Doce

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PRIMERA PARTE

1

DANA EMPUJÓ CON DEMASIADA fuerza las puertas principales del centro comercial. ¿Cómo es posible que esto me esté sucediendo? ella pensó, notando que los cristales se formaban alrededor del círculo negro que cubre a una cámara en el poste. Ella caminó segura, despacio, pensando en lo que podía suceder.

No puedo regresar a mi casa, ella pensó con frustración. En cuestión de días su vida se transformó, todo era más sencillo antes, antes de entenderlo todo. Sin embargo, Dana estaba sorprendida por los poderes que consiguió, ella los usaba de una forma natural, como si hubiesen estado con ella desde el principio, escondidos por así decirlo.

Ella intentó dejar atrás la confrontación, y continuar con su día de forma natural. Jacob, ella recordó, todavía debe estar esperando en la casa de su amigo. Dana tomó en camino de regreso, ella no estaba lejos y conocía el área. En el transcurso de su viaje ella intentaba entender la motivación del hombre que la atacó; hace pocos días ella no consideraba la existencia de la iglesia, y ahora la buscan para matarla. Debe haber alguna razón.

Su estómago rugía, ella notó, el desgaste energético la dejó exhausta. Dana perdió el hilo de sus pensamientos y empezó a ver con admiración las fachadas de las casas. ¿Cómo puede ser posible que alguien viva por tanto tiempo en un lugar tan feo? Hasta que llegó a la casa de Jason, ese si era un lugar digno de regresar.

La puerta estaba cerrada, y en el interior de la casa no se podía ver nada. Ella esperó un poco, aceptando que esta opción debía ser descartada. Una vez más, Dana estaba sola... en un mundo de reglas que no conocía, entendía, o tenía interés de descubrir. El juego de los humanos era demasiado fácil de vencer, vivir como rey no requiere mucho dinero. Eso es, ella pensó, tengo que conseguir clientes extranjeros. En realidad a ella no le importaba que servicio proveer para subsistir, sus talentos no eran algo que estaba dispuesta a intercambiar por papeles.

La puerta de garaje se abrió, Jacob empujaba su motocicleta. "Qué más mijín," dijo Jason al verla.

Dana levantó una mano.

"Justo salí a buscarte," dijo Jacob.

"Sí... bueno ya estoy de regreso," dijo Dana con una sonrisa.

"¿Por qué te demoras tanto?" dijo Jacob, intentando no admirar lo bien que le quedaba el vestido.

"Tuve que solucionar un problema," ella dijo. "Nada importante."

Jason sacó otra motocicleta del garaje. Acaso vamos a salir los tres, ella pensó.

"Vamos a ver a un man que sabe de estas cosas," dijo Jason con el libro en una mano.

Ella lo miró con sorpresa. "No creo que sea necesario."

"Tonterías," dijo Jason. "Es posible que descubramos quién te está buscando."

"Jacob," dijo Dana. "¿Han estado hablando de mí?"

Jason frunció el ceño. "Están en todos los noticieros. No hay mucho que ocultar."

"¿Han dicho algo del helicóptero que se estrelló?" ella preguntó.

"Al parecer el piloto está en el hospital. No hay rastros del copiloto," dijo Jason, bajando la mirada. "Pero, parece que va a sobrevivir."

Dana hizo una pausa. ¿Quién sea que esté detrás de esto me las va a pagar?

"Sube," dijo Jacob, "vamos a ver si nos pueden ayudar a entender este libro."

Dana suspiró. "Está bien, pero primero vamos a buscar algo de comer. Al menos que quieran verme de mal humor."

De tal forma, y sin intenciones de verla de mal humor, Jacob los dirigió a uno de sus lugares favoritos. El viaje en motocicleta fue emocionante, Dana se tomaba con fuerza de él para no resbalar, ella notó que su vestido era lo suficiente ancho para que pueda sentarse sobre este y viajar sin bochornosos inconvenientes.

Al llegar, Dana vio que se encontraban cerca de un lugar que ella recordaba, pero no tuvo el coraje de visitar sola.

"Bien, mijín," dijo Jason. "Esto es justo lo que necesitaba, una buena hamburguesa al carbón."

"Me olvidé de preguntar," dijo Jacob. "¿Comes carne?"

Dana quería hablar de sus hábitos alimenticios, y como la vida le enseñó a dejar atrás ciertas comidas. Pero, ella tenía toda una vida para continuar con sus teorías, en este instante solo quería recargar su energía. "Ahora mismo podría comer cualquier cosa."

"Ella es de los míos," dijo Jason, acercándose para abrazarla.

Dana lo miró con sorpresa. Sí que son cariñosos por aquí.

"Estás son las mejores de esta cuadra," dijo Jason. "La próxima vamos a otra hueca."

Ellos notaron que la parrilla se encontraba tras un barra que da a la vereda, y ahí atendían a los clientes, en unas cuantas sillas afuera del local. Sin embargo, Dana vio una puerta lateral que los llevaba a un par de mesas en un patio lateral, y caminó frente a los demás, forzándolos a seguirla.

Jason llamó la atención de Jacob, luego levantó las cejas apuntando en dirección de Dana.

Jacob sacudió la cabeza en desacuerdo.

Jason aceptó que era su oportunidad de conquistar a la bella doncella.

"¿Por aquí?" preguntó Dana, girando para verlos.

"Sigue, por favor," dijo Jason extendiendo una mano.

Al encontrar sus puestos alrededor de una mesa de plástico, notaron que el menú estaba pegado en la pared. Dana supo de inmediato lo que quería, en realidad ella solo estaba segura de querer comer lo antes posible. "Quiero una de esas," ella dijo, señalando con un dedo.

"¿Y tú, mijín?"

"Otra de las mismas," dijo Jacob.

Con eso Jason se levantó.

"¿Cuál es el asunto con tu amigo?" preguntó Dana.

"No te preocupes," dijo Jacob. "Es inofensivo."

La espera se volvió demasiado larga. Dana volvió a sentir el gruñir de su estómago.

"Disculpa que me entrometa," dijo Jason. "Pero, ¿cómo es que usas estos poderes?"

"En realidad no estoy segura," dijo Dana. "Es simplemente parte de mí."

"¿Siempre los has tenido?"

"Creo que sí," ella respondió. "Solo que no podía usarlos."

"Interesante," dijo Jason, girando para mirar a Jacob "Y vos, ¿qué poderes tienes, mijín?"

Jacob levantó una ceja, como si no hubiese escuchado el resto de la conversación. "No sé."

"Pero te quedan lindos los dibujitos," dijo Jason.

"No sé, en realidad también creo tener algo que no he descubierto."

"Ya vas a decir que eres mágico como la amiga," dijo Jason señalando a Dana con el mentón.

Acaso es todo una broma para este tipo, ella pensó.

"Ahora sí," dijo Jason al ver que llegaba su comida. "Manos a la obra."

"Me dice el mijín," dijo Jason, "que puedes lanzar bolas de hielo. ¿Qué tal si me das enfriando la soda?"

Dana frunció el ceño. Pero claro, ella pensó y alcanzó la botella de Jason. Burbujas empezaron a brotar. "Listo, aquí tienes."

Jason intentó sostener la botella en su mano pero esta ardía.

"Cuidado te quemes," dijo Dana con una sonrisa.

"No le hagas esto, flaco," dijo Jacob sin poder contener una carcajada.

SibilareDonde viven las historias. Descúbrelo ahora