San Valentín: Valentín mundano (Malec)

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Cazadores de sombras, Cassandra Clare - Magnus y Alec


Magnus caminaba por la calle concurrida de la ciudad rodeado de personas ajenas al mundo de las sombras que existía ante sus ojos. Él disfrutaba algunas veces de ver las caras de aquellos mundanos ignorantes de los peligros que los acechaban; a veces algo divertido, otras no tanto.

En ese día en especial, todas las tiendas estaban adornadas con parafernalia sobre el día de San Valentín. El amor como tema principal, representado por corazones, globos rojos, rosas y demás adornos inundaban todo lo que veía, sin contar que cada dos escaparates se topaba con el bebé regordete en pañales que siempre llevaba arco, carcaj y flecha con punta de corazón.

Un arquero...

Sonrió al quedarse parado frente a una de esas ventanas de anuncios donde se veía a cupido sonriente apuntando a una pareja a su lado.

— ¿Qué es lo gracioso?

Magnus volteó a mirar quien le hablaba y vio a Alexander que lo miraba con expresión curiosa, su lenguaje corporal era relajado y estaba vestido sin el uniforme negro de cazador de sombras. Si es que a eso que vestían ellos se le podía llamar de esa forma.

—Solo miraba la curiosa decoración típica de la fecha —respondió luego de un suspiro algo dramático.

— ¿Imagino que no es la primera decoración de ese tipo que ves en tu larga vida? —Habló sonriente relajando todavía más la postura.

—No, no es la primera vez que los veo, pero sí es el primero que me hace recordar a cierto arquero sexy que conozco.

La expresión de Alexander decayó a una desconcertada y hasta preocupada. Magnus necesitó de todo su control para no besarlo y hacerle el amor ahí mismo o permitir que él se lo hiciera, adoraba que su novio fuera tan inocente para determinadas cosas y osado para otras; aunque indudablemente tener sexo en plena calle no sería una de esas cosas osadas.

—El arquero sexy, eres tú, garbancito —dejó en claro, Magnus.

Sonrió al ver la sofocación que produjo sus palabras en él y de cómo intentaba respirar calmado. A Alexander no le gustaban los halagos ni cumplidos porque era un hombre tímido y no era consciente de lo atractivo de su apariencia y del poder que tenía sobre él.

—Dijiste que nos encontráramos aquí ¿qué tienes en mente? —Preguntó aclarando su garganta en un intento de desviar la conversación sobre su indudable atractivo físico.

—Hoy es el día de San Valentín, Alexander —al ver que el cazador de sombras no comprendía, y no porque no supiera quién ni qué era la festividad, sino que estaba seguro que nunca lo festejó y eso le producía un inmenso placer.

Pues bien, eso iba a cambiar, él le demostraría cómo festejar ese día.

—Tengo una reservación para los dos en uno de los restaurantes más populares de la ciudad —informó a su despistado novio.

—Para nosotros... ¿En uno de esos lugares dónde van los mundanos?

Magnus soltó una pequeña risa.

—Sí, vamos a festejar como dos simples mundanos en un día dedicado al amor, cenando una deliciosa comida italiana. Caminaremos por Central Park y después terminaremos la noche con una velada romántica en mi loft para beber un delicioso vino Scharzhofberger Trockenbeerenauslese frente a la chimenea —relató lo que tenía preparado con una sugerente voz y una gran sonrisa.

—Al amor... —fue lo único que al parecer Alexander había prestado atención. Alexander estaba conmocionado y eso solo avivaba el sentimiento que crecía cada vez más dentro de él por el cazador que lo había cazado.

— ¡Claro! —Al ver que no reaccionaba, se preguntó qué tan bueno era presionarlo a hacer algo tan simple como tener una cita en San Valentín, intentó que la decepción no se colara en su rostro, así que forzó una sonrisa despreocupada— pero si no deseas...

— ¡Sí, deseo! —Casi gritó Alec su respuesta y miró a otro lado.

—Bien, me alegra; entonces caminemos juntos, el lugar está a unas calles de aquí —acordó Magnus complacido de que finalmente aceptara.

En silencio, ambos caminaron juntos y después de unos cuantos metros, Alexander habló con voz pausada.

—Magnus, siento mucho no entender algunas cosas... pero, ¿por qué tenemos que cenar en un lugar público? No pienses que me avergüenzo de que nos vean, ya no, es solo que no entiendo la razón.

Magnus miró hacia el cielo y suspiró bajo y lento, ellos seguían caminando despacio mientras las demás personas pasaban charlando metidos en sus propios mundos. Para responderle, se tomó un poco de tiempo porque deseaba expresar lo que deseaba esa noche y quería que él lo entendiera y no pusiera objeciones.

Al menos, eso esperaba.

—Por una noche, me gustaría olvidar el mundo de las sombras —se sinceró—. Quiero solo pasar un buen rato con el chico que me gusta y olvidar, al menos por unas horas, todos los problemas que nos rodean —la voz de Magnus era baja, cansada y odió que se le escuchara de ese modo.

Cuando pensó que Alexander no diría nada y que no iba a aceptar lo que había planificado desde hacía unas semanas, Alec, habló con voz tranquila, segura y sus palabras calaron en él profundamente.

—Los problemas, Magnus, sabes que no desaparecerán por intentar no pensar en ellos; aun así, podemos tener una pausa para, como dicen los mundanos, recargar baterías y pasar un tiempo de calidad, juntos.

Magnus todavía no terminaba de procesar las palabras de Alexander cuando dio un pequeño respingo al sentir la cálida mano de él tomando la suya y sujetarla fuerte, cuando lo miró algo asombrado, él le sonreía y sus hermosos ojos azules brillaban en la noche.

—Esta noche seremos dos simples mundanos pasando el rato en una cita. Después ya volveremos a la cruda realidad, juntos —añadió Alexander con una pequeña sonrisa en su rostro.

No pudo evitar sonreír ampliamente ante esas palabras dichas con tanta intensidad que bien pudiera llorar también de la felicidad.

Sí, Magnus estaba enamorándose rápido y duro de un cazador de sombras y no podía esperar a decírselo porque sabía que Alexander estaría pronto sintiendo lo mismo por él. 

 

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Las curiosas formas del amor - Fictober 2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora