Capítulo 18

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Blaz y la condenación.

Slien, Alemania.

Dagna Zweig

¿Serpientes?

— ¿Qué harás Kahler? — di un vistazo a mi alrededor, intentando descifrar los más mínimos detalles.

— Te lo advertí Dagna  — me dijo Heng —. Terminarás ahogándote en tu propia miseria.

— Seremos dos — comencé diciendo lentamente —, miserable mentiroso.

Mi voz se quebrantó, no tenía idea de lo que realmente debía estar pensando en ese momento. ¿Era Kerstin o las serpientes? ¿Qué me mortificaba más? Acababa de enterarme que la chica que fingió ser mi amiga durante un largo tiempo era mi hermana, la razón por la que papá desaparecía tomando como excusa su trabajo y esa búsqueda de vida mejor para su ¿Segunda familia? ¿Qué papel teníamos realmente mamá y yo en la vida de ese hombre mentiroso?

Tal vez ninguno que le importara, por eso huía, desparecía, nos hacía daño, tomó una decisión y quizá eligió a Kerstin, Heine, da igual, es la misma basura acechando mi vida.

— Duele que tu propio padre te rompa el corazón — asintió Heng  caminando hacia atrás, con las manos en sus bolsillos —. Estarás bien, no intentes suicidarte, vive a lo máximo cada etapa del duelo.

— ¡Lo gozaré cuando mueras, infeliz! —  le dije con una profunda rabia en mi voz, recogí una piedra y la aventé hacia él.

— Lamento tu mala puntería, me hubiera gustado verlo llorar por otro golpe — Kahler me tomó del brazo, en cuanto lo vi no pude desviar la mirada, él tenía los ojos demasiados cansados y su nariz estaba sangrando.

—Cielos, ¿qué está sucediéndote? — le pregunté alarmada, hasta olvidé que lo odiaba.

— Hago lo que el resto no hace — habló en un tono bajo —, Fui sincero contigo ¿Y me tratas así?

— ¿Así cómo?

— Heng es un inútil a profundidad —Kahler empezó a marearse, su frente no paraba de sudar y su respiración estaba demasiado agitada —. El sabía que podrías jugar de maravilla y permitió tu presencia.

— No estoy entendiendo Kahler, pero buscaremos ayuda, luces fatal — coloqué su brazo por encima de mi hombro e intenté avanzar lo más rápido que fuera posible, pero Kahler se resistía.

— Gunn Water y mi padre quieren limpiar éste pueblo y Piotet — se rió. A mi me dio escalofríos percibir algo de entusiasmo en su risa.

— Eso ahora no importa — lo forcé a levantar su cuerpo, aunque el siguiera quejándose —. Te ves terrible Kahler Holbein.

— Una novata bailarina me pisó los pies más de una vez — agachó la cabeza, soltando un suspiro —, luego me vomitó en la cara ¿Cómo podría verme bien ahora?

— ¿Qué planeas?

—¿Qué le pusiste a mi bebida Dagna? — una extraña tos comenzó a ahogarlo.

— Nada — le respondí segura, separándolo de mí.

— Hay segundas opciones, siempre — me observó con una sonrisa —. Si tus amiguitos son los elegidos, van a morir, Vonn Water y yo escogimos serpientes para divertirnos como nuestros viejos ancestros.

— Liberarán serpientes — susurré  horrorizada.

— Hay un lugar especial para acelerar la demencia. Algo me decía que llegarían en busca del collar que resultó falso y así fue.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora