Despertando

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Me desperté preocupada. La noche anterior había sido terrible... discusión tras discusión, la impotencia de mi alma gritando a todo pulmón al darme cuenta que nunca había sido amada.

Roberto seguía dormido, volteado hacia el otro lado. Casi nunca ronca, ese no era el problema. Se veía con tanta paz, casi como si hubiera estado a punto de despertar de una de las mejores noches de sueño de su vida en el año... podía ver su cabello negro, un poco despeinado, en la parte trasera de su cabeza; las sábanas blancas lo cubrían hasta la espalda, desnuda.

"Esto no es lo que necesito en mi vida", pensé. "Él no me ama... si me amara, hubiera entendido que yo lo necesitaba presente el día de los 50 años de mi madre, y que era muy importante para mí que conociera a mis papás. No hay vuelta de hoja. Pero, pero... ¡no, no lo entiende! Está clarísimo después de lo que pasó anoche. Simplemente no lo entiende, y probablemente nunca... nunca... lo entenderá." Seguí pensando. Revolucionada a mil kilómetros por hora, mi mente no podía (ni iba a) calmarse. Una vez más, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, al mismo tiempo que intentaba volver a quedarme dormida - cayó una gota en mi almohada.

Roberto volteó su cabeza hacia mí, aunque seguía dormido. Yo, finalmente dormida de nuevo, moví un poco mis piernas... muy poco, pero lo suficiente para notar que mi sueño había sido interrumpido. No me desperté. Ahora volteando el uno hacia el otro, como cualquier pareja completamente enamorada, seguíamos durmiendo... parecíamos la pareja perfecta que yo siempre había querido formar. Sin embargo, el universo tenía un plan distinto para mí y yo estaba a punto de darme cuenta.

Pasó una hora, seguíamos dormidos en la misma posición, en el mismo estado tan pacífico. Sin embargo, tan solo el hecho de que uno de los dos despertásemos hubiera sido suficiente para que la realidad se revelara ante nuestros ojos... yo abrí los ojos abruptamente. Había tenido un pacífico sueño en el que mi madre y yo estábamos desayunando en uno de los cafés más populares del West Village. El amor mutuo entre mi madre y yo en ese sueño era paralelo al amor que aparentaba la posición de Roberto y mía, acostados uno frente al otro, mientras dormíamos.

Me levanté, caminé bordeando la pared, y di vuelta hacía el pasillo que me llevaba al baño. Abrí la llave de agua fría del lavabo y comencé a enjuagarme la cara. Lo hice durante suficiente tiempo como para quitarme el maquillaje de una larga noche de bodas, aún si la noche anterior había sido una noche completamente distinta. Cerré la llave, levanté la cara para verme al espejo, tomé la toalla pequeña y cubrí mi cara por completo, para secarla. Deslicé la toalla un poco hacia abajo, deteniéndome justo sobre mi nariz, revelando solamente mis ojos para poder verme de nuevo en el espejo. No podía creer mi realidad. Me quedé en la misma posición durante cinco minutos.

Había mantenido mi amor por Roberto en secreto. Había tenido miedo. Sin embargo, la conversación de la noche anterior había hecho que me diera cuenta de que él no tenía el mismo tipo de sentimientos por mí, que yo por él. Pero yo esperaba ser correspondida, a pesar de mi silencio. Siempre había estado en duda, con miedo, a la defensiva... en control. Pero ahí estaba, mi vieja amiga llamada vida enseñándome una lección... a pesar de considerarme una mujer muy fuerte, me daba cuenta que mi corazón se estaba quemando por dentro - pero, esta vez, por dolor, en lugar de amor.

Roberto abrió los ojos. Asumió que yo me había despertado e ido a preparar café a la cocina. Me buscó en el cuarto pero mi ropa ya no estaba ahí. Se levantó y no vio mi bolsa de cuero, mi maleta, mis llaves... la puerta estaba semiabierta.

Al entrar al baño, encontró una nota con su nombre escrito. Yo ya me había ido.

El Universo y YoWhere stories live. Discover now