mayormente oscuros donde pueden esconder su fealdad. En el peor de los casos se las puede llegar a confundir con travestis obesas o lesbianas del tipo leñador. Estas mujeres NO follan –creedme– y sus necesidades de cariño se sacian con los elogios y halagos de sus buenos amigos los maricones, que las agasajan con frecuencia poniéndolas de divinas de la muerte aunque sea a costa de mentir de forma ruin y descarada, pues bien de todos es sabido que los maricones del espacio no guardan ningún tipo de escrúpulos como para soportar mala conciencia a causa de mentir. Precisa-mente es la falsedad y el cinismo lo que suele delatarles.

Embelesadas por su atractivo, las mariliendres tienden a enamorarse en secreto de alguno de sus amigos gay confiando en que serán capaces de devolverles a la heterosexualidad de alguna forma mágica y asombrosa, tal como sucede en esas series de ficción de las que son tan fanáticas. La realidad es obviamente muy distinta y las pobres chicas se tienen que conformar presenciando cómo sus amores platónicos se besan y se magrean los paquetes con otros maricas mientras ellas se quedan a dos velas y con las bragas hechas un chubasquero. Si es que las tías también tienen un bofetón...

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MARICONES DEL ESPACIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora