• El cielo estaba enfurecido, como si tuviera la obligación de advertir la venida de una catástrofe desvastadora, mientras que la suave textura de aquellas diáfanas nubes se disfrazaron con el tono escarlata del fuego que nacía de los vigorosos relámpagos, pues la cruel tempestad no cesaba aquellas exorbitantes descargas eléctricas que dañaron la frágil capa atmosférica.
¡Estaba realmente aturdida, medrosa y sumergida en una vorágine de fobias, donde la palabra respirar era sinónimo de muerte!.

Me hallé escondida entre las 4 patas de la mesa redonda, toda transpirada y temblorosa, al propio instante en mordisquear las pocas uñas que adornaban mis dedos, ya desnudos.

—¡Siento tanto pavor!. No quiero cometer una locura. ¡DIOS MÍO, ayúdame por favor!— los impetuosos latidos que suministró el corazón, irrumpieron con mi elocuencia.
Honestamente, debo admitir que los pensamientos más desapercibidos de mi memoria se hicieron añicos, por causa de una gigantesca ola de emociones que me mantuvo cautiva durante largos segundos.

—¡Tú eres mi única salvación!. ¡Serás mi héroe!.— proclamé en voz baja, a la par que visualicé el reflejo difuso de mi rostro plasmado en la cuchilla filosa del picahielo.

A una distancia no muy lejana, logré percibir los sonidos de algunas cuantas aterradoras pisadas que provenía desde la escalera. Fue entonces cuando comencé a sentir la textura de un misterioso escalofrío que congeló la circulación de mi sangre. Era evidente que se trataba de Slenderman, pues la suela de su zapato era la causante de aquel crujido estremecedor.
A cada minuto se tornaba mucho más próximo, hasta el punto de convertirse en un evento sumamente espeluznante.

Preparé con anticipación la posición de ataque, dispuesta a arrojarme sobre su cuello para apuñalarlo reiteradas veces, con saña.

De pronto, allí estaba Él, tumbado sobre el polvoriento pasamanos de la escalera, mientras que la figura espectral de su sombra se hizo cada vez más perturbador.

—¿Adónde estás, preciosa?. ¿Sabes una cosa?, soy extremadamente impaciente y el juego de las escondidas me pone de muy mal humor— susurró, cuando agitó sus tentáculos con suma vehemencia.

¡Una guerra interna se desató!, pues debía contener las tremendas ganas que tenía por vociferar blasfemias e injurias, pero debía ser cautelosa, inteligente.

—Aquí estoy Slender, preparando una sorpresa exclusiva para ti.— respondí absolutamente asustada, al propio tiempo busqué una guarida segura para poder ocultarme y realizar la emboscada.

La monstruosa criatura exhaló el aire comprimido en sus pulmones intentando mezclar una llamarada de furia y excitación. Entretanto, giró la perilla e ingresó con un movimiento grácil e inexplicable.

—¿Dónde estás, estúpida?— gritó embravecido, mientras derribó la puerta con el duro golpe de sus tentáculos— ¡Te advierto de una  maldita vez que no me gustan tus juegos infantiles!. ¡Sal de donde estés, o de lo contrario me pondré furioso y te mataré!.

Las luces, nuevamente, comenzó a parpadear, al mismo tiempo las ráfagas de un fortísimo viento abrió con ímpetu todas las ventanas, permitiendo el acceso a una inmensa cantidad de agua y granizo.

—Aquí estoy...— murmuré atemorizada cuando me interpuse delante suyo.

Slenderman esbozó la mueca de una sonrisa que arrugó las facciones de su rostro demoníaco.

—No me hagas enfadar maldita, porque te costará muy caro. ¡Ahora desnúdate y súbete a la mesa, aquí tu cuerpo será mío!— ordena.

Con una ligera maniobra de manos logré ocultar el picahielo dentro de mi ropa interior, al momento de desabrochar los botones de mi pijama.

El horrendo adefesio no tardó en lanzar gemidos de placer. Entretanto se bajó el pantalón que vestía y dejó al descubierto sus partes intimas.

—¡Acércate a mí!— balbuceó cuando el suave tono de su voz ordenó a sus tentáculos a acorralarme.

Lentamente me aproximé a él, fingiendo una risa sarcástica para luego extraer el picahielo y exterminarlo de una buena vez.

—¡No soy tu maldita esclava sexual!. ¡Es hora de que regreses al infierno de donde nunca hubieses salido!. ¡HASTA NUNCA GUSANO REPUGNANTE!.— grité con las últimas provisiones de oxígeno que me quedaban, mientras un hilo de sangre se entrelazó con mi saliva.

Con una cólera indescriptible, me avalancé contra el frágil cuerpo de Slender, donde por mera intuición, comencé a perforar su piel con ayuda de la hoja filosa del picahielo que rápidamente se manchó con la gélida sangre oscura que brotó desde sus profundas heridas. En tanto, las salpicaduras tiñieron de negro a la delicada piel de mis manos.

¡Slenderman no logró contener la hemorragia que le produjo aquellas enormes laceraciones y se desvaneció inconsciente al suelo. Fue cuando esquivé la mirada en ambos lados tratando de buscar algún bidón de gasolina e incinerar su cadáver, pero sólo encontré un horno de microondas. Al instante lo recogí, y sin pensarlo dos veces, lo arrojé sobre su cráneo que estalló y desparramó sangre y sesos por doquier!.

—¡Nos veremos en el infierno!— exclamé notoriamente apaciguada.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!