Él levantó la mano mala y sonrió, divertido.

—Bueno, ¿qué? ¿Vas a cuidar de mi entrañable rebaño en mi ausencia?

Trisha titubeó de nuevo, confusa. Miró a Max como si buscara ayuda. Él se encogió de hombros, dejándola elegir. Trisha entreabrió los labios antes de volver a cerrarlos y asentir una vez con la cabeza.

—Sí... yo... —sacudió la cabeza—. Sí. Claro que lo haré.

—Así me gusta, rubita.

—Vuelve a llamarme rubita y vas a terminar debajo de esa caravana tan preciosa.

—¿Ves por qué te he elegido como mi sustituta? ¡Somos iguales! Quizá terminemos enamorándonos y todos, como tu amiga la androide solo tiene ojos para cara-cortada... ¿no te gustaría?

Ella enarcó una ceja.

—Pues no.

Él suspiró, aunque no parecía muy afectado.

—Nadie ama al bueno de Charles.

—Vamos, no digas eso —le dijo Alice, cruzándose de brazos.

Charles le dedicó una sonrisa encantadora antes de levantar y bajar las cejas a Rhett.

—Ten cuidado, Romeo. Quizá yo sea tu sustitución.

—Permíteme dudarlo —Rhett también se cruzó de brazos.

Max había estado observando todo con expresión cansada. Al final, negó con la cabeza como si estuviera cansado de todos ellos y volvió a hablar.

—Tenemos que irnos —replicó—. ¿Tenéis todo lo que necesitáis?

—Está todo en la caravana —le informó Rhett con su voz de instructor.

—¿Armas? ¿Munición? ¿Provisiones?

—Todo. Lo he comprobado antes.

—Bien hecho, Rhett.

Alice no pudo evitar enarcar las cejas. Miró a Rhett de reojo y vio que él también se había quedado petrificado.

¿Max acababa de halagar a Rhett?

Nunca lo había hecho. Nunca.

Sin embargo, Max no dejó que lo pensaran mucho. Se giró hacia Kai y el pobre chico se encogió al ser el centro de su atención.

—Cuida de la ciudad —le dijo. O más bien le ordenó.

—S-sí, señor...

—Y que no te tiemble la voz. Pierdes credibilidad.

—N-no, señor.

Max puso los ojos en blanco y miró a Trisha. Un asentimiento de cabeza fue lo único que le dedicó. Y a ella le pareció suficiente. Después, se giró hacia Tina. Ella se limpió una lágrima.

—Tened mucho cuidado —les dijo, mirándolos a todos y cada uno de ellos—. Ya hemos perdido a demasiada gente.

—Lo tendremos —le aseguró Rhett.

Ella pareció haberse estado conteniendo hasta ese momento. No pudo más y se adelantó directamente hacia Rhett. Alice vio que las mejillas de él se volvían rojas cuando empezó a apretujarlo en un abrazo de oso.

—¡A ti te lo digo especialmente! —le espetó ella—. Más te vale volver sano y salvo.

—Tina... —masculló él, avergonzado.

Alice sonrió, divertida, antes de echar una ojeada a su derecha. Kilian se había mantenido al margen hasta ese momento. De hecho, parecía triste. Suspiró y se acercó a él, poniéndole una mano en el hombro. El niño no levantó la cabeza.

Ciudades de Humo (CORRIGIENDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora