Capítulo 46

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Un alma libre

La Perla de Shikon se levantó como si nada hubiera pasado, sosteniendo la joya en sus manos como la cosa más delicada que pudiera existir en la tierra.

Kagome y Sesshomaru se alejaron un poco de la mujer, manteniendo su guardia en alto. La mujer levantó la perla hacia el cielo con una sonrisa.

-Kagome, Kagome, en la perla de shikon entraras y la oscuridad te consumirá- Cantó viendo a su víctima con anhelo.

.....

El híbrido caminó hacía la mansión para entrar como si fuera su casa, prácticamente, lo era. La mansión se encontraba en silencio, pero él podía escuchar un corazón latiendo cerca de allí.

-¿Kagome?- Preguntó yendo hacía esa dirección. No era su olor, pero su olfato no funcionaba como debía por ahora.

-¿Qué?, ¿Quién...?- El otro híbrido apareció en el pasillo, viendo al recién llegado incrédulo- ¡¿Cómo demonios estas vivo?!- No pudo evitar gritar. Cualquier clase de brujería lo asustaba desde la era feudal.

-Tuve un viaje ancestral con un unicornio volador que hablaba. Él me ayudó a revivir mágicamente con su vómito de arcoiris- Inuyasha volvió a odiarlo de un segundo a otro al recordar su sarcasmo y humor- Lo llame Ted- Continuó, pero Inuyasha lo interrumpió.

-Esta bien, ya entendí que no sabes como estas aquí- Lo escaneó, notando algo que ambos pasaron por alto- Estas desnudo- Le dijo con el ceño fruncido. Naraku al escucharlo se miró a si mismo con sorpresa.

-Vaya, al parecer a Ted no le dio tiempo de crearme algo de ropa- Siguió bromeando, observando como Inuyasha huía sonrojado.

-Te buscare algo de ropa- Naraku río al comenzar a perseguirlo.

-¿Te incómodo, perrito?- El híbrido lo ignoró- No huyas, amor. Estoy aquí para darte cariño con mi hombría- Imitó una voz femenina. Inuyasha hartó de su comportamiento, decidió decírselo de una vez por todas.

-Debes cambiarte para ir por Elizabeth. Esta en peligro- La sonrisa de Naraku desapareció.

-¿El Animalito?- Su expresión cambio a una completamente seria.

.....

Elizabeth se sintió sola. Estuvo caminando por un largo tiempo, sin embargo no encontró nada. Tal como le había dicho la ilusión de Naraku. No tenía a nadie.

"¡No! No te rindas. Mamá y papá te esperan allá afuera. ¡Debes ser fuerte por ellos!" Se animó a si mismo golpeando sus mejillas. Aunque sus pies dolieran, siguió su camino. "No te detengas, hazlo por ellos."

.....

Tiempo después, el híbrido corrió hacía donde los estruendos se escuchaban cuando piso ese territorio donde había una casa destruida. Su corazón estaba acelerado, no sólo porque corría, sino que también estaba ansioso por verla de nuevo. Sin embargo, una parte de él sabía que temía perderla tal como le dijo Inuyasha.

Cuando llegó al caos, vio la escena sorprendido, pero sin dudar gritó lo primero que se le vino a la cabeza para intervenir. Él la llamó con uno de los apodos que ella más amaba escuchar, ese fue el primer apodo que él le puso cuando la conoció.

-¡Criaturita!- Gritó llamando la atención de todos los presentes.

La perla lo miró con el ceño fruncido. Él debía estar muerto, quería que este muerto, sin embargo cuando quiso ir contra él también, algo dentro de ella se rompió.

.....

El poder que tenía sobre la niña fue decayendo, estaba perdiendo el control de ella una vez más por ese híbrido entrometido.

-¿Naraku?- Escuchó su voz desde la profunda oscuridad en la que se encontraba- Estas bien- Sollozó mientras que todo a su alrededor comenzaba a colapsar.

.....

La perla cayó de rodillas cuando las lágrimas comenzaron a fluir sin que ella se lo permita. Cuando eso pasó, Kagome miró a Sesshomaru dándole la señal de que era hora.

La sacerdotisa levantó su arco y flecha creado con su energía para apuntar hacía la joya que aún flotaba en el aire.

-Lo siento- Susurró cuando soltó la flecha dirigida hacía aquella perla. Cuando la flecha hizo contacto con la joya, está brillo al purificarse y se rompió en mil pedazos segundos después. Los fragmentos antes de tocar el suelo, desaparecieron de la nada.

-¡¿Qué haz hecho?!- Gritó la perla hacia ellos con rabia.

-Lo que debimos hacer hace mucho tiempo- Respondió Sesshomaru al levantar su espada.

-¡No!- Gritó Naraku al darse cuenta de lo que el daiyokai estaba apunto de hacer. Su grito desesperado no lo detuvó.

El daiyokai sin alguna compasión la cortó en el medio con su espada del infamundo. Poco a poco, la joven volvió a la normalidad mientras veía su mano ensangrentada. La cálida mirada de Elizabeth había vuelto.

-Sabía que me estaban esperando...- Les sonrió a sus padres con dulzura, antes de caer, pero fue atrapada por el híbrido antes de tocar el suelo.

-Criaturita, no te mueras, por favor- Suplicó entre lágrimas. Era la primera vez que lloraba en mucho tiempo- No me dejes- Sollozó sin creerlo.

La sacerdotisa, al igual que el daiyokai no sabían que hacer. Estaban en un trance que evitaba su reacción o conmoción. Ellos habían matado a su propia hija. Era su culpa.

-Somos unos monstruos- Miró a su esposo llorando- Nosotros siempre fuimos los monstruos aquí- Sesshomaru la abrazó, escondiendo su mirada en su pecho para evitar que siga viendo la dolorosa escena.

-Nuestra princesa ahora es libre- Se le notó fuerte por fuera, pero por dentro todo su mundo había caído con Elizabeth.

-Soy... libre...- Susurró antes de que su corazón deje de latir. Sus ojos se mantuvieron abiertos, así que con todo el dolor del mundo, Naraku se los cerró.

-Si, eres libre, Elizabeth- A ella le hubiera gustado escuchar su nombre salir de sus labios.

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-Eliset.

-Eliset

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Protector demoníaco |Sesshome|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora