Nueve

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Dana no pudo pasar mucho tiempo en la casa de Jason, ella necesitaba salir a caminar y tomar un poco de aire. Entre sus planes estaba encontrar un nuevo atuendo, por suerte tenía efectivo en su bolso. La vida se estaba volviendo complicada ahora que se convirtió en una mujer buscada.

Sin dar muchas explicaciones y acordando regresar antes de que caiga la noche, ella salió a caminar por Intiyahuar. Todo se veía tal y como lo recordaba. Las calles llenas de vehículos, y personas caminando de un lugar a otro. Dana recordó con melancolía aquel tiempo, hace pocos meses, cuando ella era parte de todo. Ahora parece una ilusión que pocos se obligan a aceptar.

Las reglas de juego cambiaron de forma drástica, ella debía sobrevivir lejos de todo lo que antes era normal. ¿Qué estoy haciendo? pensó Dana, cruzando por un paso peatonal. Será mejor que cambie de atuendo lo antes posible, pero era demasiado tarde. Germán, el vicario de la Iglesia Basílica, ya había sido informado por el equipo de vigilancia, ellos tenían control de las cámaras de la ciudad, y el sistema de reconocimiento facial la encontraron con facilidad.

Esta vez, pensó Germán, no te vas a escapar. Me encargaré personalmente de eso.

German vestía un alba y estola cruzada distintiva de su rango. Sin embargo, y a diferencia de los vicarios que estamos acostumbrados a encontrar adquiriendo devotos, él era alto y fornido. German debía estar en los mediados de sus treinta, tenía la piel de su cabeza completamente depilada, y parecía más un boxeador disfrazado que un miembro de la iglesia.

Él estaba a cargo de la misión, y ha perdió demasiados hombres para dejar que otros hagan su trabajo.

"Mantenme informado," dijo Germán, a un subalterno en el cuarto de vigilancia de la Basílica. "Voy a ir tras ella."

Él salió con prisa, levantando su copia de las sagradas escrituras. Germán caminó hasta el altar y se arrodilló frente a la escultura de una persona agonizando en una cruz, sin remordimientos, ni simpatía por el dolor de ese pobre hombre. Él empezó a leer su libro, las palabras parecían perderse al salir de su boca, como si estuviera susurrando un secreto.

En las catacumbas de la iglesia, una llama negra se encendió en el cuarto de sacrificios. Carmela se sorprendió al ver el fuego, y estaba segura de que se trataba de una señal divina.

"Hermanas, hermanas," dijo Carmela, para llamar a otras cinco monjas enclaustradas. "El padre nos ha enviado un mensaje."

Rodolfa tomó una copia de las sagradas escrituras y empezó a leer. Ella sabía exactamente lo que significaba cada runa, y lo recitaba con coraje.

Las otras monjas se colocaron en sus respectivas posiciones alrededor de la llama. Todas repitiendo las mismas palabras, una y otra vez para realizar el conjuro.

Rodolfa siguió hasta leer la última línea y cerró su copia de las sagradas escrituras. Para este entonces el fuego se volvió insoportable, forzando a las monjas a retroceder hacia las paredes de piedra.

"Hermana," dijo Carmela. "¿Puedo ser la elegida?"

Rodolfa asintió con la cabeza, un sensación de alivio se apoderó de ella. "Ve a los brazos del padre."

Con eso, Carmela caminó al interior de la llama, con un grito de dolor cayó al piso, después solo quedaron cenizas.

"Padre," dijo Germán, todavía arrodillado frente al altar. "Concédeme la fuerza para luchar en contra de los que se oponen a tu palabra."

Frente al altar, a pocos pasos de Germán. Una nube negra empezó a formarse. Esta fue creciendo lentamente hasta que se volvió imposible ver a través de ella. Pero esta no era la primera invocación que realizaba, así que pasó las páginas de las sagradas escrituras. La nube empezó a disiparse, dejando atrás un ser confundido, el demonio de cuernos negros y piel roja, que se veía más grande y fuerte que Germán.

Sin embargo, y antes de que sea demasiado tarde, Germán empezó a leer las runas de las sagradas escrituras. Una fuerza invisible sostuvo al demonio, estirando sus piernas y brazos para que no pueda moverse. Germán terminó de leer y la criatura se rompió en pequeños pedazos, dejando una cocha de sangre negra sobre el piso. Luego, como una armadura, la gruesa piel de la criatura flotó hasta cubrir el cuerpo de Germán. Finalmente quedó la cola flotando frente a él, solo que se veía más como una espada.

Dana continuaba buscando un atuendo adecuado. Ella se probó un vestido escotado color azul pizarra oscuro de hombros descubiertos, y un par de botas de montaña. Al mirar su imagen en el espejo notó que el atuendo se adapta muy bien a su figura y escondía las botas. Me lo llevaré, ella pensó, girando su rostro para arreglar su cabello ondulado negro. Dana estaba lista para regresar a la casa de Jason.

Sin embargo, y antes de que pueda llegar a la caja registradora, Dana notó que el lugar estaba vacío y la mayoría de luces del centro comercial apagadas. Tengo que salir de aquí, ella pensó. Recordando lo que pasó la última vez que los hombres de negros santificaron un lugar. Ella corrió, sin mirar atrás, segura de lo que estaba por suceder.

Junto a las gradas eléctricas, apagadas, se encontraba la cola del demonio clavada en el suelo. Luego de un instante, el vicario cayó del segundo piso y tomó el arma como una espada. "No tienes escapatoria, bruja."

SibilareDonde viven las historias. Descúbrelo ahora