Dimensionales: Su lugar especial (Sabriel)

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Supernatural – Sam y Gabriel


Sam había terminado de guardar sus cosas en la pequeña mochila que tenía y estaba a punto de dejar el cuarto de hotel en el que se alojó mientras, junto a su hermano, se hicieron cargo de un hombre lobo descontrolado. Estaba cansado y deseaba dormir por unas horas, pero Dean estaba decidido a partir pronto al búnker porque tenía "cosas" que hacer, cómo si no supiera que esas "cosas" tenían que ver con cierto ángel que esperaba su regreso.

Castiel llamó a su hermano más de cinco veces solo en el última par de horas y en todas, Dean, se iba a un lado a hablar en tono bajo, luego regresaba con una sonrisa estúpida en el rostro. Sam suspiró cansando, era obvio para él y para todos realmente que ese par estaba al fin solucionando sus problemas de acercamiento.

Miró a todos lados por si algo se le olvidaba, aunque realmente no lo hacía, solo sentía la necesidad de echarse en la cama y dormir por lo menos unas 10 horas corridas. Lo malo, es que no lo haría, lo bueno era que al menos podría dar una cabeceada por rato en el impala.

A veces solo quería tener una pausa, un recargue de baterías, pero en el mundo en que vivía no podía hacer eso.

Tomó su mochila y cuando se la echó al hombro algo le dijo que no estaba solo en esa habitación, así es que más por instinto que por curiosidad, volteó rápidamente para ver quién había irrumpido sin anunciarse.

—Hola Samy —saludó Gabriel, el arcángel que por un buen tiempo se hizo pasar por el dios Loki y que tantos problemas les había traído cada vez que aparecía.

Estaba seguro que ese no sería la excepción.

— ¿Qué quieres Gabriel? —Habló con voz cansada y maldijo que no pudiera ocultar su estado de ánimo y físico.

Un silencio que comenzó a ponerse incómodo se instaló, cuando pensó que el arcángel solo se le quedaría mirando, habló serio, sin el típico tono burlón con el que solía hablar.

—Vaya, el gran Samuel Winchester está ¿cansado?

—No, solo algo... —después de una pausa, no vio razón para negar lo obvio— cansado.

La risa de Gabriel le dio un mal augurio, aun así no tenía ni las fuerzas ni las ganas para intentar siquiera pensar en lo que a ese loco arcángel se le pudiera ocurrir.

— ¿Qué, Dean no te da vacaciones?

—Como si se pudiera tener vacaciones en este negocio —respondió dejándose caer sentado en el borde de los pies de la cama, su mochila cayó a un lado de sus piernas—. A veces quisiera solo que esto —movió las manos hacia el aire abarcando todo— si fuera distinto, no más fantasmas, no más licántropos locos... no más nada...

Sam bajó la cabeza y miró hacia sus pies, no sabía por qué había dicho todo eso, pero era algo que muchas veces pensaba. Él siempre deseó otra vida, en otro modo de pasar sus días.

—Bueno, tal vez tenga la solución a tu problema... —escuchó la voz de Gabriel escalofriantemente seria.

Lo último que vio fue la cara sin expresión de Gabriel, una fuerte luz que lo cegó y todo quedó en el olvido de un sueño reparador.

* * * * *

Un sonido extraño fue despertando a Sam de una de las mejores siestas que jamás hubiera tenido. De a pocos, fue reconociendo esos sonidos y pudo darse cuenta de que eran pájaros que cantaban, también había un ruido que se mezclaba con el de las aves y que fue tornándose fastidioso.

Las curiosas formas del amor - Fictober 2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora