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Una joven regordeta, apareció en un restaurante con marcas de sangre bajo sus ojos, las marcas rojizas y frescas escurrían cómo lágrimas divididas en tres líneas. Gritó con el fin de pedir ayuda, pero, la muchedumbre se asustó por su apariencia, así que, en vez de socorrerla, alguien llamó a la policía, que ignoró sus plegarias de auxilio y peligro. Lloró, implorando que la ayudaran; entre sus palabras se hallaban palabras clave como: "Asesinados y hombres encapuchados." Sus vestimentas estaban hechas jirones, su cabello largo, negro con mechas rojas se revolvió y trozó por la pelea que tuvo para poder escapar, mientras, los trajes azules llegaban por ella, se dejó caer al suelo sollozando tapando su rostro con ambas manos.

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La noche anterior hubo una fiesta en casa de una amiga suya, aquel evento sólo fue para cierto número de personas, en total: cinco. Bebieron y bromearon, comieron frituras, rompieron objetos de la sala, se drogaron con marihuana y cocaína, sus amigos, que eran pareja, fueron más allá de un beso porqué llegaron al cielo y regresaron al infierno...entre jadeos y excitación.

La desconocida fue la primera en toda la fiesta que durmió, sin embargo, su embriaguez, la llevó a descansar al patio donde yacía un trampolín demasiado cómodo para el estado en el que se encontraba. Despertó porqué el rocío matutino la mojó y le dio frío; bostezó, se limpió las lagañas en sus ojos, la saliva seca de sus labios y por último, estiró los brazos hacia arriba antes de bajar de la cama elástica. La brisa matutina le dio la bienvenida con estruendo, causándole escalofríos, el alba era hermoso y el cielo nuboso, lo contempló unos segundos y se percató que la puerta blanca, que era el acceso a la cocina, estaba abierta y, en el suelo, había huellas de calzado llenos de barro y sangre; contó cinco pares de huellas de zapatos.

Asumió que eran pisadas de sus amigos, pero, al ver la sangre se alertó y, tiritando se adentró estrepitosamente a la cocina. Ahí, reinaba un silencio sepulcral que le erizó los vellos de la nuca. Recorrió el pequeño pasillo de la cocina, vio manos pintadas en las puertas de la alacena, se sobresaltó; su respiración se entrecortó y al oír un chasquido, viró hacia abajo, estaba encima de un charco de sangre. No pudo contener el grito agudo que le desgarró la garganta. El líquido carmesí pertenecía a la anfitriona de la casa, pues, su cabello rubio, se empapó de sangre proveniente de la herida en su cabeza; aterrorizada y con lágrimas en los ojos, siguió caminando, en toda la casa encontró rastros de sangre y los cuerpos de sus amigos mutilados en el suelo, estaban sin vida y no sabía la razón.

— ¡Es una pesadilla —, gritaba y lloraba. — ¡Esto no puede estar pasando!

Salió por dónde entró, desesperada y llorando; afuera le esperaban cinco sujetos con sudaderas y capuchas negras, su rostro no se distinguía, en el lugar de la cara era oscuridad. Ahogó un grito cuando la tomaron presa. Sintió el olor de la muerte y el deseo terrible de morir en ese momento, pensó en el peor final para su vida a plena luz del día, aunque con un cuchillo marcaron su rostro por debajo de los ojos en tres líneas, suplicó por su vida. Y vivió para correr al restaurante dónde pidió ayuda, aunque, nadie le creyó, ni los policías, toda evidencia encontrada en la casa, la culpaba a ella.  

DesconocidaWhere stories live. Discover now