PRÓLOGO

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—La noche es joven...—Pronunció en un murmuró dejando que su aliento chocase con el cuello de su contraria, tanto tiempo anhelando ese contacto y por fin le fue concedido.

Sus manos aprisionaban sus muñecas contra la pared con la suficiente fuerza para inmovilizarla, pero insuficiente para lastimarla, aunque dadas las circunstancias no era como si aquella bella dama de ojos azul verdoso quisiera escapar.

—Kara...—Suspiro acercando más su rostro al suyo.

—Te lo dije...—Soplo en su oído—...de mi nadie se escapa.

.

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Fue en una noche despejada, la luna brillaba en lo alto del cielo nocturno, extrañamente las estrellas estuvieron tímidas en su mayoría. Corría el año 1912 y Kryptón apenas estaba recuperándose de la batalla que tuvieron contra Daxam en 1904, últimamente las tensiones entre ellos estaban densas, así como las relaciones de los países saturninos. El régimen últimamente se iba por el caño y en palabras elegantes, todos hacían lo que querían, las pequeñas villas se regían por los nobles, los cuales se hacían con dinero lo que querían.

Tal es el caso de los Danvers, una familia de gran renombre que había servido al lado del emperador. Kira Danvers, de 20 años era la cabeza de dicha familia y tomaría el mando oficialmente una vez que el actual señor, Jeremiah Danvers, abandonara el mundo. Así fuera difícil de creer, Kira no deseaba del todo el puesto así que mientras más tardará el viejo en morir, mejor.

Kira era una persona que era principalmente conocida en la villa Argo por ser bastante galante. No había ninguna chica que no hubiera caído ya ante sus encantos, tal fue el caso de una de las tantas castas, Gayle Marsh. Gayle era una chica un par de años menor a ella de cabellos rubios y ojos cafés, la cual es ahora su preciada aprendiz, a pesar de ciertos eventos que le llevaron a la misma descubrir el gran secreto de Kira Danvers.

Kira Danvers era el típico estándar del hombre kryptoniano de aquella época, estatura promedio con sólo 1.70 m de estatura, complexión delgada pero robusta así como unos brillantes ojos azules como el largo cabello que ataba en una coleta baja como todos los espadachines del clan de los Danvers... solo que había un minúsculo problema.

Kara Danvers no era un "él" era un "ella". En pocas palabras, Kira vivió toda una vida engañando a todos acerca de su género. Su nombre era unisex, su rostro era en cierta manera andrógino, su voz era gruesa y profunda, bastaba poco para hacerla sonar masculina y para variar su cuerpo no estaba demasiado bien desarrollado aunque bien por precaución usaba unas cuantas vendas en la parte del pecho. ¿Por qué? Simple, las tradiciones.

Por regla general ninguna mujer podía liderar un clan pero debido a que el clan Danvers había sido gravemente afectado por la antigua guerrilla no quedaba más opción o de lo contrario todas las propiedades serían automáticamente propiedad del emperador y dicho emperador era uno bastante detestable. Por tanto, se le crío a Kira casi en secreto dentro de la finca perteneciente a la familia dejándosele conocer al público cuando ya tenía siete años bajo la excusa de que su abuelo, el señor Zor El le estaba entrenando en el arte de la espada, cosa que era cierta, no se le podía dejar mal.

¿Qué desencadenaron estas acciones? Una actitud bastante seductora y galante por parte de Kira, como bien se dijo antes, todas las chicas de la villa ya habían caído a sus encantos, aunque nunca descubrieron que aquel hombre con el que tuvieron sus arranques era una mujer al igual que ellas, exceptuando obviamente a Gayle la cual logró encender completamente el instinto en Kira para hacerla descuidarse.

Fue por esto que en aquella noche, cuando los ojos azulados de la Danvers se encontraron con la más bella mujer que vería en su vida, no pudo evitar acercarse a ella con un simple propósito: seducirla.

Se sirvió media copa de vino y tomo un sorbo antes de caminar a donde se encontraba esa mujer de cabellos azabaches y ojos verde-azulado (de claro linaje extranjero) observando con nulo disimulo cada uno de sus movimientos mientras hablaba amenamente con una chica menor a ella que poseía los mismos ojos que aquella bella desconocida.

—Buenas noches, siento molestarlas—Hablo posándose a un lado de la chica castaña—Veo que llevan tiempo aquí y no han charlado con nadie, como tampoco comido y bebido, me temo informarles que han roto el paradigma establecido en esta fiesta.

Como era de esperarse, ella siendo realmente mujer sabía exactamente qué cosas no decir si no quería perder todo tipo de oportunidad con aquella chica.

—Mire bien lo mucho que nos importa—Respondió con una voz madura, firme, segura de sí; el objeto de su atracción—Lamento informarle que no era nuestra intención presentarnos aquí por lo tanto no nos concentramos en seguir el paradigma.

—Oh, pobre de mí—De manera natural, Kira dejó la copa frente aquella mujer mientras exageradamente apretaba su puño contra su pecho—Tales palabras llenas de hostilidad por una bella voz han fragmentado mi sonrisa al verle, con un destellante cían entremezclado con el coral.

—Detenga sus palabras ahí—Dijo de inmediato mientras extendía ligeramente la palma de su mano frente a la rubia—Se a donde pretende llegar, de una vez le digo que no lo conseguirá con nosotras.

Una sonrisa condescendiente se dibujó en los labios de Kira.

—Creo usted que me ha malinterpretado—Respondió simple tomando de nuevo la copa (que aquella mujer ni siquiera había tocado) con esa misma sonrisa, por fin disponía de un reto—Mi intención nunca fue más allá de darles una cálida bienvenida, está claro que ustedes no son de esta villa y me sentiría apenado que durante mi presencia no se les diera un trato digno.

— ¿Y se puede saber quién es usted? —Pregunto.

—Kira Danvers a sus servicios—Se reverencio en muestra de respeto deleitándose ligeramente al ver el atisbo de sorpresa que se dibujó en el rostro de ambas chicas, su apellido era reconocido, pero tampoco se valdría de ello, no gustaba mucho de portarlo— ¿Me dejarían saber sus nombres?

La chica de cabellos castaños sonrío con algo de simpatía mientras que de alguna extraña manera la mirada de la azabache le perforaba.

—Un gusto conocerle, Noble Danvers.

—Con Kira basta, no pienso usar ese título más que en mi lápida.

La castaña asintió soltando una pequeña risilla.

—Ambas somos pertenecientes a región de la noble Prince, mi nombre es Samantha Luthor y ella es mi hermana mayor, Lena.

—Suena convenientemente extranjero—Señaló y sin que ninguna de las chicas se diera cuenta terminaron en la barra del lugar junto a Kira— ¿De dónde son? ¿Fausted, Keyson?

—Zenith City—Dijo Lena secamente dejando su bolso sobre la barra, una entrada la cual no desperdiciaría.

—Vaya, Zenith...—Saboreo, país cercano a Gotham que tenía sus complicaciones con el imperio—Hasta donde se ese lugar es bastante pacífico y está demasiado lejos... ¿Algún motivo en especial que honre vuestra presencia?

—No realmente—Dijo Lena y Kira se permitió reír un poco, la peli-negra le había abierto dos posibilidades con ese simple acto, ir tras ella o ir tras su hermana menor, Samantha.

Una persona normal iría con quien ya logró cierta simpatía, en este caso Samantha, y comenzar los planes de conquista, pero ella no.

Acostumbrada a tenerlo todo al borde de la mano, pudiendo tener a quien quisiera ella escogería a la única mujer que no seguía sus normas, que no se veía afectada por su presencia, eso tornaba las cosas mucho más interesantes, le otorgaba por fin, uno de los mejores retos.

Esa chica sería suya, tal vez no esa noche, tal vez tampoco la siguiente. Si una cosa era clara es que al final sería Lena Luthor quien anhelara su contacto mientras que Kira Danvers sonreía al saber que, al igual que siempre... Ella obtendría lo que quería. 

SEDUCCIÓNWhere stories live. Discover now