Día 2.
Tema: Temor.
Era la medianoche en el apartado pueblito de Dauper, típico paraje en donde nada irrelevante sucedía. Como todas las noches a esa hora, las casas estaban a oscuras y sus habitantes durmiendo, salvo quienes todavía se la pasaban en el bar del lugar. Las calles desiertas eran iluminadas sólo con unos pocos faroles que funcionaban, dando un aspecto tétrico al pequeño poblado, desde el cementerio hasta la plaza central.
Pero a diferencia de las tranquilas y hasta aburridas noches que habían transcurrido hasta ahora, ésa en particular, daría inicio a uno de los mayores misterios del pequeño pueblo.
Entonando – no, desentonando – alguna que otra canción, Dot Pixis se tambaleaba de regreso a su casa, para así dormir, luego levantarse a trabajar, y terminar el en bar como todos los días. Sus sentidos no estaban tan embotados, por lo que pudo percibir que alguien andaba cerca. Trataba de aguzar sus sentidos, tanto como la oscuridad y su borrachera le permitían, y creyendo que pudiera ser alguno de sus compadres que le estaba dando alcance.
No estaba absolutamente preparado para lo que se le venía.
-¡¡¡Ay, mis hijooooooos!!!
Y a Dot Pixis se le pasó la borrachera. Lo peor de todo era que la cosa no terminaba ahí para él.
A continuación, vio a una figura femenina de blanco y con rostro encapuchado avanzar a trompicones hacia él, con los brazos extendidos, como si quisiera abrazarlo. El pobre Dot no podía ni correr del susto que traía, por lo tanto, ese espanto blanco se aferró a él en un abrazo asfixiante que hizo que, pálido como la muerte, el pobre hombre calvo diera un alarido antes de desmayarse.
-¡¡¡AAAAHHHH!!!
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La maestra de primaria Petra Ral llegó con el primer tren de la mañana a Dauper, proveniente de la ciudad de Trost, a cuya jurisdicción pertenecía el pueblo. Había sido enviada para prestar ayuda al remoto pueblito con la escuela, ya que la anterior maestra y encargada se había retirado del ejercicio de sus actividades. El problema era que lo que la recibía en ese momento no era la comitiva de padres que le había notificado que la esperaría, sino que a lo lejos, en la plaza municipal de Dauper, la gente se hallaba apiñada alrededor de algún espectáculo desconocido. No se dio cuenta de que alguien estaba con ella.
-Usted debe ser la nueva maestra, ¿no? – preguntó detrás de ella una voz femenina. La chica dio un respingo. – Soy Riko Brzenska, de la comisión de padres y madres que tenía que recibirla. Disculpe por la mala bienvenida, pero es que anoche sucedió un evento poco feliz.
-Soy Petra Ral. – se presentó - ¿Pasó allí? – señaló a la concurrencia.
-No, ahora las personas están hablando con el Comisario y el Alcalde. – le explicó Riko – Verá, es que anoche uno de los vecinos tuvo una aparición extraña: fue atacado por un fantasma.
-¿Un fantasma? – Petra no lo podía creer.
-Sí... el pobre hombre está en estado de shock, atendido por el Doctor Jäger y la Doctora Hange en la clínica local. – dijo su interlocutora con tristeza – No para de murmurar que este pueblo está maldito y que la Dama de Blanco acabará con todos.
Petra no sabía qué decir. Por un lado no creía en esas cosas, pero no quería expresarlo por miedo a ganarse la antipatía de sus nuevos vecinos. Al fin y al cabo, no conocía a nadie y no quería que su escepticismo la aislara de todos.
Riko la llevó hacia la muchedumbre en la plaza para presentarla a los demás habitantes y también para curiosear, de paso. La gente rodeaba a una sola persona... no a dos, que por el gentío Petra no pudo distinguir en un primer momento. Uno de ellos era alto y de pelo oscuro, de gesto amargo y con un sombrero que parecía ser un apéndice del propio hombre; en cambio, quien estaba a su lado era de pequeña estatura y de cabellos oscuros y cortos, parecía que todo le producía aburrimiento y si había algo que ambos hombres compartían, era que tenían los mismos ojos grises y fríos.
