Capítulo 13 - Mensajes codificados (En edición)

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Recuerdo aquel examen de matemática, fue tan complicado. Había comenzado a estudiar dos semanas antes. Sacrificando, incluso, tiempo de estudio de otros exámenes.

Siempre fui una chica de letras en vez de una chica de números. Aún así, nunca había perdido ningún examen de matemática, ni de química, ni de física, para resumir, nunca perdí ni un solo examen.

Pero aquel examen era más complicado que los que había dado años atrás. Era el doble de difícil.

William, por su parte estaba gozando de su último año de preparatoria, y burlándose de los menores que aun tenían al menos un año más aquí.

Pero su madre lo había obligado a ayudarme a estudiar, ya que él si era un chico de números. En contrario a mi, le costaba tanto historia como filosofía, había perdido en dos ocasiones unos finales, pero los había saldado en verano.

Estudiábamos en la cafetería Italiana "Bere Molti Caffè", que significa 'beba mucho café'.

Recuerdo bien esa cafetería, los dueños la cerraron cuando ambos abandonamos la ciudad. Nuestros recuerdos deberían de haber muerto con el lugar, pero si me concentro, aún puedo escuchar a la familia dueña de la cafetería hablar italiano y oler aquel peculiar aroma a café en grano.

William no había estudiado conmigo, como le había dicho a su madre, se había ido con la primer chica de falda corta que se cruzó por enfrente.

Se había alejado de mí y se había sentado a unas cuatro mesas de distancia con cinco chicas de la preparatoria Litwoodhigh, la escuela hermana de la nuestra.

Había vuelto a mi lado con una sonrisa que solo él tiene, aquella sonrisa llena de luz y... para resumir la descripción siempre creí que su sonrisa era especial. Solo él tenía el poder de sonreír y hacer que mis rodillas temblaran.

Mi inocencia por un momento, me había hecho creer que el volvería y me ayudaría con matemática como Deborah creía que estaba haciendo.

Pero no. Pero claro que no. Yo no era lo suficientemente importante para él, en auqella época. ¿A quién engaño? No creo haber sido importante para él nunca. Ni cuando él me lo decía.

Éramos mejores amigos por su conveniencia, un mejor amigo no te trata como él me trataba a mí.

Y como debería haberme imaginado, había venido a pedirme dinero. Cómo colocó esos ojos y esa sonrisa de aquella forma, no pude resistirme.

Solo tenía un billete de cincuenta dólares, a parte de uno de veinte que lo usaría para pagar mi café de aquel día.

Y le "preste" cincuenta dólares. Ese dinero era mi dinero para todo el mes restante. Y aquel mes me tuve que arreglar con mis ahorros, que no eran muchos, debía admitir.

- Gracias, Molly. Eres la mejor- había dicho.

Y como toda adolescente boba enamorada me derretí ante sus palabras y encantos.

Gastó todo mi dinero del mes, en cosas para las cinco chicas de la preparatoria Litwoodhigh...

No quiero contar todas las situaciones donde acabé prestándole mucho dinero a William. Pero, en resumidas cuentas, sí, me debe mucho dinero.

Y ahora su abogado venía a decirme que todo el dinero de William era, no solo de William, también era mío.

Podría hacer algunos cálculos de lo que me debía y cobrárselo. Pero yo no soy esa clase de persona.

Todo con respecto a esa época debe de quedar atrás y olvidado. Así que mi respuesta ante el ofrecimiento del abogado fue negar rotundamente.

Cuando el hombre estaba a punto de marcharse Diego junto con Sandy aparecieron riendo.

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