Lacerantes temores

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Después de la última conversación que había sostenido con Tatiana, Fiorella no podía parar de darle vueltas a las palabras de su amiga. Si bien la joven Morales había tenido la intención de aconsejarla y no pretendía alterarla al decirle lo que le dijo, ese era justo el efecto que había conseguido. La morena no paraba de morderse las uñas ni de sacudir las piernas de un lado a otro como si eso pudiera aliviarle la ansiedad. No lograba sacarse aquel molesto gusanito de la duda que estaba carcomiéndole las pocas neuronas sensatas aún despiertas en su mente.

"Tal vez lo de ahora sí fue un accidente, pero ¿qué vas a hacer si se repite? Si él tiene la costumbre de resolver las cosas a golpes, cualquier día podría pegarte si se enoja contigo". De solo imaginar que Mauricio pudiese ser un golpeador disfrazado de caballero, se le revolvía el estómago. Los vellos de la nuca se le erizaron con el desafortunado recuerdo de Elías. La muchacha sacudió la cabeza para apartar las desagradables sensaciones que le producían aquellas imágenes mentales indeseadas. No quería darle rienda suelta a ideas como esa sin siquiera haber aclarado el malentendido.

Mientras la chica caminaba de vuelta hacia el apartamento, su cuerpo entero empezó a temblar. La quijada le castañeteaba como si la temperatura ambiental hubiese descendido drásticamente de un segundo al otro. Tuvo que forzarse a respirar profundo para no echarse a llorar sin motivo aparente. Aunque había logrado conservar la calma a lo largo del día, cuando el momento del encuentro con el muchacho estaba a las puertas, su ánimo comenzó a caer en picada. Una palidez enfermiza se había adherido a su semblante cuando caminaba hacia el puesto del agente de seguridad.

—James, por favor dígame, ¿él ya regresó? —preguntó ella, con la frente poblada de las arrugas propias de la angustia.

—No, aún no lo he visto entrar —El hombre presionó los labios en un gesto de pesar—. Roger me dijo que él tampoco lo vio pasar durante su turno.

—Entiendo. Muchas gracias por estar pendiente —El encorvamiento de sus hombros hacía juego con el decaimiento presente en su mirada—. Seguiré esperando, entonces. Nos vemos mañana.

—No se preocupe tanto, señorita. El joven Escalante de seguro regresará muy pronto —Le dedicó una sonrisa amable—. ¡Que descanse bien esta noche!

Fiorella se limitó a esbozar un débil gesto parecido al del hombre, para luego comenzar a caminar hacia las puertas del ascensor. En su bolso llevaba comida y bebida suficientes para soportar la jornada en vela que le esperaba. Se había propuesto montar guardia en la puerta del apartamento del muchacho esa noche. En caso de que él decidiera regresar en secreto, no podría evadirla porque estaría justo en frente de la puerta de la casa.

Tal vez Tatiana también tuviese toda la razón en cuanto a que esa extraña idea suya era una medida desesperada que rayaba en auténtico acoso por parte de una novia paranoica. Quizás resultara ser contraproducente. Sin embargo, estaba más que decidida a hacerlo. La chica no esperaría sentada a que las cosas cambiaran por sí solas, sino que deseaba ser ella quien alterase el curso de los eventos de ahí en adelante.

Después de acomodar una pequeña almohada sobre el piso y colocarse una manta sobre las piernas, la jovencita se sentó encima del cojín con las piernas cruzadas. Luego de ello, se colocó un par de grandes auriculares de color rojo. Tras liberar un suspiro, tocó el botón de reproducción de música en su teléfono. Decidió poner una lista de canciones relajantes en orden aleatorio y dejarse llevar por las melodías para despejar un poco la mente. Pocos segundos después, su boca empezó a moverse para repetir la canción que escuchaba.

Lying in my bed, I hear the clock tick and think of you. Caught up in circles, confusion is nothing new. Flashback, warm nights almost left behind. Suitcases of memories. Time after...

Fiorella a cappellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora