Capítulo 16

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Fiesta de tronos.

Slien, Alemania.
17 de Septiembre, 2019.

Dagna Zweig

El frío era demasiado intenso como para desear el fuego y morir en la primer llama. Ya no podía más, quería olvidar esos colores, pero seguían ahí, y cada vez pintaban sobre el lienzo con más densidad.

Abrazando mis rodillas me acuné hacia los lados, mi cuerpo no paraba de temblar y mi respiración estaba descontrolada.

—¡Nos mentiste Meyer! — mamá le gritó furiosa a papá. Podía oír sus gritos con claridad desde la bañera —. ¿Por qué la obligas a hacer cosas extrañas? Estás acabando con ella.

—Ese chico es el único causante de éste desastre — la voz de papá me asustó, nunca lo había escuchado tan enfadado, aquel tono dulce y protector había desaparecido —. No quiero volver a verlo, o juro que...

—¿Ahora si te importa nuestra hija? ¿Quieres protegerla de tú propio demonio?

—Gala, por favor.

—¡Ustedes están enfermos Meyer! — mamá exclamó entre lágrimas.

Gotas de desastre, pensé.

Me puse de pie y sequé mis lágrimas, dejé caer la toalla que cubría mi piel y me metí a la bañera. El agua después de diez minutos estaba en el perfecto estado para olvidar. Vi como el teléfono vibraba por largos minutos pero no quise levantarme.

Sólo quería encontrarla.

A ella.

Cerré los ojos y acaricié lo último que me quedó de Bress. El collar.

No quiero que vuelvas a verla — me dijo Bress aquella noche, mi cabeza descansaba en su pecho mientras sus brazos rodeaban mi cuerpo —. No más encuentros con Kerstin.

—Estás loco — le dije con una sonrisa, acariciando su barbilla —. Kerstin realmente es mi amiga, tal vez la mejor que he tenido.

— Últimamente hablas mucho de ella — no entendí a donde quería llegar Bress con la conversación, pero dejé de sonreírle y lo miré seria.

—¿Por qué te cae tan mal? — me separé de él confundía.

—Ella está cambiándote — la manera en que Bress me respondió me disgustó—. No quiero que sigas...

—Tú no tienes poder sobre mí — supe en ese instante, que el momento del que Kerstin me había advertido estaba llegando. Así que actué de lo más normal e intenté calmarme —. Es lindo que te preocupes por mí...

—Lo hago aún cuando sé que soy el qué más podrá herirte.

—¿Qué? — me acomodé en la cama y lo observé atenta.

—No estoy enamorado de ti Deig — confesó apenado mirándome a los ojos —. Alguien ha estado usándome de maravilla, y soy un tarado que se deja llevar.

Mi respiración se volvió más profunda y rápida de lo normal.

—No quiero creerte — la voz se me quebrantó.

—Quisiera ser sincero en toda la totalidad, pero no puedo explicarlo, arruinaría muchas cosas que en verdad me importan.

—¿Es una apuesta? ¿Cuanto te darán por ser un cretino?

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora