Como llegue Aqui...?

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Cómo llegué aquí…?

A la mañana siguiente, luego de pasar una noche casi en vela no sólo porque me encontraba en la punta de una montaña de la cual se podía desprender aunque fuera una pequeña roca y eso traería consigo, una avalancha donde caería la casa donde me encontraba al igual que yo, llevándome a una muerte segura de la que sin duda no podría escapar aunque que quisiera. Pero esas no eran mis razones para no dormir, al contrario lo que me preocupaba se encontraba dentro de la cabaña conmigo, a unos pasos de mí en unas de las habitaciones, que no conocía por dentro, se encontraba el personaje que se hacía llamar Jacobo y decía ser hijo de una Ninfa de Agua y un Willis, un ser del bosque. ¿Y había salido él como resultado?

Estuve analizando cosas por el estilo toda la noche, y también cómo había llegado hasta aquel lugar.

*

—Julio, ¿Julio me estas escuchando? —preguntaba mi hermana con exasperación.

—Claro que te estoy escuchando, Alicia —respondí con una sonrisa burlona—, ¿cómo esperas que crea que hay una mítica arboleda en la cual encuentras las respuestas a todas tus inquietudes? ¿Qué sentido tiene eso? —le exigí mientras comía el trozo de torta que me había servido.

—No me creas… —comenzó irritada—, pero es lo que he escuchado, me han dicho que muchos van allí…

—Y no regresan —terminé con voz sombría y un movimiento de mi mano indicando misterio.

—Si no te lo vas a tomar en serio, no te cuento nada —protestó ella cruzándose de brazos.

—Está bien, escucharé con total seriedad —le dije serenándome.

—Gracias —replicó a media voz—. Esto no es algo que un infante me comentó mientras me decía sobre lo que hizo en la escuela, en realidad pasó —el tono de seriedad que tomó entonces ella, me hizo tomarme un momento para considerar la posibilidad de que aquello que la había sorprendido tanto, era algo más que una simple historia de fantasía—; fue Francia, quien vino con el relato… admito que en principio tuve una reacción como la tuya y aunque no he visitado el lugar, creo que hay cierta verdad en lo que dijo.

            Alguien, no sé quién por qué no me lo contó, le explicó que: “en lo alto de la montaña existe un lugar donde puedes ir y ver el mundo a tus pies, contemplar desde lo más alto como se despliega tu vida y si llegas hasta ese maravilloso espacio podrás encontrar aquello que siempre has estado buscando, ella estuvo allí y me confió que en realidad existe todo lo que le describieron, exactamente como se lo contaron… y que es cierto que puedes conseguir lo que siempre has estado buscando sin importar que tan inalcanzable pienses que puede parecer en estos momento, allá en la montaña al final de una pequeña arboleda, luego del camino de Los 3 es donde por fin hallarás las respuestas.”

—¿Y cuáles fueron sus respuestas? —pregunté en voz baja, Alicia me miró un largo rato.

—Cómo mantenerse joven por siempre… —contestó con cara seria. Por un largo minuto me miró y luego se echó a reír a carcajadas—. Debiste ver tu cara —me dijo entre pequeños ataques de risa—. De verdad te creíste todo lo que te acabo de contar —volvió a reír y por alguna razón inexplicable no me causó risa la situación, hasta el punto que me levanté y caminé por la estancia sin comentar media palabra.

            Luego de insultarla por jugarme esa mala pasada, me fui… ella me confesó que en verdad había una arboleda al final de los 3 (Los 3 era una formación de árboles enormes que se encontraban justo al final de los caminos del pueblo) pero que sólo era un pequeño bosque y nada más, también me dijo que no podía creer que yo no había escuchado antes esa historia, a pesar de los años que teníamos viviendo en la zona. Y aunque Alicia me dijo todo aquello, aun así hubo algo en mí que despertó… por qué esos dos lugares existían, yo los había visto centenares de veces pero no les había dado más importancia de la necesaria y sin embargo, en ese instante, me entraron unas ganas inexplicables de ir al sitio y explorarlo. Quería saber que había después de los árboles, era probable que terminaran en un barranco y se viera la ciudad a lo lejos o tal vez cuando llegabas al final, resultaba que se curvaba hacia la parte este y era posible contemplar el mar desde ese lugar. De cualquier forma, me había entrado una gran curiosidad hacia la arboleda que existía en aquel pueblo. Y usualmente, seguía mis instintos por más absurdos que podían parecerle a muchos.

Detras de la ArboledaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora