Capítulo 43

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Demoníaco

Elizabeth apoyó su cabeza en el regazo del híbrido para observarlo desde abajo. Le gustaba poder volver a verlo como si estuviera allí.

-Eres la perla, ¿Verdad?- Preguntó sin expresión alguna, acariciando la mejilla de esa hermosa ilusión.

-¿Eso te molesta?- La mujer negó con la cabeza, su mirada se veía triste, pero no volvió a llorar.

-No. Eres lo más cercano a Naraku desde que murió. Jamás me molestaría volverlo a ver aunque sea en una ilusión- La perla le sonrió.

-Si quieres puedo ser él por siempre- Acercó sus rostros, estando a centímetros de distancia.

-Los sueños tarde o temprano se acaban- Giró la cabeza, negando el beso que la perla quería darle.

-Tienes razón- Mordió el interior de su boca con enojo, lastimandose a si mismo. Odiaba no poder controlar a Elizabeth completamente, sin embargo, por ahora era toda suya, y ella no estaba enterada de lo que sucedía a su alrededor.

......

Elizabeth paseó por la mansión, o mejor dicho, la perla lo hizo. Observó cada rincón de aquel lugar, siendo seguida por Byakuya y Kagura en silencio, ellos no podían hacer nada para negarse ante alguna petición de la perla.

-¿Puedo saber que tanto observas?- La perla se volteó a verla con su característica seriedad.

-Quiero que todos los guardias se retiren, no quiero a nadie aquí excepto nosotros. Y dejen las puertas abiertas. Las cámaras y alarmas de seguridad serán desconectadas- Kagura entró en pánico.

-¡¿Qué?! No podemos hacer eso. Seremos el blanco de todos nuestros enemigos- La perla chasqueo la lengua al estar desacuerdo.

-De todos no. Sólo de uno- Volvió a girarse para seguir inspeccionando la casa- Sesshomaru está en mi lista- Kagura fruncio el ceño al escuchar que le decía por su nombre.

-¿Esta en tu lista, Elizabeth, o en la lista de la perla?- Sospechó con interés.

-Ya no hables- Sonó amenazante, esquivando la pregunta. Kagura suspiró y decidió dar un paso atrás con su curiosidad, pero ya sabía algo, y era que el odio que iba hacía Sesshomaru, no era realmente de su hija.

Kagura miró a Byakuya mientras volvían a caminar. Su mirada aún seguía opaca, y no había dicho palabra alguna a no ser que la perla se lo pida. La yokai no sabía que le había hecho al hombre, pero lo que si sabía era que tenía que acatar sus órdenes si no quería terminar como él.

......

Sesshomaru apagó el motor cuando estuvieron fuera de la gran casa refugiada. Luego suspiró, mirando a su esposa que se sacaba el cinturón de seguridad con prisa e intentaba bajarse sin decir nada.

-Espera- Pidió agarrandola de la muñeca- Deberías quedarte en el auto- Ella lo miró con furia.

-¡No me pidas algo así!- Le gritó con los ojos llorosos- Es Elizabeth, nuestra pequeña. No me quedaré en el auto- Se negó rotundamente, tratando de salir a la fuerza, así que Sesshomaru no tuvo más opción.

-Lo harás- Golpeó su nuca, justo en ese lugar en específico donde te desmaya por un tiempo. La sacerdotisa sin poder evitarlo se durmió al instante, jurando que ese daiyokai se las pagaría luego.

Sesshomaru tuvo la delicadeza de acomodarla en su asiento y observarla unos segundos, antes de tomar sus espadas y salir del auto con la seguridad de que volvería con vida por ella.

Cuando dio un paso dentro del jardín de la mansión, notó que no sabía absolutamente nadie. Todo estaba en un silencio inquietante. Al entrar en la mansión sin inconvenientes y seguir viendo todo vacío, sus sospechas fueron certeras. Ellos ya lo esperaban.

Al escuchar un ruido detrás suyo, lo primero que hizo fue tronar sus nudillos, estando listo para la pelea. Cuando volteó, su mirada dorada se encontró con los ojos negros de su enemigo.

-Creí no volver a enfrentarme con un ser despreciable como tú- Su aura demoníaca aumentó al sacar su látigo venenoso.

-Culpa a tu hija- El yokai dijo sin expresión alguna en su rostro. Parecía una marioneta, y al notar esto, Sesshomaru fruncio el ceño.

-¿En donde está ella?- Byakuya sonrió, aún así era una sonrisa vacía y aterradora.

-Dijo que debes matarte para llegar a ella- Se escuchó como si estuviera bromeando, aunque no fuera así.

-Que así sea- Su látigo no dudo en ir contra el hombre.

......

Kagome se removió incómoda en su lugar cuando despertó, y al darse cuenta de lo que había pasado segundos después de reaccionar, trató de abrir la puerta del auto, sin embargo la había encerrado dentro.

¡¿Piensa que así podrá detenerme?!

Se recostó en ambos asientos y comenzó a patear varias veces el vidrio con fuerza hasta que se rompió, aunque tuvo que cortarse un poco para sacar los vidrios restantes, aún así cuando salió por la ventana se cuerpo no pudo evitar cortarse en algunas partes. Luego, cayó al suelo con bruaquedad.

No me dolio. Mintió al pararse y sacudirse.

-Te ves patética- Escuchó una voz femenina delante de ella, así que levantó la mirada con el ceño fruncido.

-Nos volvemos a encontrar- Dijo con molestia la sacerdotisa, viendo como la otra mujer aguardaba su distancia.

-Si, pero esta vez puedo acabar contigo- Levantó su abatico con una sonrisa- No habrá más encuentros- Aseguró con una voz realmente cínica.

-Confio en tu palabra- Su poder espiritual se sintió en el aire. Era tan abrumador que Kagura tuvo que dar un paso atrás a pesar de ya estar lo bastante alejada de la sacerdotisa- También confía en la mía- La yokai tuvo interés.

-¿Y cual es?- Preguntó evitando la pureza que la humana desprendía.

-Te purificare hasta que ya no quede nada de ti- Sus palabras fueron tan seguras que comenzó a creerlo.

Esta familia es aterradora. Pensó la yokai sin vacilar.

......

La perla observó por la ventana a las dos mujeres que empezarían una batalla, y con su poderoso oído, escuchó la batalla que ya había comenzado con los otros dos daiyokais. Tenía los dos corazones en sus manos, y uno de ellos estaba totalmente negro, mientras que el otro aún mantenía su intacto corazón rojo.

Aunque su mirada estuviera llena de odio y rencor, su corazón aún se mantenía puro, y eso es lo que la mantenía de pie, eso es lo que no la dejaba ir más allá con la destrucción. La perla contaminada, aunque no lo pareciera, también deseaba ser libre y pura de nuevo.

......

Sesshomaru miró al hombre jadeante tirado en el suelo. Ya no era lo mismo, no tenía el mismo poder y energía de querer luchar, parecía querer terminar con todo de una vez por todas.

-Esto no acabará hasta que me mates- Río sin gracia, agarrándose el pecho al sentirse incómodo en esa área. Su corazón contaminado no lo dejaba ir- Acaba con esto- Susurró como su última voluntad. Su mente casi estaba nula- Pero antes debo saber... ¿Por qué?- Miró al daiyokai con seriedad.

-Soy su protector demoníaco- Levantó su espada del infamundo con gracia, y luego, una explosión se expandió por la mitad de la casa.

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-Eliset.

Protector demoníaco |Sesshome|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora