EL DESTRIPADOR DE ALMAS OLVIDADAS

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En una choza abandonada, escondida entre árboles. Un hombre desarrapado, sin expresión alguna ni luz, esperaba tumbado en su destrozada cama el momento de salir de nuevo a buscar esa pieza que años atrás, una bruja le arrebató. Aunque ni siquiera recordaba el por qué.

Su mente, solo reproducía aquél doloroso momento en el que su cuerpo, perdiendo todo resplandor, se volvió un recipiente vacío de carne y hueso, pues eso fue lo último que el hombre sintió, el desvanecimiento de esa pieza robada, su alma.

Como cada mañana al salir el sol, el hombre aguardaba sentado en cualquier lugar de la ciudad para ver y sobretodo oler, todas esas almas que cruzarían frente a él, cual comida recién hecha.

A diferencia de los otros mendigos, él no pedía nada, simplemente trataba de sentir el paso del tiempo mientras observaba el caminar de los transeúntes, buscando así al más puro de ellos.

Ese día, el perfume más dulce e intenso que jamás había olido, pasó a tan solo unos centímetros de él. Lo desprendía el alma de una chica llamada Alba, una joven con una dolorosa vida repleta de maltrato y abandono, nada que ver con las típicas preocupaciones de una adolescente normal.

El hombre se levantó rápido y empezó a seguirla manteniendo cierta distancia para no levantar sospecha, pero el ruido que emitía al inhalar fuertemente ese aroma que ella dejaba atrás y que se intensificaba paso tras paso, la hizo percatarse de que alguien la seguía. Extrañada y cada vez más asustada, antes de conseguir verle la cara, apresuró su paso hasta encontrar un lugar donde esconderse, un edificio cualquiera.

Una vez dentro, y con la puerta bien cerrada, Alba telefoneó a un amigo para que fuera a buscarla, pues desde el cristal de la puerta podía ver a aquél espeluznante hombre esperando a que saliera, caminando de un lado al otro tratando de disimular.

El sol caía, las horas pasaban y el amigo de Alba seguía sin aparecer.

Por suerte para ella, cuando volvió a mirar a través del cristal, parecía que el hombre se había cansado de esperar, así que tras asomar la cabeza una vez más y comprobar que no continuaba allí, salió corriendo calle arriba sin mirar atrás.

De verdad creía que había salvado su vida.

Pero al doblar la esquina, un cuchillo le atravesó la tripa catapultando su alma hacia arriba. Entonces el hombre, sujetando el cuerpo, besó sus labios, devorando así aquella alma que por un breve instante, le devolvería el sentir. Pero igual que con las demás, al final, se desvanecería.

Desde aquél día, ningún aroma tan cautivador ha cruzado frente al hombre condenado y las nuevas e insignificantes almas de sus posteriores víctimas, se van mezclando en un eterno mar de ellas, dentro de un pequeño frasco de cristal que el hombre custodia sin descanso, con la viva esperanza de que quizás, cuando esté lleno, pueda recuperar su anhelado resplandor.

Actualidad:

– Sus incontables víctimas siguen apareciendo con un cuchillo clavado en las tripas, pues allí es donde reside el alma. De todas ellas, el chico al que Alba llamó, es el único que sobrevivió (quizás no le interesaba).

– Día tras día, ciudad tras ciudad, el hombre sigue reuniendo almas dentro de su tan apreciado frasco de cristal.

EL DESTRIPADOR DE ALMAS OLVIDADAS [incluye BSO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora