Cinco

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Dana se sorprendió cuando vio por primera vez la casa a la que se dirigían. En realidad, estaba así desde que tomaron la ruta por la que viajaban, tardaron poco en salir de la ciudad y entrar a un camino de tierra. Desde luego, la motocicleta fue de gran ayuda, era como si estuviese hecha para andar por este lugar.

Incluso el aroma del aire cambió, dejando atrás la polución. Luego de viajar por varios minutos, ellos pasaron por un portón abierto que los invitó a una vieja casa, la construcción de una época en la cual la pintura no lograba sostenerse por mucho tiempo de las paredes. De todas formas, el lugar tenía un atractivo peculiar: las gruesas columnas le daban un aspecto imponente.

Jacob se detuvo junto a un pequeño puente que separa a una pileta vacía de la puerta principal de la casa, luego apagó el motor su motocicleta. Él esperó a que Dana encuentre la forma de bajar, y luego la siguió, observando con admiración a la mujer que podía crear fuego con las manos, ella tenía un atractivo femenino curvilíneo, parecía estar fuera de estado físico y eso la hacía ver aún más atractiva.

"¿Este es el lugar del que me hablaste?" ella preguntó.

"Mi humilde morada," dijo Jacob, luego de quitarse el casco. "Por cierto, ¿cuál dijiste que era tu nombre?"

"No lo he dicho."

"Bueno, sígueme," dijo Jacob, dejando a su motocicleta sostenida por la pata. "No es mucho, pero te puede servir si necesitas un lugar donde dormir."

Al abrir la puerta se notó que la casa era de un hombre soltero. El interior era desorganizado y sin decoración, pero estaba lleno de diferentes equipos deportivos. Ellos siguieron caminando sin hacer preguntas. Sin embargo, Jacob no podía dejar de pensar en el nombre de la hechicera, pero intentaba ocultar su frustración. Después de todo, él no sabía si era correcto sentirse así.

Para Jacob los sentimientos eran difíciles de comprender, una serie de explosiones químicas sin una herramienta para convertirlas en ideas, para él era complicado discernir entre angustias y felicidades. Eso lo hacía diferente, y era la razón por la que prefería estar solo, lejos de la confusión de no ser capaz de entender a los demás. Y por eso, notó que podia ser normal para ella no querer decir su nombre.

"Bueno, chica del dragón," dijo Jacob. "Por aquí tienes la cocina, eso sí te pido, deja todo en su lugar luego de usar."

Dana asintió con la cabeza. Ella se sorprendió de la decoración. Esto no puede ser trabajo de él, incluso esos pequeños platos de porcelana contra la pared. Ella sintió un frío que no pudo de comprender.

"Por acá están las recámaras," dijo Jacob, pasando junto a ella al salir de la cocina.

Una delgada grada de madera conectaba la planta baja con el subsuelo. Dana no esperaba encontrarse con la luz del sol brillando a través de una puerta de cristal al bajar.

"Este es tu cuarto," él dijo, señalando a la primera puerta de madera a la derecha.

La casa estaba construida en una pendiente, lo cual hacía que la planta principal y el sótano tengan ventanas al exterior. De los cuatro cuartos, Jacob utilizaba uno adyacente al de Dana, los otros eran una bodega, un armario, y un baño respectivamente.

"¿Todo esto es tuyo?" ella preguntó.

"De mi padre," él respondió. "Que en paz descanse."

"Lo siento."

"Fue hace mucho tiempo."

"Bueno y tú," dijo Dana. "¿Qué haces para vivir?"

"Sígueme te muestro."

Los dos volvieron a subir por las gradas de madera al primer piso y llegaron a un cuarto al costado de la entrada principal de la casa. La puerta de madera estaba cerrada, Jacob sacó su llavero del bolsillo, e introdujo un delgado tubo de metal plateado en un pequeño agujero. Luego de realizar una serie de movimientos aleatorios, aparentemente luchando con la cerradura. "Listo," él dijo y abrió la puerta.

En el interior encontraron un pequeño cuarto con una escalera al segundo piso. Ellos subieron para encontrarse con el estudio de un pintor, cientos de cuadros regados por todas partes, trípodes, pinceles, mesas, el lugar estaba repleto.

"Mira," dijo Jacob. "Te indico mi último trabajo."

Él llegó a un cuadro cubierto por una manta blanca y la removió. La líneas y los puntos negros sobre el papel no parecen tener un orden aparente, sin embargo, la figura que creaban era fácil de entender, aunque uno no puede estar seguro de lo que es. Era una obra de arte única y ella no podía dejar de mirarla.

"¿Haces estas cosas?" ella preguntó. "¿Pero, de qué vives?"

Jacob asintió con la cabeza. "Las vendo, por supuesto."

"¿Y puedes vivir vendiendo esto?"

"Te sorprendería la cantidad de personas que disfrutan mis trabajos."

"Interesante," ella dijo, arreglándose el cabello. "El nombre es Dana, por cierto."

"Es un gusto conocerte, Dana," dijo Jacob, mirando directamente a los ojos verdes de la mujer.

"¿Bueno, y cómo hago para salir de aquí?"

"Tengo que ir a la ciudad a comprar algunas cosas. Si quieres podemos ir juntos."

"Claro, eso estaría bien."

"Espérame aquí," dijo Jacob. "Ya regreso."

Dana se quedó sola entre las obras de Jacob, cientos de dibujos regados por todas partes. Algunos parecían tener menos importancia que otros, pero se notaba el mismo estilo. Era como si él aceptó ser bueno para algo y se dedicó a lo mismo. Pero, ella debía asegurarse de no ser encontrada, y recordó un conjuro.

No le tomó mucho tiempo encontrar la página en el libro, cuando notó que su dragón volaba alrededor de los cuadros, dejando atrás una línea de luz como un cometa. Ella no prestó mucha atención a su compañero y continuó realizando el conjuro, sin esperar que una ráfaga de aire se genere alrededor de ella y levanté los lienzos de todo el cuarto.

Una vez terminado el conjuro, una esfera de luz empezó a crecer frente a ella hasta que fue tan grande que salió del cuarto, y siguió creciendo hasta cubrir a toda la casa. Enseguida, los lienzos cayeron al piso por toda la habitación, así que ella empezó un nuevo conjuro, uno que la ayude a poner todo en orden.

Jacob subió las gradas para verla en medio de la habitación, mientras ella movía las manos, y con los ojos cerrados, parecía poner todo en su lugar. "¿Qué estás haciendo?"

Una vez terminado su trabajo, el cuarto se veía más limpio y organizado que antes. Los cuadros parecían decoraciones de un museo listo para atender al público. "Hice un conjuro de protección."

Él se veía confundido. "Estoy listo."

Dana esperó a que su dragón regrese al bolso antes de seguirlo.

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