Como llegue Aqui...?

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            Fue así, que un par de días después me encontraba frente a Los 3 y pude notar como los arboles crecían enormes y fuertes formando una especie de triángulo. Estuve un largo rato allí, observándolos… intentando descifrar si había algo más, algún significado oculto a la forma en que habían crecido, o por qué los habían sembrado justo en ese lugar porque no me cabían dudas de qué, en realidad alguien los había dispuesto ahí de esa forma… esa persona había plantado las semillas o pequeños retoños de los árboles frente a los que me encontraba pero, ¿con qué propósito?

           

            Comencé el sutil ascenso por la arboleda, aquel ascenso del que no me fijé sino hasta que estuve en la cima de la montaña.

Mientras caminaba entre los árboles podía sentir el aire limpio y escuchar el corretear de pequeños animales a mí alrededor, no sé cuánto tiempo caminé pero calculo fueron más de un par de horas. Para cuando ya podía visualizar que se empezaban a abrir los troncos en frente de mí, estaba cansado y las provisiones de frutos secos para alimentarme, y el agua para hidratarme ya estaban por acabar. Era algo que me sorprendía debido a que juraba no había consumido tanto y estaba seguro había llevado lo suficiente para que me durara para el viaje de regreso. Aunque eso no tenía importancia porque frente a mí se abrían los árboles, y al otro lado estaba la cabaña en la cima.  

*

            Todo esto es lo que pensé en relatarle a Jacobo cuándo llegará la mañana, aunque cuando los primeros rayos del sol empezaron a entrar por la ventana mi historia no me parecía algo tan interesante que contar, y en su lugar relaté al pequeño hombre, una parte de lo que había ensayado en mi mente… lo que me había comentado mi hermana y que de repente me habían entrado esas ganas irreversibles de llegar a aquel lugar.

—Son los instintos internos, los que te han traído aquí —me dijo mientras desayunábamos.

—¿Qué son esos? —quise saber.

—Es parecido a la curiosidad —intentó explicarme—, pero mucho más intenso y dominante, hasta el punto que no te fijas que los estas siguiendo sino hasta que te encuentras en un lugar completamente extraño para ti…

—Pero yo si sabía adónde quería ir y estaba consciente de que era un deseo casi irracional lo que me atraía hasta aquí —lo interrumpí sin poder evitarlo.

—Sí, tienes razón ¿y sabes por qué es eso? —me cuestionó limpiando la mesa, sin dejarme que lo ayudará.

—¿Por qué estoy consciente de esas cosas pero aun así las hago? —el asintió—. Quizás se debe a que no me paró a pensar, aunque debería hacerlo.

—Sí y no —replicó Jacobo con suavidad—. La mayoría de los seres humanos y espirituales, en ocasiones. Piensan demasiado, y por ello pasan la mitad de su vida pensando al tiempo que a su alrededor suceden cosas increíbles que no notan por pararse demasiado tiempo a cuestionar sus razones e intentar tener constantemente una respuesta a todo, aunque en ocasiones solo deban ir y dejar que el instinto interno los guíe, tal como haces tú.

            Intenté seguir su lógica, analizando sus palabras por un largo rato mientras el terminaba de lavar y secar los platos y cubiertos. Me senté allí… pensando… mirando por la ventana hasta que me percaté de que Jacobo estaba sentado a mi lado sin decir media palabra con una taza de té entre las manos, no había querido interrumpirme lo cual me hizo preguntarme una vez, cuáles eran las intenciones de aquel personaje. 

—¿Por qué me dices todo esto? —inquirí con sinceridad.

—Por qué quiero ayudarte —contestó él tomando un sorbo de su tazón, el cual era casi más grande que una de sus manos. «Ayudarme» analicé, ¿pero en qué? Sin necesidad de preguntarle sabía que era algo que no me diría, era algo característico de Jacobo… le gustaba dejarme a la deriva. Tal vez había pasado un insignificante día pero sentía que ya podía analizar mejor sus vagas contestaciones.

—La forma en como llegaste aquí —dijo después de un rato—, es algo que muchos humanos no comprenderían. Pensarían incluso que es algo absurdo y que si creías no era una buena idea en algún nivel de tu consciencia, entonces era mejor que no lo hicieras.

—Así es… desde que estoy aquí he tenido pensamientos similares todo el rato —confesé, empezaba a importarme cada vez menos que el supiera lo que en verdad me pasaba por la cabeza supongo que era porque sentía que Jacobo ya lo sabía, no podía leer mi mente pero había algo en él… claro no era humano pero incluso más allá de ello.

—Existen muchos razones por las que no te sientes del todo cómodo en este lugar —soltó sin preámbulos—, no es solo porque no sepas quien soy o de donde he salido, o así algo de lo que te he dicho desde que llegaste aquí es verdad. Es por tus instintos internos y también por los terrenales… por el miedo a lo desconocido que lleva a los humanos a cerrarse al mundo en muchos sentidos.

—Cómo no querer hacer un deporte extremo...

—Exacto… es porque no saben el resultado y eso es como ponerles una gran pared enfrente… o una venda en los ojos. Como si estuvieran privados de un sentido que no aprecian hasta que se les priva y es ahí cuando sucumben al pánico, cuando sucede ese cierre inconsciente y dejan pasar su vida entre los dedos sin más. Sin darse cuenta, que eso desconocido iba a liberarlos y dejarlos ser más perceptivos, que era muy probable que un espíritu del bosque o el mar, deseaba con fervor guiarlos a ser ese algo más… que había visto en esa persona un resquicio del instinto interno, quizás mostrarle como explotar ese lado de su ser pero no se dejaron y siguen con su vida pensando, ¿y si…?

—Comprendo —murmuré y en verdad lo hacía. Pero a pesar de que entendía perfectamente lo que me quería decir, seguía sin confiar en sus motivos porque ese “Ayudarte”, en realidad no me decía nada.

—Volvamos al árbol principal —dijo levantándose con ligereza.

            Lo seguí afuera nuevamente, tenía pocas opciones en el momento y una de las más sensatas era ir con la corriente.

—Cierra los ojos —pidió cuando estuvimos al lado del gran tronco—, coloca tu mano sobre la corteza.  Respira —me instruyó—. Es algo más en el aire, está en el ambiente. Respira de nuevo —hice tal como me indicaba—. ¿Qué tal ahora? ¿Lo sientes? —abrí los ojos con sorpresa mirando al frente, al espacio que se abría detrás de Jacobo—. ¿Y bien?

—Sí —contesté en voz baja sin moverme del sitio, sin mirarlo. Estaba ahí, algo que se colaba desde el árbol que tocaba hasta la punta de mis dedos y subía por mi brazo como un millar de minúsculas particulas… moviéndose con delicadeza, no era una sensación desagradable… se movió con lentitud por mi cuerpo  hasta la punta de los pies para subir nuevamente, y era como si lo viera en mi mente, moviéndose… esa energía me llenaba y al mismo tiempo no, simplemente estaba ahí en el ambiente y yo podía sentirlo como un ser viviente—. Esto es sorprendente —murmuré.

—Esta es una de las razones por las que has llegado hasta aquí. No todos lo hacen —confesó Jacobo separándome con delicadeza del árbol y moviéndome lejos del lugar hasta el otro extremo—. No todos —repitió.

Detras de la ArboledaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora