Boda: Lo elemental del amor (Johnlock)

Comenzar desde el principio

¿Tal vez, se dio cuenta de que no lo amaba?

No, ya se lo hubiera dicho, pero también cabe la posibilidad de que no lo hiciera porque ambos habían pasado por mucho. Primero para pasar de ser solo dos conocidos que compartían vivienda a ser amigos, después colegas y finalmente amantes. Aún recordaba el primer beso que se habían dado, uno torpe, lleno de inseguridad y miedo para luego pasar a ser uno apasionado y lleno de lujuria. Su primera vez juntos teniendo sexo, fue mucho más explosivo.

Esa primera mañana que ambos despertaron juntos, desnudos y agitados con el deseo en la piel de seguir, jamás lo olvidaría. Sherlock no había sido tímido en nada, tampoco había sido recatado con todo lo que hicieron gustándole todavía más que aceptaba intercambiar roles en el sexo, eso fue magnifico.

El sonido de la puerta lo hizo alzar la mirada para ver que quien entraba era su amante mirándolo fijamente, en ese momento supo que algo sucedía.

—No estabas esta mañana en la cama.

—No estabas en la cama cuando he vuelto —respondió Sherlock cómo si el culpable hubiera sido él.

—Ya son varias mañanas en que despierto y no estas. Te desapareces y estas distante, ¿sucede algo, Sherlock?

Vio como el aludido entraba al salón, se detenía en la chimenea y se miraba al espejo simulando arreglarse los rizos que estaban, como siempre, despeinados.

—He tenido algunas cosas que hacer.

—Durante gran parte del tiempo... ¿Algún caso nuevo del que no me hayas platicado?

Sherlock volteó a verlo y sonrió con esa típica expresión que le decía que algo estaba ocultando, pero odiaba no poder leerlo como él leía a todos. Estaba parado en una pose algo extraña para él, apoyado en la chimenea.

Odiaba que su pusiera misterioso.

—No, pero bien puede ser uno.

Y sin decir nada más fue a sentarse en el sillón frente a él y comenzó a mirar a todos lados sin mencionar nada más.

John que no estaba con ganas de deducir ni de descubrir que rayos le pasaba a su amante, decidió coger el periódico y ahora sí leerlo. No supo bien cuanto tiempo leyó, pero ya había avanzado varias páginas cuando escuchó a Sherlock hablar.

— ¿Has visto que brilloso está el espejo?

Acostumbrado a sus preguntas con sentido solo para él, respondió afirmativamente sin mirar el objeto de la plática ni darle mayor importancia y sin haberse dado cuenta real en algún momento, si fuera cierto o no que el espejo estaba bien limpio. En un lapso de varios minutos y con intervalos casi metódicos, Sherlock iba haciendo preguntas extrañas sobre la chimenea, libros y demás cosas que estaban sobre ella y eso ya comenzaban a llamarle la atención.

Sherlock no daba puntada sin hilo.

Dejó el diario a un lado y lo quedó mirando.

—Sherlock, sueles ser directo y descarnadamente sincero cuando tienes algo en mente o quieres algo. Así que por favor, deja de verme la cara de idiota y dime qué jodida cosa tramas.

John sonrió cuando vio a Sherlock ya sin la máscara inocente y mostrando la impaciencia que lo caracterizaba, se paró y fue hacia él para levantarlo y jalarlo hasta quedar justo parado frente al cráneo que estaba adornando la chimenea.

—Sé que sueles ser idiota, pero hoy lo eres mucho más, John. Ahora, dime ¿qué respondes?

— ¿Qué respondo a qué? —John ahora estaba demasiado confundido como incluso para ofenderse por los acostumbrados exabruptos de su amante.

Las curiosas formas del amor - Fictober 2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora