CAPITULO 13

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Los hombres sobre la mesa hablaban

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Los hombres sobre la mesa hablaban. Discutían sobre el proyecto de inversión en Inglaterra y la enorme ganancia que obtendrían dentro de sus bolsillos. Era un proyecto ambicioso para la compañía. Brais en cambio, había perdido el rumbo de la conversación desde hace minutos. Para el, solo había algo importante que merecía su atención, algo demasiado dulce y tentador; La señorita Campbell. La observaba riendo discretamente con Gustavo, ambos de pie sobre la puerta. Hoy en partículas se veía esplendorosa. Falda ceñida, con una blusa sin magas y escote que daba volumen a las montañas que se resguardaban dentro. Y ese moño alto desalineado, dejaba su delgado cuello expuesto, mostraba la perfección de su rostro, terso y claro.

Su sonrisa tímida, mostraba que algo íntimo compartía con su empleado. Intuyo que él era la causa, la furtiva mirada que ella le dio, terminando por morderse el labio inferior, la delataba. Un labio que jodidamente moría por morder el mismo. Lamio su labio inferior recordando el sabor que los suyos había dejado. Quería volver a probarle.

« ¡Diablos!» No había podido sacarla de su cabeza, por más que su deseo y ansias terminaba en el cuerpo de otra mujer, pasando noches saciándose sin encontrar sosiego. Ella aún seguía dominando su pensamiento, su recuerdo. Incluso se estaba plagando en sus sueños. Recordaba cada fracción de su perfilado rostro sin problema. Eso le asustaba. ¿Cómo era que a ella si le podía recordar? Cada día, aunque no quería admitirlo, deseaba con fervor hundirse en el interior de ese dulce y virginal cuerpo.

Le llamada asediarla, así como el narcótico a la adicción.

Quería poseerla, quería saber su olor y el sabor de su piel. Deseaba escuchar sus gemidos en la cama y saber cuánto podía soportar.

Ninguna vez se obsesiono con un cuerpo de mujer, no tanto como lo estaba de esa inocente mujercita. La observaba siempre con fervientes ganas de lanzarla sobre una cama y hacerla suya.

Odiaba la idea de saber que habían otros ojos interesados, admirándole, deseándole, queriendo probar algo que el también deseaba. Pensar en el rubio inglés y la manera en que el tipo le miro, le había hecho ponerse furioso, incluso en ese momento lo hacía. Fue tanto su rabia que quiso tomarlo por el cuello y sacarle los ojos, que jamás pudiera verle de nuevo. No iba a permitir que ningún estúpido le quitara su ingenuidad así como así.

TÚ CARICIA EN MÍ © +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora