Recuerdos

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Esa mañana, Kenshin se levantó muy temprano. En sus sueños había visto un rostro casi olvidado en sus recuerdos, pero que no pudo reconocer. Se sentó a esperar que el sol entrara a su habitación, mientras meditaba en las borrosas imágenes que le habían visitado. Sabía que sus sueños relacionados con su pasado sangriento eran un mensaje imposible de ignorar y el tiempo le había dado la razón. Esperar, era lo único que le quedaba por hacer.

 Esperar, era lo único que le quedaba por hacer

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La hora del desayuno llegó pronto. Sanosuke jugaba con las niñas fuera de la casa, mientras Kaoru y Yahiko preparaban la comida. Kenshin se sentó pensativo frente a la mesita donde esperaban los panes de arroz, intentando descifrar el misterio de su sueño, pero fue interrumpido por Kaoru, quien, con la más amplia de sus sonrisas, lo invitaba a comer. Los ojos y la sonrisa de la joven sobresaltaron a Kenshin, quien se quedó unos segundos mirándola fijamente. Kaoru se asustó.

—¿Pasa algo malo, Kenshin? —las palabras de ella lo regresaron a la realidad.
—¡No! No pasa nada, no te preocupes, Kaoru —movió las manos y sonrió confundido, para desviar la atención de ella. La joven asintió y luego llamó a grandes voces a Sanosuke y las niñas. Kenshin la miró extrañado, porque ella había despertado otra parte más de su pasado que le ayudaría a revelar el mensaje del sueño.

El día transcurrió como todos, pero algo en el ambiente perturbaba a Kenshin. La brisa jugó con sus cabellos, y el rostro desdibujado de la noche anterior lo asaltó otra vez. El desasosiego lo obligó a sentarse a meditar. Ni siquiera los gritos de Sanosuke mientras perseguía a Yahiko, lo sacaron de su concentración. Sansa El Guerrero lo miró extrañado. Sabía que aquel samurai errante era muy callado, pero su mutismo había llegado a extremos muy altos ese día. Yahiko hacía muecas a Sanosuke desde el otro lado del patio. Más tarde le preguntaría a ese muchacho qué le sucedía. "Tal vez está pensando con cual de las chicas sería mejor quedarse", pensó risueño, recordando las escenas de celos que Kaoru y Megumi protagonizaban cada vez que se encontraban. Siguió persiguiendo a Yahiko.


La noche cayó sobre la ciudad. La brisa de media tarde se había transformado en fuertes ráfagas y las hojas de los árboles golpeaban las paredes de la casa. Kenshin no podía dormir. Temía que la pesadilla de la noche anterior volviera, que los recuerdos de su vida como Battousai regresaran a perturbarlo. Un fuerte perfume llegó hasta él, pero no pudo levantarse para averiguar su procedencia. Su cuerpo se relajó, sus ojos se cerraron sin poder él evitarlo.

            La luz del sol despertó a todos los que dormían bajo el techo del dojo Kamiya

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La luz del sol despertó a todos los que dormían bajo el techo del dojo Kamiya. Kenshin escuchó en su oscuridad personal las risas de Ayame y Susume, quienes correteaban por los pasillos de la casa.

—Buenos días —las saludó. Ellas lo miraron divertidas.
—Kenshin, ¿qué es esto? —Ayame tenía en sus manos un pequeño sobre que encontró junto a la almohada. Lo tendió a Kenshin.
—Parece una carta —comentó Susume. Escucharon a Kaoru llamándolas—. Vamos, Ayame, el desayuno está listo. Apúrate, Kenshin, o Sanosuke se comerá todo —las niñas salieron de la habitación, dejándolo solo. Kenshin miró el sobre. Solo tenía escrito su nombre en fina caligrafía. En un momento pensó en Megumi, e incluso en Kaoru, pero al abrirlo, no supo qué creer. Junto con el mensaje escrito, varios pétalos de rosa roja frescos cayeron, llenando de perfume la habitación.

"Kenshin:

Ven al medio día a la entrada del bosque.

Una rosa del pasado."

Un amor del pasado (fanfic Rurouni Kenshin)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora