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Ambos íbamos en el auto en silencio, yo estaba manejando y él se encontraba a mi lado mirando a la ventana como siempre hacia, cómo si aquel vidrio tuviera algo entretenido o interesante. Lo miraba de reojo cada vez que podía, aprovechando los momentos en rojo, cuando le daba el paso a otros autos o a peatones que transitaban por la calle con paraguas, otros corrían tratando de no mojarse. Aún así, no me devolvía la mirada ni mucho menos cambiaba su expresión, solo seguía allí, observando todo lo de afuera. Y no me molestaba, estaba acostumbrado.

El camino se nos hizo largo por culpa de la lluvia, la gente prefería manejar en tono medio para no ocasionar algún accidente. No era muy tarde, así que teníamos tiempo para llegar así que no teníamos mucha prisa.

—¿Quieres comer algo después?

No me respondió. Se quedó en silencio mientras yo nuevamente guiaba mi mirada al camino. Pude sentir como se acomodaba en ella siento provocando que lo mirara, dándome cuenta que él también lo hacía... oh, bueno, de alguna forma, aprecié sus ojos cafés mirando hacia abajo evitando los míos. Asintió e intentó conectar nuestras miradas, sin embargo no pudo más que por 3 segundos que para mí fueron los más rápido que había vivido, rápidamente volvió a acomodarse para seguir observando por la ventana cerrada. Solté un suspiro, volviendo a concentrarme en el recorrido para llegar a nuestro destino.

Me deshice del agarre que hacía el cinturón en nosotros, bajé del auto abriendo un paraguas sobre mi cuerpo y prácticamente llegué corriendo a su lado pues también se había bajado. Lo atraje a mi para que se pusiera debajo del objeto evitando que se mojara. Tendí mi mano hacia la suya esperando que diera el primer paso. Su cuerpo se estremeció e intentó acercarse, pero tan rápido como lo trató de hacer, rápidamente se detuvo. Una vez más luego de unos segundos más, volvió a hacerlo pero esta vez sí logró tomar mi mano con mucha timidez, sonreí ante el gesto tan tierno y entrelacé nuestros dedos comenzando a caminar.

Cerré el auto con llave antes de entrar al lugar, apenas entramos guardé el paraguas dejándolo entre mi brazo y cintura, para así comenzar a caminar hacia la recepcionista. Ella no había notado mi presencia aún, estaba mirando unas cosas (ojalá y sean importantes) en la computadora a la vez que atendía las llamadas. ¿Cómo podía con tanto? Al ver que el tiempo pasaba y ella seguía metida en lo suyo, carraspeé para llamar su atención pero antes de empezar a hablar, alzó su mano demostrando que la separara unos 5 minutos más... de acuerdo, puedo esperar así que asentí.

Al cabo de un rato las llamadas cesaron, suspiró con cansancio supongo, se veía bastante agotada y terminó de hacer lo que tenía en el computador para por fin mirarme, después miró a mi chico y nos sonrió amablemente.

—Buenos días. Disculpe por haberlo hecho esperar. ¿En qué les puedo ayudar?

—Buenos días. Estamos aquí para una cita con el doctor.

—Claro. ¿Nombre del paciente?

—Jimin, Park Jimin.

—Aquí está —dijo luego de haber tecleado y nuevamente nos miró—. A las once y media, en un rato los llamarán, no hay mucha gente hoy. Tomen asiento.

Agradecí antes de ir a los asientos mirándola una vez más antes de sentarme, podía no haber mucha gente pero sí que recibían llamadas. Jimin se sentó a mi lado algo cohibido, la idea de estar en este sitio no le agradaba mucho, le hacía sentir incómodo. Empezó a jugar con mis dedos sin darme cuenta, entrelazando nuestros dígitos de vez en cuando y pude notar una pequeña sonrisa en su rostro, haciéndome sonreír también. Pasado el tiempo, en ningún momento soltó mi mano y eso me conmovió, dejé un cálido beso en su mejilla por ser tan adorable, viendo como se estremecía. Estaba arrepintiéndome de haberlo hecho al pensar que lo había incomodado, pero al notar un pequeño sonrojo haciéndose presente en sus mejillas me hizo sonreír una vez más y acariciar su mano con lentitud.

Autismo | yoonmin Donde viven las historias. Descúbrelo ahora