5 Solicitud esperada (Aziraphale y Crowley)

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Emotivo: Almas destinadas: Buenos presagios - serie tv.


El mundo, lugar variopinto lleno de fallas y virtudes imposibles de ignorar y no por eso juzgar.

Aziraphale, estaba sentado en su banca favorita disfrutando de la hermosa tarde de primavera. El día estaba fresco, un aroma floral circulaba en el ambiente, mientras niños y jóvenes disfrutaban del buen clima. Los mayores disfrutaban relajadamente de un descanso. Sin embargo, lo mejor era que a su lado estaba Crowley mirando a todos con el ceño, eternamente, fruncido. Jamás se lo diría, pero a él le parecía tierno ese gesto, porque sabía que usaba esa máscara para esconder el disfrute que estaba sintiendo en esos momentos a su lado.

Ambos amaban a la humanidad y sin embargo, cada uno lo demostraba de maneras distintas. Uno con el caos y el otro con el despiste e indiferencia, el detalle era que no estaba seguro quien era el autor de qué.

—Que aburrido... —habló de pronto Crowley con un suspiro demasiado teatral.

Así era él, todo drama, todo intensidad y todo despreocupado. Salvo cuando se refería a la protección de Aziraphale, ahí su actitud cambiaba a uno territorial y sobreprotector.

Él no era tan tonto como a veces parecía, Aziraphale se daba cuenta de que Crowley se desvivía por cuidarlo y estar atento a su bienestar, aunque eso pusiera en riesgo su propia seguridad. Y no es que él lo dijera abiertamente, no podía, pero le gustaba que él siempre estuviera al pendiente de su dicha.

— ¿Por qué las personas se ven tan felices? Han olvidado la contaminación, las guerras, la inseguridad...

—Ellos no lo han olvidado, Crowley. Solo se están tomando un respiro.

— ¡Vah!

Aziraphale intentó no reír con la pequeña rabieta de su amigo. Porque Crowley era su amigo y eso lo sabía desde hacía mucho, ahora que lo hubiera aceptado, eso era otro asunto.

—Deberíamos tener vacaciones —las palabras de Crowley lo sacaron de balance.

—Estamos de vacaciones —respondió confuso.

Después de todo lo sucedido con el Armagedón y con sus respectivos jefes, ellos acordaron tomar un respiro de todo y ayudaba que nadie los hubiera contactado. Ahora, tampoco era la primera vez que se lo propusiera, salir de vacaciones.

—Me refiero a unas vacaciones de verdad —dijo Crowley mirándolo sobre sus lentes oscuros dejando ver sus ojos reptilianos inquietantemente brillosos y traviesos.

—No te comprendo —balbuceó el ángel.

—Sí lo haces —sentenció Crowley con una sonrisa algo diabólica.

El cuerpo de Aziraphale se estremeció porque él sí sabía exactamente a lo que se refería, pero no quería demostrarlo ni aceptarlo.

—Estás demente —dictaminó en voz baja algo nervioso.

—Vamos, ángel, sabe que es lo que deseas y te lo puedo dar.

— ¿Y tú... deseas realmente eso? —Murmuró temiendo que alguien pudiera escucharlo preguntar aquello.

—Si no fuera así, no te lo ofrecería —respondió el demonio con aparente desinterés, volviendo su mirada al frente.

Crowley estaba sentado desparramado en la banqueta, mostrándose como si quisiera estar en cualquier lugar menos ahí, con una expresión de aburrimiento que no llegaba a engañarlo. Aziraphale, a su vez, estaba correctamente sentado disfrutando del momento. Claro, hasta que su amigo demonio l e expresó su deseo de tener "vacaciones".

Por varios minutos ambos estuvieron en un tranquilo silencio metidos en sus pensamientos y seguramente anhelos. Aziraphale, deseaba decirle que sí, que aceptaba su propuesta y que lo haría sumamente feliz, pero eso seguro ya lo sabía y Crowley solo esperaba que él se animara a verbalizarlo en voz alta.

—De acuerdo... —aceptó y escuchó la suave risa de Crowley.

—Bien, entonces te veré en el lugar de siempre para partir.

Y sin decir nada más se levantó y se fue dejándolo atribulado y nervioso. Aziraphale, suspiró rendido e intentó concentrarse en lo que necesitaría para lo que vendría. Miró a todos lados y se preguntó a dónde lo llevaría realmente y tanto pasaría durante ese tiempo. Había tantas cosas en su mente y a la vez, temía ponerlas en práctica, aunque sabía que su amigo estaría más que dispuesto a seguirlo en lo que sugiriera y lo cumpliría muy solícito, lo más que seguro fuera que Crowley estaría mucho más nervioso que él.

—Contéstame algo, ángel —la voz baja de Crowley lo sacó de sus inquietos pensamientos, asustándolo y anunciando que había regresado— ¿eres consciente de que en estas vacaciones, ambos seremos libres de ser quienes queremos ser?

Aziraphale cerró los ojos por unos momentos y cuando los abrió, sonrió nervioso y entusiasmado.

—Sí.

—Bien, entonces espero que no te contengas —lo retó.

El ángel se puso de pie, volteó a mirar al demonio y sonriente respondió:

—No me contendré, ¿lo harás tú? Porque pienso hacer de estas vacaciones las más inolvidables para ambos —prometió el ángel, dejando al demonio parado ahí mismo donde estaba pareciendo de piedra y confuso.

Aziraphale se retiró con la sonrisa más grande que recordaba tener alguna vez. Y sí, sabía que Crowley lo entendía y aceptaría todo lo que propusiera, aunque con algo de renuencia en un inicio, finalmente cedería a todas sus solicitudes como siempre lo hacía.

Esas vacaciones iban a ser inolvidables para ambos.

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Las curiosas formas del amor - Fictober 2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora