Capítulo 19

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Mientras me marcho.

Slien, Alemania.
18 de Septiembre, 2019.

Haiol Blue✖

Quería desquitar mi furia con algo, ¿Pero cómo hacerlo estando esposado?

— Si eres de los míos, ¿No crees que es patético querer lastimarme? — le eché un vistazo a Blaz, su cabello castaño brillaba entre las luces de las velas.

— Eres mi primo, Haiol.

— Es tu día de mala suerte, no me considero un Haider.

Sinceramente, no me tomó por sorpresa su confesión, recientemente me había enterado que tenía dos padres ¿Cómo podría erizarme la piel la novedad de tener un primo loco?

— Hagen no era hijo único — Blaz acarició mi barbilla con la punta de un brillante cuchillo.

Ahí fue cuando deseé tener bellas advertencias en mi piel, con colores resaltando peligro en cada letra. Los fenómenos siempre han sido únicos, tóxicos, y algunos inexplicables, cuando menos lo esperas, te conviertes en uno, porque ellos son reales y una vez que entras no sales siendo el mismo misterio.

Le advertí a Blaz con una mirada el final de su legado, a diferencia mía, él si poseía el apellido que con tanto honor cuidaron nuestros ancestros años atrás.

Era un Haider.

¿Y yo? Un caso muerto para todos.

— ¿Dónde estuviste todo éste tiempo? Recuerdo que nos conocimos en Piotet, mi familia y yo éramos nuevos en el pueblo, extrañaba mucho — hablar de los recuerdos de mi familia legal era una grata mezcla entre la alegría y la tristeza — Tu compañía fue hogareña, nunca había apreciado tanto a un amigo...

Usé mis pies para golpearlo, no era momento de medir riesgos, estábamos rodeados de peligro, y lo suficiente como para morir quemados en un rincón de la ruina.

Específicamente en el de sacrificios.

— Es por eso que hago esto — aproveché para arrastrarme en el suelo y tomar el cuchillo antes que Blaz —, es mi manera de expresar mi aprecio.

— Tu padre legal sólo sabe vender drogas y hacer infeliz a los suyos— llevó mis brazos detrás de mi espalda, liberándome de las esposas. Él estaba siendo muy sínico al reírse de mis golpes, que  únicamente provocaron más su ira.

— ¿El te ordenó que me mataras?— la extraña tos me atormentó, apoyé mis dos manos en el suelo e intenté levantarme, me sentía débil, lo que escapaba de mi boca no se veía nada bien, porque era sangre.

— Tu amado padre me liberó — sus manos sostuvieron mi espalda y me dio la vuelta, dejando caer mi cuerpo nuevamente en el suelo.

Mi propia saliva me ahogaba, seguía tosiendo y el dolor en el estómago comenzó a hacerse presente, dejándome casi sin aliento. Vi el techo muy borroso y movedizo, sentía que en cualquier momento los muros y las paredes caerían sobre mí.

— ¿Qué es lo que buscas en mí?— un frío intenso recorría mi cuerpo, no tenía idea de cómo eran los finales, pero sentía que vivía el mío.

— ¿No conoces la historia? — caminó hacia mi para darme tres patadas en la espalda.

Mi cuerpo no toleraba más golpes, inmediatamente mi boca comenzó a liberar sangre, al mirar mis manos me tensé por completo; tenía la piel demasiado seca y parecía que iba a desmoronarse muy pronto. Creí en las locuras a toda costa, aún no tenía un diagnóstico contundente que pudiera explicar la razón de mis extraños síntomas, pero se lo atribuí a la horrible marca creciente que tenía en mi brazo.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora