Capítulo 18

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Salí del dormitorio cuando el reloj de mi móvil marcó las 8:00 de la noche y me fui a dar una ducha rápida. El agua seguía siendo un cubo de hielo sobre mi piel, pero me quedé bajo el chorro más del tiempo necesario envuelta en mis pensamientos. Para cuando salí del cubículo creo que ya tenía la temperatura de la nieve. Entre estremecimientos me cambié a un pijama limpio y fui directo al comedor; ya era hora de la cena. Al llegar no pude ignorar que todas las miradas estaban puestas en mí. Comí llena de apuro y me dispuse a regresar a mi dormitorio cuando terminé, pero en medio camino alguien me llamó. Los músculos de mi espalda se tensaron al escuchar su voz. Suspirando, me giré y lo encaré.

—¿Qué? —disparé.

Drake frunció el ceño como si le hubiese dicho algo ridículo. Se detuvo frente a mí.

—¿Estás bien?

—Sí, claro que estoy bien, Drake. De maravilla —farfullé.

—Oye, ¿qué te sucede? —Empezó a acercarse y cuando estiró una mano hacia mí me aparté—. ¿Palomita?

—No me digas... no me digas así —espeté, mirando hacia otro lado.

Silencio.

—Bien, no sé qué bicho te picó.

—No me picó ningún bicho, Drake. —Eché la cabeza hacia atrás y respiré con pesadez—. No tengo ánimos para hablar.

—¿Conmigo no, pero con Damian sí? —Lo miré, sorprendida. Se rio amargamente, pero su risa se desvaneció rápidamente—. Lo vi salir de tu dormitorio hace un par de horas. No soy estúpido, Brooke.

—Me alegra que no —dije, con voz filosa.

La mandíbula de Drake palpitó.

—¿Qué está mal contigo? Ahora no solo me evitas, sino que haces que todo el mundo se entere de eso. Sí, todos no hacen más que preguntarme qué pasó entre nosotros porque de un día a otro simplemente me ignoras como si no existiera. Así que, dime, Brooke. ¿Es Damian? Porque te juro...

—No, Drake, no es Damian. En realidad, no tiene nada que ver con él, ya te lo dije.

Maldijo entre dientes y rascó su cabeza, frustrado.

—Entonces, ¿qué? ¿Ah? —Le aparté la mirada y me quedé muda. Se adelantó y me tomó por los hombros—. Dime, Brooke, porque me voy a volver loco.

Apreté mis dientes con fuerza. Tenía tantas ganas de gritarle toda la verdad en la cara, quería tanto ver su rostro de sorpresa al darse cuenta de que estaba al tanto de todas sus mentiras. Quería todo eso, pero no iba a complacerme, no ahora. Las cosas aquí dentro se estaban poniendo feas, realmente feas, e iniciar esta pelea no era lo mejor en estos momentos porque yo no iba a ceder hasta que Drake confesara, y él... a lo mejor ni siquiera lo hiciera. Tenía mayores problemas para pensar, que Amos se enterara de que había registrado su despacho solo empeoraría las cosas.

Me removí apartándome sus manos de encima.

—Olvídalo, Drake. No tiene sentido.

—Claro que sí. Tiene sentido para mí, ¿vale? —Sujetó mi rostro y me obligó a mirarlo—. Vamos, Brooke, sé que todavía te importa esto.

Cerré los ojos con fuerza, conteniéndome. Cuando los abrí le envié una mirada cargada de dolor e ira. Estirando mis brazos, lo empujé lejos de mí.

—No, Drake, te equivocas. Al que no le importa y nunca le importó fue a ti. Así que déjame en paz de una vez por todas y desaparece de mi vista.

Me giré antes de que tuviera algo que decir, pero me paré en seco al ver a Amos de pie a metros de nosotros con los brazos cruzados y una mirada entrecerrada puesta en nosotros.

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