Capítulo 06 - UNA DRAMÁTICA EXPERIENCIA

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Este será con toda seguridad el testimonio contrastado que certifique la veracidad de mi confesión, puesto que yo mismo conozco a sus protagonistas y debo decir que en su momento me conmocionó sobremanera. Cuando llegó a mis oídos por primera vez no conseguía dar crédito a lo que escuchaba, me pare-ció una historia sumamente inconcebible a la par que desagradable y desgarradora. Así fue como sucedió lo que iba a ser la primera experiencia sexual de mi colega Marquitos:

Mi colega Marcos, al que solíamos llamar amistosamente Marquitos pues apenas alcanzaba el metro cincuenta y parecía que lo regalasen con las bolsas de patatas, fue el primero al que vi caer ya que hasta entonces nunca antes había conocido tan de cerca la experiencia del contagio. En mi adolescencia tendía a creer que los maricones eran únicamente personas humanas normales y corrientes a las que nuestro buen Dios les había otorgado por error una condición sexual que no se ajustaba a la idiosincrasia propia de su género. Hasta hace algunos años la homosexualidad era todavía un concepto clandestino que la gente enmascaraba frente a la opinión pública, pero ya en el ocaso del siglo XX, lo que se suponía un trastorno de la conducta sexual, comenzó a ver la luz por vez primera y la conciencia de las nuevas corrientes progresistas nos exigieron aceptar esta realidad con los brazos abiertos tal como lo hicimos con la gente que iba en silla de ruedas, los disminuidos psíquicos, los moros, los negros, las personas con síndrome de Down, los alopécicos, las gordas y los cojos que caminaban de una forma divertida.

Bien pues, mi buen amigo Marcos, al que conocí cuando aún se le podía diagnosticar como heterosexual, había sido desde siempre lo que se llama un verdadero perdedor con las mujeres... aunque no por eso claudicaba ante los pérfidos engaños de la homosexualidad. No, él era un tipo íntegro que procuraba salvaguardar la virginidad de su culo como quien guardaba las revistas porno –que lógicamente ahora son un concepto obsoleto– a buen recaudo dentro de la caja del Monopoly o del Hero-Quest. Tantas veces le oí exclamar: 'Cómo odio a esos putos maricones' o 'Míralo, por ahí viene el pedazo de maricón' que jamás llegué a pensar que pudiera ser él quien terminaría por convertirse en uno de ellos.

A consecuencia de la nueva ola de tolerancia y condescendencia que promulgaba la recién instaurada democracia –la última gran invención de los maricones del espacio en nuestro siglo– se suponía que todos debíamos respetarnos ya fuésemos gordos, calvos, negros, maricones, pederastas, administradores de fincas o inspectores del fisco... y Dios sabe que la gran mayoría de nosotros, con nuestra buena voluntad, tratamos de hacer un esfuerzo por ser partícipes ante los nuevos valores de los que hacía alarde el sistema democrático. Fue por esa misma razón por la que decidimos aceptar a un homosexual de verdad en nuestro grupo de amistades. Antonio resultó ser el maricón que elegimos para cubrir aquella vacante que le brindaría color a la cuadrilla, concediéndonos así el privilegio de poder sentirnos personas abiertas y tolerantes sin necesidad de incluir a un negro o a un judío en nuestras filas.

Desde el comienzo Marcos trató de no excluirle por su condición, mostrándose sumamente cortés y sonriente cuando debía dirigirse a él, aunque de todos modos cualquiera podía advertir que no se sentía demasiado cómodo tratando de entablar conversaciones con Antonio. Toda aquella pantomima formaba parte del mismo embuste para aparentar ser un verdadero hombre de su tiempo, como os decía, abierto y tolerante, pues supuestamente esa misma actitud le serviría para conocer chicas ya que todo el mundo sabe que tener a un gay –luego os explico el origen del término– en el grupo de amigos era como poseer un talismán mágico para atraer a los chuminos.

Teníamos el talismán, pero ni aun así Marquitos era capaz de ligar con las tías que volaban en círculos alrededor de Antonio el maricón como buitras putas de rapiña. Se decía por ahí que, aunque claramente prefería la compañía de los varones, Antonio el maricón había sido capaz de acostarse también con la mayoría de las amigas que había tenido hasta la fecha... y eso a Marcos le fastidiaba sobremanera. ¿Cómo era posible que Antonio, siendo maricón, se hubiese tirado a todas las tías que le daba la real gana y él, siendo un verdadero macho heterosexual, no se comiese un rosco de ninguna de las maneras? El muy cabrón incluso se regodeaba cada vez que salían de fiesta, sobándoles las tetas, los culos y metiéndose mano por doquier con todas sus amigas frente a la indignada estupefacción del pobre Marquitos, que se sentía estafado con su ademán de perfecto caballero.

« Claro, como Antonio es gay y entre mujeres no hay ningún problema en que se toquen las tetas las unas a otras... Además, todo el mundo sabe que las tías por lo general andan por ahí sobándose las peras en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia... así pues no hay de qué extrañarse », pensaba para sí el pobre chico tratando de otorgarle el mayor sentido a su confusión. Lo dicho, la injusticia doblegó la voluntad del desvalido Marcos, que cada vez se encontraba más y más desengañado.

Lo había llegado a pronunciar a viva voz para todos nosotros. Decía: « ¡Joder, cómo odio al puto maricón! Ojalá pudiese ser maricón yo también para follarme todas las tías que él se folla ». Y ya se sabe desde tiempos inmemoriales de la civilización en la antigua Grecia que no es conveniente formular deseos que los dioses puedan escuchar, pues lo más seguro es que te acaben concediendo lo que les pides... pero cobrándose a cambio unos intereses muy elevados.

Y así fue como Marcos terminó por derrumbarse la misma noche en la que Antonio le robó el protagonismo delante de la chica que él amaba en secreto. Después de unas cuantas copas, y haciendo alarde de valentía, prefirió entregar en sacrificio anal su virginal orificio por tal de que el maricón se lo follase a él en lugar de a ella. El alcohol y la desidia emocional hicieron el resto.

–Si no lo has probado no puedes saber si te gusta, hombre –Le dispuso el maricón susurrándole divertido al oído.

–Pues alguna vez tendrá que ser la primera ¿no? –Le con-testó, y tras reírse como una hiena a la que le escuecen los sobacos Marcos se montó en el coche de Antonio y se dejó conquistar hasta que terminaron en su habitación a las tantas de la madrugada.

Fuera estaba lloviendo, la débil luz color celeste que conseguía penetrar a través de la persiana echada iluminaba las sábanas de un colchón que olía a sudor agrio y a urinario público en medio de una fría noche invernal. Sobre él yacía Marquitos, con los calzoncillos de lunares por debajo de las rodillas y el culo en pompa, recostando su cabeza mientras se agarraba al almohadón que Antonio había colocado cuidadosamente a la altura de su pelvis. Ahora el maricón descargaba todo su peso sobre el blanquecino culo de Marcos, la penetración fue desgarradora pese a las precauciones y un grito rompió el silencio en medio de la oscuridad.

– ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH! –Gritó el pobre chico.

Los muelles del somier comenzaron a sonar acompasados al hipnótico ritmo de las embestidas, Marcos babeaba las sabanas en estado semi-vegetativo mientras Antonio le hacía cabalgar sin tregua como un jinete furioso. En el estéreo sonaba el Riders on the storm con un volumen que invitaba a continuar galopando hasta el amanecer.

Tras el contagio reposaron. Poco después, y aún fatigado, Marquitos tomó conciencia de la situación en la que se encontraba. La habitación desprendía un intenso hedor a vaselina, a culo y a vergüenza. Hundido al contemplar su propia miseria, le arreó una patada al marica y espetó:

– ¡Quita de aquí! ¡Maricón de mierda! –Pero ya era demasiado tarde. En su recto comenzaba a gestarse el proceso que le llevaría a convertirse en uno de ellos.

Tal y como Antonio nos contó semanas más tarde, fueron 'dos veces y hasta el final', con lo que obviamente pudo cerrarse el círculo haciendo que el pérfido maricón consiguiese su objetivo.

Después del nefasto encuentro Marquitos desapareció. Gen-te cercana a nuestro entorno decían haberle visto por ahí siendo la puta en una banda de raperos... aunque de todas formas nunca más volvimos a saber de él. Casualmente desapareció del mismo modo en que lo hizo Celemín Pitiuses.

* * *

MARICONES DEL ESPACIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora